Historiam Tuam Sapere Aude

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Archive for the ‘Historia de Europa’ Category

En la prueba, testigos de Cristo – Documental sobre los cristianos perseguidos en la actualidad

Posted by Ignacio Cabello en 1 septiembre, 2015


“En la prueba, testigos de Cristo” es un vídeo-documental que he realizado junto a algunos amigos sobre la persecución de nuestros hermanos cristianos de Oriente Próximo –principalmente, pero no sólo–. Las vidas de miles y miles de cristianos que sufren la persecución a manos de regímenes totalitarios –como es el caso de Corea del Norte– o de organizaciones fundamentalistas islámicas -presentes en buena parte de África y de Oriente Medio-, constituyen un testimonio valiosísimo para todos nosotros. Y por ello, aunque no se trate de un tema propiamente histórico, he decidido compartirlo en esta página. A continuación dejo el enlace al vídeo en youtube y a un apéndice sobre el mismo.

En la prueba, testigos de Cristo

Apéndice en pdf

Sin título

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LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA. Las fuerzas que cambian la Historia son las mismas que cambian el corazón del hombre.

Posted by Ignacio Cabello en 2 mayo, 2015


«Españoles, Franco ha muerto». Con estas palabras se abría paso a uno de los momentos más afortunados de la Historia de España: la Transición a la democracia. Aunque el proceso de democratización española tuviera sus deficiencias y carencias, que hoy se hacen evidentes en la situación de crisis actual; podemos seguir mirando esa Transición como un referente de nuestro pasado más reciente y también como un momento que nos puede ayudar a construir el presente y el futuro, pues en ella hay elementos muy útiles para salvaguardar y volver a aprender esa estima por la identidad del otro en la que se basa la democracia……. Seguir leyendo…..o…… Ver el documental en vídeo.

VÍDEO:

PDF:

Captura

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El cómputo del tiempo en Roma

Posted by Ignacio Cabello en 13 enero, 2013


antiates¿Nunca te has preguntado de dónde viene nuestro calendario? ¿Quién se inventó los nombres de los días de la semana? ¿Por qué se llaman así? ¿Por qué el año se divide en meses? ¿De dónde provienen los nombres de los doce meses? ¿Desde cuándo el calendario es como el que tenemos hoy en día? ¿Por qué el año comienza el 1 de enero? Pues bien, en este breve post intentaré responder a estas preguntas, y para ello debemos remontarnos a la época de los romanos. Seguir leyendo

Breve historia del calendario romano

Los hombres de la antigüedad tenían una gran preocupación u obsesión, y ésta era el deseo de controlar el tiempo. Antes de la fundación de Roma e incluso antes de la destrucción de Troya, es decir, hace varios miles de años, muchas culturas antiguas utilizaban el calendario lunar para contar el tiempo. Aun así, los métodos de cada cultura o pueblo eran muy diferentes. Por ejemplo, los habitantes de Alba Longa dividían el año en 10 meses de 18 a 36 días cada uno, mientras que los de Lavinia tenían un calendario de 13 meses y 374 días.

Durante el reinado de Rómulo–primer monarca de la recién fundada ciudad de Roma– quedó establecido un calendario lunar que estaba dividido en 10 meses y que contaba con un total de 304 días. Esto ocasionaba problemas, puesto que cada año las estaciones, las tareas agrícolas y las épocas dedicadas a distintas actividades comerciales caían en distinta fecha. El desfase del calendario oficial respecto al calendario natural (es decir, el de las estaciones, etc.) era de cerca de 51 días.

Numa

El sucesor de Rómulo, Numa Pompilio se conoce por ser quien puso orden a las bases de la religión romana, y eso incluye a los calendarios, pues eran esenciales para contar el tiempo y los días de los sacrificios, los cultos y las festividades religiosas. Los romanos eran muy supersticiosos, y creían que los números impares daban más suerte que los pares, así que Numa Pompilio restó un día a cada mes de 30 días, reduciendo el número de días del calendario a 298. A los 51 días de desajuste que había antes le sumó los 6 que había quitado a los meses que antes tenían 30, y repartió esos 57 días en dos nuevos meses, Ianuarius y Februarius. El primero era de 29 días, mientras que el segundo se quedó con 28, número que, aunque traía mala suerte resultó ser apropiado para el mes de Plutón, el dios del infierno y señor de los muertos [1]. Así, el calendario romano cerraba un año lunar regular, con cuatro meses de 31 días, siete de 29 y uno de 28.

Sin embargo, pronto se dieron cuenta de que existía un ligero desajuste entre el calendario oficial y el año solar, por lo que decidieron modificar la duración del año. Februarius era un mes peculiar, puesto que constaba de dos partes, una que acababa el vigesimotercer día, denominado Terminalia, que era considerado el día que  marcaba el final del año religioso. La segunda parte del mes duraba cinco días. Para ajustar el calendario al año solar, cada cuatro años los romanos añadían entre las dos  artes de Februarius, después de la fiesta de Terminalia, un mes llamado Mensis Intercalaris, también conocido como Mercedonius. Los cinco días de Februarius  posteriores al día 23 pasaban a ser los últimos del nuevo mes, que tenía una duración total de 27 días. Como resultado se obtenía un año de 377 días (22 más que los años normales).

Antes de proseguir con la historia del calendario romano, es necesario decir que el sistema antiguo para fechar los días y los meses del año era, en muchas ocasiones, bastante impreciso. Era muy común que los pontífices –encargados de introducir los Intercalaris en el calendario– no lo hiciesen en el debido momento, adelantando o retrasando la fecha unas semanas para prolongar o acortar el servicio de oficiales, magistrados, etc. Existieron casos en la historia de Roma en que los años estiraron su duración oficial, como fue el caso de Julio César, que, por razones que luego veremos, alargó su tercer consulado (año 46 a.C.), llegando a durar 445 días. Por ello, en muchos momentos de la historia romana encontramos indeterminaciones en las fechas, o años que no encajan con los cálculos.

La culpa de que el año comience el 1 de enero es de los españoles. Sí, en algún momento tendríamos que aparecer, ¿no? Como aparece en la tabla de la página anterior, el primer mes del año romano era Martius, dedicado a Marte, el dios de la guerra. ¿Os imagináis la fiesta de fin de año entre febrero y marzo, que suele ser época de exámenes? El caso es que en el siglo II a.C. hubo que alterar la posición de dos meses. Todo ocurrió hacia el año 154 a.C. con un nuevo levantamiento de lusitanos en Hispania –en la zona de Extremadura–. La sublevación estalló a finales de diciembre (décimo mes romano) y por tanto a tan sólo dos meses de concluir el año. El Senado romano debía tomar una decisión, y tenía dos opciones. Se podía organizar apresuradamente un ejército y enviar al cónsul vigente para que aplastase la revuelta en sólo dos meses, o podían dejar que la sublevación se propagara y esperar hasta Martius y la llegada de un nuevo cónsul. Teniendo en cuenta que los romanos tenían un gran respeto hacia los mos maiorum, está claro que no cambiarían la tradición de elegir al nuevo cónsul a principios del año. Por ello, y es que los romanos eran muy rebuscados, decidieron cambiar el calendario de modo que el año comenzaba en el mes de Ianuarius –y no en el de Martius, que era un momento mucho más adecuado para preparar campañas militares consulares–. A través de esta tercera solución, se consiguió respetar la tradición y lo que era más importante, designar un nuevo jefe militar para sofocar las sediciones lusitanas. ¡Ay qué calda damos los españoles!

Es necesario hacer dos aclaraciones al respecto. En primer lugar, parece ridículo que una insignificante revuelta pudiera cambiar el calendario romano, pero debemos pensar que el adelanto del inicio de año al mes de enero era una medida pensada desde hacía tiempo. Además, existe un gran debate sobre el cuándo y el porqué de que el año empiece en enero. Algunos como Plutarco o Macrobio le atribuyen el cambio a Numa, mientras que en un calendario de época imperial encontramos una anotación en el día 1 de enero que dice así: «annus novus incipit, quia eo die magistratus ineunt, quod coepit urbis conditae anno DCI» o traducido «el año nuevo empieza, porque en este día los magistrados entraron (en sus funciones), lo cual (esta costumbre de empezar el año en enero) ha comenzado el año 601 de la fundación de la ciudad». Lo que no está claro si el que los nuevos cónsules se eligieran en enero (hecho no discutido y confirmado por Tito Livio: «consules anno quingentesimo nonagesimo octavo ab urbe condita magistratum kal. ian. inire coeperunt. Mutandi comitia causa fuit quod Hispani rebellabant»que traducido viene a ser «En el año 598 de la fundación de la ciudad los cónsules entraron en cargo el primero de Enero. La causa de cambiar los comicios fue que los hispanos se rebelaban») cambió el calendario. Por último, hay que añadir que los romanos antiguos tenían uno civil y otro religioso, y parece ser que mientras que el civil comenzaba en Martius, el religioso lo hacía en Ianuarius. No es de extrañar que hubiera dos calendarios, pues en la cultura cristiana tenemos –aparte del año civil– el año litúrgico, que empieza en el Adviento (cuatro domingos antes de Navidad) y que termina con Cristo Rey (último domingo antes del Adviento).

En el año 46 a.C. –conocido como “el último año de la confusión” porque puso fin a los errores de cómputo del calendario romano–, Julio César decidió revisar el calendario romano –tarea que encomendó al astrónomo Sosígenes– para ajustarlo plenamente al ciclo solar. El año del calendario Juliano constaba de doce meses, siete de ellos de 31 días, cuatro de 30 días y uno de 28, sumando un total de 365. Ya no se necesitaba añadir un mes extra cada cierto tiempo, por lo que el Mensis Intercalaris fue eliminado del sistema. Aun así, los cálculos de Sosígenes decían que el año solar tenía una duración de 365 días y 6 horas, por lo que cada cuatro años se sumaba un día al mes de febrero. Pero no se añadía al final del mes, como hacemos nosotros, sino que en el mes de Februarius había dos días 24. Según el cómputo del tiempo romano, el 24 de febrero era el día sexto antes de  las kalendas de marzo (ante diem Sextum Kalendas Martias), de modo que el 24 de febrero repetido sería «bis sextum», apaño de donde deriva nuestro término bisiesto, con el cual nos referimos a los años de 366 días.

Julio César tuvo que añadir diez días al calendario para corregir los desajustes producidos con el tiempo. Macrobio nos narra cómo distribuyó esos diez días:

Por otra parte, los diez días que hemos dicho que fueron añadidos por él los distribuyó por este orden. Introdujo dos días en cada uno de los siguientes meses: enero, sextil y diciembre; uno en abril, junio, septiembre y noviembre. Pero no añadió un día más a febrero, para que no se alterase el temor religioso a los dioses infernales; y a marzo, mayo, quintil y octubre los mantuvo en su antiguo estado porque ya les era suficiente su número, esto es 31 días. Macrobio, Saturnalia XIV, 7

Calendario Romano - Juliano

Pero los cálculos de Sosígenes no fueron correctos del todo. La Tierra completa el ciclo solar en 365 días, 5 horas, 48 minutos y 15 segundos. En 1582 se percataron del error, y esos más de 11 minutos contados adicionalmente cada año habían supuesto un desajuste de cerca de trece días. Así se instauró el calendario gregoriano, pero ese no es el que ahora nos concierne.

Los nombres de los meses

Como ya habréis visto, los nombres de nuestros meses son muy semejantes a los que tenían los romanos, y es que vienen directamente del latín. Pero, ¿a qué se deben esos nombres?

En sus inicios, el primer mes del año era Martius, mes dedicado a Marte, el dios de la guerra y padre de Rómulo y Remo. En este mes tenían lugar los reclutamientos de jóvenes para el ejército y las elecciones del nuevo cónsul, que gozaría de un año entero para dirigir a sus soldados contra los enemigos de Roma. Martius era el mes ideal para comenzar una campaña militar, pues ya habían cesado las fuertes nevadas del invierno y empezaba el buen tiempo de la primavera.

El siguiente en la lista era Aprilis, cuyo nombre no se sabe con certeza de donde proviene. Una teoría dice que deriva del verbo aperire (abrir), ya que es el mes de la temporada de apertura de las flores y la germinación de las plantas. Pero Aprilis estaba consagrado a Venus, la diosa de la belleza y madre de Eneas, el antepasado de Rómulo y Remo que huyó del incendio de Troya y recorrió buena parte de las costas mediterráneas para acabar en la península Itálica con la misión de fundar una nueva troya. Eneas era griego, y la diosa griega equivalente a Venus era Afrodita, por lo que hay historiadores que sostienen que el mes de Aprilis debía su nombre a la diosa Aphrodita, evolucionando fonéticamente de la forma etrusca asociada con esta diosa (Apru) o del diminutivo griego para la misma (Aphros).

De nuevo, hay varias teorías acerca del origen del nombre Maius. Una de ellas dice que debe su nombre a la diosa griega Maya, que equivaldría a la diosa romana de la fertilidad y del crecimiento, Bona Dea, cuya fiesta se celebraba durante el mes de Maius. Ovidio ofrece una segunda etimología, en la que sostiene que Maius se llama así por el latín maiores (viejos, mayores) y que el mes siguiente (Iunius) por iuniores (jóvenes).

Iunius parece que proviene de la diosa Juno, esposa de Júpiter y protectora del matrimonio y de las mujeres. Sin embargo, Ovidio atribuía el nombre Iunius a iuniores.

Los siguientes cinco meses (Quintilis, Sextilis, September, November y December) debían sus nombres a la posición en la que se encontraban, es decir, Quintilis era el quinto mes, Sextilis el sexto, September el séptimo, November el noveno y December el décimo. No hay que olvidar que en aquellos tiempos el primer mes era marzo, y no enero, por lo que hoy en día “diciembre” no es el décimo mes, sino el duodécimo.

Numa Pompilio mandó construir un templo al dios Jano o Ianus en latín, dios al que consagró el mes de Ianuarius, introducido también por él en el calendario romano. Ianus tenía dos caras mirando hacia lados opuestos, y era el dios protector de las puertas de las murallas de Roma y de las viviendas. Tenía otro atributo, era el dios de los principios y de los finales, por lo que enero era el mes del dios bifronte que vigilaba el paso de un año abriendo las puertas a otro. De nuevo aparece el debate sobre si el año comenzaba el 1 de enero, porque si Ianuarius no fue el primer mes del año hasta el siglo II a.C. ¿cómo es que era el mes que abría el nuevo año? Aparentemente esto no tiene mucho sentido, pero es que los romanos tenían dos calendarios, uno civil y otro religioso. El civil, que comenzaba en Martius con la entrada de los magistrados a sus cargos hasta que sucedió aquella revuelta lusitana que obligó a cambiar el inicio del año al día 1 de enero, y el religioso. Parece ser que en el calendario religioso los meses de Ianuarius y Februarius precedían a los otros diez.

Februarius fue añadido al calendario también bajo el reinado de Numa, y era el mes de la purificación, que en latín se dice februum. En el día 15 de ese mes tenían lugar los Februa, una serie de rituales de purgación, lavado y limpieza para acabar el año libres de todo pecado. No hace falta decir que Februarius pasó en el siglo II a.C. a ser el segundo mes del año.

Julio César no hizo reforma alguna en la nominación de los meses, pero después de su muerte sí la hubo, y en su honor. En el año 44 a.C., Marco Antonio decidió, para halagar la vanidad de César, dedicarle el mes de su nacimiento (Quintilis), que pasó a llamarse Iulius. Más tarde, en el año 8 a.C., por iniciativa del Senado Romano se acordó renombrar el mes de Sextilis en adulación a Cayo Julio César Octaviano, más conocido como César Augusto, dando lugar al mes de Augustus. Éste no era el mes de su nacimiento, pero los hechos más importantes de su subida al poder –incluida la caída de Alejandría– ocurrieron en agosto.

A Tiberio –sucesor de Augusto– se le planteó la idea de dar su nombre a septiembre, pero la rechazó al externar sus dudas sobre qué ocurriría cuando ya se hubiese reasignado nuevos nombres a todos los meses. Más tarde otros emperadores como Calígula, Nerón o Domiciano nombraron alguno de los meses en su honor, pero finalmente se volvió a los nombres de la época de Augusto.

Hoy, día 4 de enero, es viernes

Como veréis más adelante, los romanos contaban los días en relación con tres fechas clave de cada mes, pues no conocían la semana. La costumbre de dividir el mes en semanas venía de Oriente Próximo, de la zona de Mesopotamia. Los romanos introdujeron el uso de la semana por influencia del Cristianismo a principios del siglo IV.

La palabra semana viene del latín septimana (siete días). Los nombres de los días tenían una estructura común, el nombre del dios o astro en genitivo seguido de día en nominativo. En español no ocurre, pero en otras lenguas como francés o italiano se conservan las raíces de las dos palabras: Lunae dieslunedi (italiano) y lundi (francés). La construcción anglosajona es muy parecida (Monday, moon: luna, day: día), pero una vez más me estoy yendo por las ramas. Veamos la procedencia de los nombres de los días.

Los primeros cinco días de la semana estaban dedicados a dioses y astros. El lunes era el día consagrado a la luna (Lunae dies); el martes debía su nombre a Marte, el dios de la guerra (Martis dies); el miércoles a Mercurio, el dios del comercio y de los viejeros (Mercurii dies); el jueves a Júpiter, el rey supremo de todos los dioses (Iovis dies); y el viernes era el día de Venus, la diosa del amor y de la belleza (Veneris dies). En Roma, el sexto día de la semana estaba dedicado a Saturno, el dios de la agricultura (Saturni dies); y el que cerraba el ciclo era el día del Sol, el astro vencedor (Solis dies). Pero por influencia hebrea, el Saturni dies pasó a ser el sábado (Sabat), día en que Dios descansó tras crear el mundo; y por influjo cristiano el Solis dies se convirtió en el Dominicus dies, el día en el que el Señor resucitó. En inglés sin embargo se tomaron los términos originales romanos –ignorando que estos habían introducido anteriormente los nombres judío y cristiano–, siendo el sexto día de la semana Saturday (Saturn: Saturno, day: día) y el séptimo Sunday (Sun: Sol, day: día).

El cómputo de los años

Para la datación de los años, los romanos utilizaban tres procedimientos diferentes, cada uno con sus peculiaridades lingüísticas.

El más habitual era el de usar como referencia los nombres de los cónsules del año que querían fechar, poniendo en ablativo toda la construcción. Por ejemplo, el año 59 a.C. se enunciaba «C. Iulio Caesare et M. Calpurnio Bibulo consulibus», es decir «Siendo cónsules C. Julio César y M. Calpurnio Bíbulo».

Otra forma que tenían de numerar los años era contando desde la fundación de Roma (año 753 a.C.) con la expresión «ab urbe condita» precedida del año (en caso de que el número se escribiese con letras, la construcción era en ablativo). Así, el año de la secessio plebis fue en el «anno duocentesimo sexagesimo ad urbe condita», o en una forma abreviada, en el «CCDX A.U.C».

Los romanos también tomaban como referencia la expulsión de Tarquino el Soberbio y la abolición de la monarquía (año 509 a.C.), usando la expresión «post reges exactos» (al igual que en el método anterior la construcción se escribe en ablativo). Así, el año en que se destruyó Cartago sería el «CCCDXIII P.R.E», o el «trecentessimo sexagesimo tertio post reges exactos».

El método actual de cómputo de los años, por el cual nos encontramos en el año 2012, está basado en el nacimiento de Cristo, el «Anno Domini», y fue inventado por un monje del siglo VI, Dionisio el Exiguo. En castellano usamos la expresión «antes de Cristo» y «después de Cristo», o «a.C. – d.C.», gran grupo de rock clásico, por cierto.

Método para contar los días del mes

Nosotros, hombres del siglo XXI expresamos las fechas del mes usando números cardinales, contando los días del mes: «Yo nací el 3 de septiembre», «Hoy es 5 de enero», o «Según los mayas el mundo se acabó hace 16 días, el 21 de diciembre». Sin embargo los romanos tenían un sistema un tanto más complicado, pero a su vez más interesante y menos monótono. No contaban los días desde el primero de cada mes, sino que dentro de cada mes había tres fechas clave que tomaban como punto de referencia para calcular el resto de los días, contando hacia adelante o hacia atrás. Estas no se tomaban aleatoriamente, sino en relación con las fases de la luna, pues como nos dice Ovidio: «Luna regit menses».

– Kalendae (“Kal”). Eran siempre el primer día del mes, correspondiéndose con el novilunio. Parece que el término viene del verbo calare (proclamar), ya que en estos días se convocaba al pueblo en el Capitolio y se anunciaba e indicaba el número de días hasta la celebración de las nonas del mes.

– Idus (“Id”). Coincidían con el plenilunio, cuando la luna estaba llena, diecisiete días antes de las siguientes calendas. Para celebrarlo, se sacrificaba una oveja (ovis idulis) en honor a Júpiter Optimus Maximus. En los meses de 29 días (Ianuarius, Aprilis, Iunius, Sextilis, September, November y December) los idus caían el 13, y en los de 31 (Martius, Maius, Quintilis y October) el día 15. El mes de Februarius, aunque sólo tuviese 28 días, se contaba como los meses de 29, es decir, los idus eran el decimotercer día. Etimológicamente, la palabra idus viene del verbo iduare (que equivale a dividere), ya que partía el mes lunar.

– Nonae (“Non”). Caían en cuarto creciente, nueve (de ahí la palabra nonae) días antes de los idus, es decir el día 5 en los siete meses de 29 días y en Februarius, y el 7 en los cuatro de 31. En las nonas, el rex sacrorum anunciaba al pueblo las festividades del mes, por lo que antes de estos días nunca había días festivos.

kalendas, idus y nonasAntes de proseguir; una peculiaridad sobre cómo los romanos calculaban los días. Cuando contaban desde la fecha que querían datar hasta el siguiente día clave, lo hacían incluyendo también el día en el que estaban, es decir era un cálculo inclusivo. Pongamos que estamos a martes, mientras que nosotros diríamos que estamos “a tres días del viernes” o “tres días antes del viernes”, los romanos dirían que estamos “a cuatro días del viernes” o “cuatro días antes del viernes”, puesto que cuentan el día en el que se está hablando (martes, miércoles, jueves y viernes, cuatro días).

Si querían indicar una de estas tres fechas fijas, la ponían en ablativo plural femenino junto con el adjetivo del mes correspondiente. Por ejemplo los idus de enero serían «Idibus Ianuariis», las calendas de marzo serían «Kalendis Martiis» y las nonas de julio «Nonis Quintilibus». El resto de las fechas del mes se calculaban o expresaban a partir de ellas . Si se trataba de indicar el día anterior o posterior de las tres fechas anteriores, se ponía el adverbio pridie (víspera) o postridie (el día después de) seguido de la fecha y del adjetivo del mes correspondiente en acusativo plural femenino. De este modo, el 29 de diciembre era el «Pridie Kalendas Ianuarias», y el 16 de octubre era el «Postridie Idus Octobres». Para los días que no se podían expresar con ninguno de estos dos adverbios, se contaban los días que faltaban para llegar hasta el más próximo de las tres fechas fijas (teniendo en cuenta la precisión hecha anteriormente) y se colocaba la expresión ante diem, seguida del número del día correspondiente –escrito en numeral ordinal o en números romanos–, del nombre de la fecha clave que se tomaban como referencia y el adjetivo del mes que correspondía, todos ellos en acusativo. Usando esta formulación, el día 10 de enero se expresaría «ante diem IV Idus Ianuarias», o «A.D. IV Id. Ian.» en su forma abreviada, y el 24 de febrero sería «ante diem VI Kalendas Martias» o «A.D. VI Kal. Mar.». Si me lo permiten, haré una precisión gramatical latina. Hemos visto que para expresar un día aparece una fecha de referencia (Kalendae, Nonae o Idus) junto al mes en cuestión. También sabemos que la traducción al castellano de cualquiera de estas expresiones va a ser “…… calendas de un mes”, como por ejemplo «A.D. VI Kal. Mar.»: «a seis días de las calendas de marzo». Sin embargo, el nombre del mes en latín no es un complemento del núcleo (kalendas, nonas, idus) en caso genitivo, sino un modificador o sintagma adjetival. Es decir, no es «Martii» (“de marzo”), sino «Martias» (“marcias”, que aunque es un adjetivo muy poco común y algo obsoleto, significa “relativo al mes de marzo”). Así, Ianuarius, Februarius, Martius, Maius y Iunius se declinan por la primera y la segunda declinación (-us, -a, -um), y los seis restantes por la tercera (-is, -e). Teniendo en cuenta que kalendae, nonae e idus son todo sustantivos femeninos, podemos olvidarnos de la terminación neutra. Asimismo hemos de recordad que dichos sustantivos son «pluralia tantum», es decir, que sólo existen en plural. De este modo nos quedamos con las terminaciones del femenino plural de los casos que ahora vamos a ver. Fijémonos de nuevo en la expresión «ante diem………». Los adjetivos de los meses deben declinarse en acusativo plural como el resto del sintagma (pues todo ello va regido por la preposición “ante”). Así tendremos algunos meses como Ianuarius con la terminación –as, y otros como October acabados en –es. Lo mismo ocurre con los adverbios pridie y postridie, que también rigen acusativo. Por otro lado, cuando la fecha que se quería expresar era exacta (kalendae, nonae e idus, entiéndase), el sintagma entero se ponía en ablativo. De nuevo tenemos meses como Febrarius con la terminación –is, y otros como Sextilis acabados en –ibus. Como ya sabemos, Quintilis y Sextilis fueron sustituidos por Iulius y Augustus, ambos sustantivos de la segunda declinación, por lo que se comportarían como Ianuarius, Februarius, Martius y Maius, que ya hemos visto. Hasta ahora hemos hablado de fechas dentro del calendario de Numa Pompilio, aquel de 355 días repartidos en siete meses de 29, cuatro de 31 y febrero de 28 (más el Intercalaris). Julio César cambió la duración de los meses, y aparentemente eso podría haber afectado a las nonas y los idus, pero el César no quiso modificar los días fijados por Numa (5 y 7 para las nonas y 13 y 15 para los idus) de manera que añadió los días al final de cada mes, una vez terminadas todas las fiestas correspondientes. Lo único que se cambió fue la distancia entre los idus de cada mes y las calendas del siguiente, que pasó a ser de 17, 18 o 19 días dependiendo de si caían el 13 o 15, y del número de días del mes. De nuevo podemos recurrir a Macrobio:

Por esta razón tienen las nonas el día 7, como lo estableció Numa, puesto que Julio no lo cambió en absoluto; ahora bien, enero, sextilis y diciembre a los que César añadió dos días, aunque comenzaron a tener 31 días después de César sin embargo tienen las nonas el día 5 y las calendas que vienen a continuación desde aquellos idus son calculados desde el 19, puesto que César no quiso que los días que añadía se incorporaran ni antes de las nonas, ni antes de los idus, para no corromper con la reforma el respeto de las nonas o de los idus que ya estaba establecido. Así resultó que, puesto que todos estos meses a los que añadió días habían tenido esta organización computando hasta el decimoséptimo día del mes siguiente, después, a partir del aumento de los días añadidos, éstos que recibieron dos tenían el cómputo de las calendas hasta el decimonoveno, los que uno hasta el decimoctavo. Macrobio, Saturnalia XIV, 8

¿Cómo entender un calendario romano?

Los calendarios de la Roma antigua eran planos diacrónicos que mostraban las festividades religiosas así como los días del mes, con anotaciones varias. Los meses son dispuestos de izquierda a derecha, en columnas verticales, en las cuales se catalogan los días del mes de arriba abajo. Cada columna contiene varios elementos. En la zona izquierda de cada columna aparecen de arriba abajo ocho letras mayúsculas (A-H). Estas letras que se repiten de forma continua a lo largo de todo el año son conocidas como litterae nundinales, porque forman una secuencia de nueve días (no olvidemos que los cálculos son incluyentes). Este ciclo era una especie de semana comercial, puesto que en el último de sus días –llamado nundinae y representado en los fasti con la letra A en rojo– se celebraban los mercados locales. Aun así era tan sólo un dispositivo de cálculo, y no hay constancia de que los romanos utilizaran esas letras para referirse a los días fuera de los calendarios escritos. En la parte superior de cada columna aparece el nombre del mes abreviado (Ian, Feb, Mar, etc.). Esta primera casilla no era sólo el “título” de la columna, sino que era ye el primer día del mes, por lo que a la izquierda del nombre del mes hay una letra K de kalendae. De modo similar, en el día que les corresponde aparecen las nonae (Non) y los idus en una forma más arcaica de la palabra (Eidus). El número total de días de cada mes era especificado debajo de cada columna. Por otra parte, aunque en los Antiates Maiores no aparezca, en fragmentos de otros calendarios que se conservan, aparecen en cada día el número que le corresponde dentro del mes inmediatamente después de la littera nundinalis, pero lo dicho, en muy pocos casos.

Inmediatamente después de las litterae nundinales, hay otro grupo de letras (notae dierum) que indicaban el carácter de los días. Los más comunes eran los Dies Fasti (F), Nefasti (N) y Comitiales (C). Veamos lo que dice Macrobio al respecto:

Ahora hablaremos sobre los laborables y los que proceden de éstos: fastos, comiciales, días de aplazamiento, de vencimiento y de combate. Los fastos son aquellos en los que le es lícito a un pretor decir tres palabras solemnes: «do, dico, addico» (doy, digo, apruebo). Sus contrarios son los nefastos. Los comiciales son aquellos en los que se puede presentar un proyecto al pueblo; ciertamente en los fastos se puede proponer una ley, pero no se puede proponer al pueblo, en los comiciales pueden hacerse ambas cosas. Los días de aplazamiento son en los que es lícito establecer compromiso; los de vencimiento aquellos que son instituidos para un juicio con un extranjero. Macrobio, Saturnalia XIV, 13-14

En conclusión, los Dies Fasti eran días sagrados en los que el pretor podía “pronunciar las tres palabras” para administrar justicia. Los Dies Comitiales eran días en los que los comicios romanos podían ser convocados (salvo en las nundinae y en algunas fiestas específicas) para votar leyes, elecciones de magistrados, o sobre el veredicto en ciertos tipos de delitos. En el año 58 a.C. se unieron a los Fasti para disponer de más días para celebrar asambleas. Los Dies Nefasti eran lo contrario de los Fasti y de los Comitales, ya que no se podía legislar.

Leamos ahora a Ovidio acerca de los Fasti, los Nefasti y los Dies Endotercisi (EN):

Para que no ignores las leyes que rigen los diferentes días debes saber que cada jornada no posee el mismo contenido. Será nefasto aquél día durante el cual en los tribunales se silencian las tres palabras; y fasto, aquél en que está permitida un acción legal. Pero no pienses que las mismas leyes mantienen su vigencia durante el día entero: encontrarás que (por la tarde) puede ser fasto aquel que por la mañana puede ser nefasto, pues tan pronto como pueden ser ofrecidas a la divinidad las entrañas de un víctima, es lícito pronunciar todo tipo de palabras y el honorable pretor tiene libertad para hablar. Hay también días en que se tiene derecho a convocar al pueblo en el recinto del voto. Ovidio, Fasti I, 45-62

Los Dies Endotercisi son días en los que la actividad profana solo se permite en una parte del día, siendo Nefasti por la mañana y por la tarde, y Fasti entre medias. Varrón se refiere ellos como Dies Intercisi:

Dies Intercisi (entrecortados) son aquellos durante los cuales la mañana y la tarde son nefas (religiosamente prohibidos); en cambio, es fas (admitido religiosamente) el tiempo que media entre la inmolación de una víctima y el ofrecimiento de sus vísceras. Y se llaman intercisi precisamente porque en ellos el fas se intercala y el nefas resulta por ello interrumpido (intercisum). Varrón, De Lingua Latina VI, 16

Hay que diferenciar los Dies Intercisi o Endotercesi de los Dies Fissi, de los que se registran solamente tres. Dos de ellos eran el 24 de marzo y el 24 de mayo y estaban marcados como QRCF (Quando Rex Comitiavit Fas). No se conoce muy bien lo que esta acción podría implicar, pero se sabe que el día comenzaba como nefastus y terminaba siendo fastus. Ocurría algo similar el 15 de junio, fecha que aparecía junto a la anotación QStDF (Quando Stercus Delantum Fas). De igual manera, este día empezaba siendo nefastus y acababa como fastus. Varrón nos habla a continuación sobre la naturaleza de los conocidos como QRFC y QStDF.

El día que se llama «cuando el rey acuda al comicio, es fas» (QRCF) se denomina así porque en esa fecha el sacerdote que dirige los comicios (rex sacrificulus) acude al comicio: hasta ese instante el día es nefas; a partir de él, fas; en consecuencia, a menudo se administra justicia después de ese momento. El día que se llama «cuando la basura haya sido sacada, es fas» (QStDF), es así denominado porque en esa fecha se barre la basura del templo de Vesta y, bajando por la costanilla del Capitolio, es llevada a un lugar determinado. Varrón, De Lingua Latina VI, 17

De la signatura NP, que aparece 49 veces al año, no conservamos ninguna información que pueda revelar su significado. La mayoría de los investigadores están de acuerdo en que la N es la inicial de Nefastus, pero existen muchas hipótesis sobre lo que podría significar la P, entre las que destacan: principio, priore y parte. Personalmente me decanto por la interpretación de Nefastus Priore, ya que se puede apreciar una transición de Nefastus (las horas de la mañana) a Fastus (las horas de la tarde). Pero fuera su significado el que fuera, todos los días marcados con NP ellos caen en días con ceremonias o con nombre propio, por lo que se ha de suponer que estos días NP son un tipo especial de días dentro de los que tienen nombre.

A lo largo del año aparece tres veces la inscripción FP, de la que tampoco tenemos mucha información original. De nuevo la mayoría de investigadores acepta que la F es la inicial de Fastus, pero sin embargo sus opiniones acerca del significado de la P son dispares. Pero como antes, yo lo interpreto como Fastus Priore, ya que pasa de ser día Fastus por la mañana a Nefastus por la tarde. Sin embargo, de estos –al ser sólo tres– sabemos mucho menos.

Existían también los Dies Festi, que generalmente venían marcados con nombres propios abreviados y en mayúscula. Eran Feriae Publicae (“fiestas nacionales”), festividades reservadas a los dioses y a la religión. Eran Dies Festi: Agonalia (AGO), Armilustrium (ARM), Carmentalia (CAR), Ceralia (CER), Consualia (CON), Divalia (DIV), Equirria (EQU), Feralia (FER), Fontinalia (FON), Fordicia (FOR), Furrinalia (FUR), Larentalia (LAR), Liberalia (LIB), Lucaria (LUC), Lupercalia (LUP), Matralia (MAT), Meditrinalia (MED), Neptunalia (NEP), Opiconsivia (OPI), Parilia (PAR), Poplifugia (POP), Portunalia (POR), Quinquatrus (QUIN), Quirinalia (QUIR), Robigalia (ROB), Saturnalia (SAT), Terminalia (TER), Tubilustrium (TUB), Vestalia (VES), Vinalia (VIN), Volcanalia (VOLK) y Voltrunalia (VOLT).

El día después de Terminalia se celebraba el Regifugium (REG), y según nos cuentan Varrón y Ovidio, esta festividad conmemoraba la huida del último rey de Roma, Tarquino el Soberbio.

Nunc mihi dicenda est regis fuga. Traxit ab illa sextus ab extremo nomina mense dies. Ultima Tarquinius Romanæ gentis habebat regna, vir iniustus, fortis ad arma tamen. Ovidio, Fasti VI, 682-688

También se indicaban los días en que se celebraban juegos en honor de los dioses (LUDI).

Los días siguientes a las kalendae, nonae e idus eran conocidos como Dies Postriduani, y en ellos no se podía ofrecer sacrificios a los dioses –al igual que en las tres fechas fijas que los precedían–, se evitaban los viajes y no se celebraban matrimonios o ceremonias del estilo, puesto que eran considerados Dies Atri, “días negros” o portadores de mala suerte. Nos lo cuenta Ovidio:

El culto de Juno reclama para sí las kalendas Ausonias; en los idus se inmola en honor de Júpiter una oveja blanca de buen tamaño; las nonas carecen de divinidad tutelar. El día siguiente a todos esto días -¡cuidado no os equivoquéis!- será un día negro. Su signo desfavorable tiene su origen en hechos históricos: en esos días Roma, bajo la hostilidad de Marte, sufrió tristes calamidades. Se aplicarán a todos los fastos estas observaciones que sólo hago en esta ocasión para no verme obligado a romper la continuidad temática. Ovidio, Fasti I, 59-62

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Fasti antiates reconstruccion

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División del día y la noche

Por ahora todo lo que hemos visto acerca del sistema romano del cómputo del tiempo es un tanto complejo comparado con nuestro sistema actual. El día sin embargo –aunque no estaba partido en 24 fracciones iguales de 60 minutos– tenía una división muy parecida a la nuestra, siendo la unidad principal la hora. Los romanos dividían el día –tiempo en que la luz solar iluminaba la Tierra, desde la salida del Sol hasta el ocaso– en doce horas. Pero estas no tenían una duración fija de 60 minutos, eran horas versátiles que se adecuaban a la época del año y a lo que se extendiese el día. Precisamente porque el día no eran 720 minutos (comprendidos en 12 horas de reloj) sino el tiempo variable que pasaba desde las primeras luces matutinas hasta el anochecer. Como todos sabemos, los días en verano son más largos que la noche y en invierno más cortos. Así, el 21 de junio cada una de las doce horas de la jornada romana tenía el equivalente a 76 minutos, mientras que el 21 de diciembre las horas eran de 44 minutos.

Es fácilmente deducible que la medida del tiempo para la gente común no dejaba de ser algo aproximativo, pero no debemos asumir que esto pudiera suponer problema alguno para ellos, ya que medían el tiempo con relojes de Sol (gnomon). Como el tiempo de exposición del Sol en invierno es menor que en verano, el reloj se adecúa a la duración solar de las horas. En los días nublados o durante la noche se establecía la hora mediante clepsidras, relojes de agua.

Las horas del día iban desde hora prima hasta hora duodecima. El meridies o mediodía se situaba al final de la hora sexta, cuando los romanos descansaban y se echaban una siesta (palabra que viene de sexta). La noche se dividía en cuatro vigiliae de tres horas cada una. La media nox o medianoche era al acabar la secunda vigilia. Los turnos de vigilancia de los soldados en los campamentos militares o de los prefectos en las ciudades se llamaban vigiliae, y de ahí se adoptó el término.

horas

Equivalencias de las horas romanas con las nuestras en la antigua ciudad de Roma

Bibliografía

NEGRETE, J., Roma Victoriosa, Madrid, La esfera de los libros, 2011

SAYLOR, S., Imperio, La esfera de los libros, 2011

MACROBIO (trad. por MESA SANZ, J.F.), Saturnales, Madrid, Akal, 2007 [ver en Google Books]

VARRO (trad. por ROLAND G, K.), On the Latin Language, Cambridge, 1938 [ver en Google Books]

VARRÓN (trad. por MARCOS, M.A.), De Lengua Latina, Barcelona, Anthropos [ver en Google Books]

THAYER, B.Bill Thayer’s Website

McNamara, P & Trumbull, D. Julian Calendar

SANZ, J. 2006. Historias de la Historia

IDVS, Imperio Romano

2003. Tarraconensis

MIM, J. 2012. Damnatio Memoriae

2012. La ceja del rey

Imperivm Romanvm

MORENO, A. 2010, Hortus Hesperidum


[1] El mal sentimiento que los romanos tenían sobre los números pares y en concreto acerca de los 28 días de Febrarius se ve reflejado en la obra de Macrobio, Saturnalia 13, 7 «…pero sólo febrero mantuvo 28 días, como si a los infiernos les conviniera una reducción y un número par».

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Papá Estado, Mamá Crisis

Posted by Ignacio Cabello en 13 diciembre, 2012


Ya estableció Adam Smith en La riqueza de las Naciones los límites del poder del Estado a la hora de gobernar un país. Según las ideas ilustradas y liberales del siglo XVIII, las principales obligaciones del Estado quedaban reducidas al orden y la seguridad interna, a la defensa militar frente a enemigos externos, y al mantenimiento de ciertas obras de orden público.

Pero, ¿cuándo una obra es considerada pública? De acuerdo con esta ideología liberal, el Estado es el encargado de realizar funciones que supongan un bien común para toda la sociedad, obras públicas en las que un particular nunca llegaría a invertir por el poco interés económico que éstas susciten en dicho empresario. Es decir, cumplir aquellas funciones incompatibles con los beneficios e intereses individuales que se espera de la iniciativa privada.

En la mentalidad individualista y burguesa de los siglos XVIII y XIX, cuajaron bien estas ideas, puesto que prevalecía el bien individual o particular frente al bien común. El hombre europeo decimonónico se movía por intereses personales buscando obtener el mayor beneficio económico de cierta actividad. Así, dejaron al Estado el poder y el deber de erigir estructuras públicas, fundamentales para el buen funcionamiento del país.

Sin duda está bien planteado, el Estado se debe encargar de mantener el orden, tanto interno como frente al exterior, y de crear y sustentar ciertas instituciones y organizaciones públicas que garanticen un correcto funcionamiento del país. Pero como todo, hasta un cierto punto, y según mi parecer hemos sobrepasado con creces ese punto.

El hombre de nuestro tiempo es plenamente individualista, nadie –salvo en ocasiones y casos contados, me atrevo a decir– mira por el bien común de la sociedad a la que pertenece. Todos, y en esto me incluyo, nos movemos por intereses personales, sufrimos de “ombliguitis” y no miramos más allá de lo que directamente nos afecta.

Pongamos un ejemplo sencillo. Todos hemos estado, si no seguimos todavía, en el colegio, y la escena que me dispongo a describir muy probablemente sea familiar a todos nosotros. En el aula hay una pelota de papel que previamente ha servido a un adolescente cualquiera como “proyectil de guerra”. Pongamos que la ha lanzado a las nueve de la mañana al comenzar las clases, pues bien, ya pueden pasar alumnos delante de ella, que ésta permanecerá en su sacro sitio hasta el final de la jornada escolar. ¿Por qué ningún estudiante se ha parado y agachado para recoger la dichosa bolita de papel? La respuesta es sencilla: porque más tarde, hacia las siete de la tarde, un equipo de limpieza pasará por las aulas y limpiará la porquería que los alumnos han dejado a su paso.

Siempre esperamos que algo externo a nosotros nos solucione los problemas, y quien dice problemas dice ‘tareas no gratas’; vamos, que no nos apetecen o resultan atractivas. Continuamente pensamos que otro vendrá y arreglará las cosas, que no somos nosotros los que tenemos que tomar iniciativa y movernos frente a los problemas.

¿Me tropiezo al salir de mi casa con un adoquín mal encajado y me lesiono la rodilla? No lo dudes, el primer culpable de que me haya lastimado la pierna es el Estado, que no ha enviado un equipo élite de arquitectos para arreglar dicho adoquín. Lo menos razonable en los tiempos que corren, en que Papá Estado está ‘acostándose’ con Mamá Crisis, es esperar que el gobierno nos lo dé todo hecho.

Es verdad que ésta es una actitud fruto de una mentalidad basada en la sociedad aburguesada del bienestar, y que difícilmente vamos a poder cambiar. ¿No sería bonito que nosotros, miembros de ésta sociedad tomásemos la iniciativa y nos ayudásemos para afrontar o intentar solucionar los problemas comunes como una comunidad sin depender tan radicalmente del Estado? Hasta donde yo sé, esto se fundamenta en el principio de subsidiariedad, que dice que debe haber tanta acción de la sociedad –es decir, nosotros– como sea posible y tanta acción del Estado como sea necesario. Pero eso, lo justo y necesario para que la acción de la sociedad pueda dar frutos positivos.

El problema hoy en día es que el gobierno cede ante la mentalidad, e interviene  cada vez más en distintos aspectos del bien común. Si este sector público redujese sus funciones, a lo mejor nos daríamos cuenta de que somos nosotros, las personas, los que debemos movernos y ponernos en juego.

No obstante, también es cierto que ya se están dando iniciativas siguiendo esta línea, de vecinos que ante una necesidad común, como la de replantar una zona verde que ha sufrido un incendio, se ponen manos a la obra, y juntos con la ayuda necesaria logran llegar a una solución efectiva.

Estamos lejos de conseguir un cambio tan radical en la forma de pensar y de actuar, pero nunca es tarde para empezar a educar y a educarnos en unos principios más solidarios y unitarios, para que primen los intereses y el bien común sobre los individuales, y que por tanto podamos desligar el concepto de bien común a una entidad gubernamental como es el Estado.

Ignacio Cabello

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Tema 2 – El fin del Antiguo Régimen

Posted by Ignacio Cabello en 24 noviembre, 2012


Esto es un borrador, la publicación final está en espera

1 – LA EUROPA DEL SIGLO XVIII

1.1 Una sociedad estamental

La población europea durante el Antiguo Régimen aparecía dividida en tres grupos sociales denominados estamentos: nobleza, clero y pueblo llano. En este modelo de sociedad, cuyo origen se remonta a la época medieval, predominaban todo tipo de desigualdades.

Los nobles constituían un reducido grupo aristocrático y ocupaban casi todos los altos cargos del Estado (ministros, consejeros, embajadores, generales, gobernadores provinciales, jueces, alcaldes) y gozaban de cuantiosas concesiones honoríficas y privilegios económicos y fiscales, así como de vastas extensiones de tierra, que aseguraban el mantenimiento de su poder y riqueza. A la aristocracia nobiliaria se pertenecía por nacimiento, y las posibilidades de ascender o descender socialmente, pasando de un estamento a otro, eran muy escasas. No obstante, aunque infrecuente, también era posible acceder a la nobleza mediante la compra de un título nobiliario o gracias a la concesión regia de un ducado, un condado o un marquesado como recompensa individual por los servicios prestados al monarca. En cualquier caso, los nobles formaban un grupo heterogéneo, ya que entre ellos existían importantes diferencias de renta, poder y riqueza. Asimismo, dentro de este estamento había distinciones jerárquicas y rangos (duques, condes, marqueses, vizcondes, barones, caballeros, hidalgos).

El clero por su parte -ya fuese católico, protestante u ortodoxo- se beneficiaba de los diezmos, un impuesto especial por el cual los campesinos debían entregar una décima parte de la cosecha obtenida. También controlaba la educación de niños y jóvenes, se ocupaba de la censura de las publicaciones escritas y predicaba la obediencia a la autoridad de los reyes absolutos. Al igual que la nobleza, eran un grupo jerárquico y con grandes diferencias económicas, pues el alto clero disfrutaba de los lujos y los privilegios característicos de la aristocracia, mientras que el bajo clero provenía del estado llano y llevaba una vida modesta.

Sin embargo, el 90 por ciento de la población europea carecía de privilegios y pertenecía al pueblo llano, también llamado Tercer Estado. Este estamento agrupaba a personas muy diferentes, tanto por su condición económica como social. Estaba integrado mayoritariamente por campesinos (siervos, jornaleros, arrendatarios y pequeños propietarios), que trabajaban bajo condiciones muy duras las tierras de los grupos privilegiados, a los que pagaban cuantiosos impuestos. El estado llano también incluía también a las clases populares urbanas, que agrupaban a los trabajadores manuales de las ciudades: pequeños artesanos, empleados del servicio doméstico, soldados, obreros de las manufacturas, vagabundos y mendigos. Por último, la burguesía urbana era también muy variada: banqueros, comerciantes, tenderos, grandes propietarios de talleres artesanos, burócratas empleados en el servicio administrativo estatal, abogados, médicos, profesores, periodistas, etc.

En su origen (siglos IX-X), la sociedad estamental medieval no era injusta, pues existían tres grupos que se complementaban: los bellatores, que defendían al resto de la sociedad; los oratores, que rezaban y educaban al pueblo tanto espiritualmente como culturalmente; y los laboratores, que trabajaban para alimentar a la sociedad. Las relaciones de vasallaje eran un acuerdo tácito entre los señores feudales y los aldeanos, contrato por el cual el noble se comprometía a dar protección militar al campesino, que a cambio trabajaba las tierras de su señor.

En una sociedad agraria y rural como era la medieval, la riqueza estaba en la tierra, por lo que lo que producía ganancias y beneficios era el trabajo en el campo. Si hubiese sido así, los nobles -que no cultivaban sino que se dedicaban a la lucha- no se habrían enriquecido como realmente hicieron. Los miembros de la nobleza tenían gastos propios y necesarios -en guerras o ceremonias-, por lo que apelando a su condición exigieron leyes privadas que les eximieran de pagar impuestos. Eso es lo que se otorgó durante la Edad Media a nobles y clérigos, privilegios, que como Isidoro de Sevilla definió, “privilegia sunt leges privatorum, quasi privatae leges”, es decir leyes privadas o para órganos específicos y privados.

Durante los primeros siglos de Edad Media las relaciones de vasallaje entre los tres estamentos funcionaron y fueron aceptadas por la Europa feudal. Sin embargo, a partir del surgimiento del nuevo Estado moderno, los nobles perdieron el papel de guerreros cediéndoselo a los ejércitos regulares de los reyes de cada país. Así, los miembros de la nobleza dejaron de ser los bellatores defensores del pueblo y se centraron más en la vida política y dedicaron sus esfuerzos a adquirir poder y a enriquecerse. Pero, al mismo tiempo, las monarquías autoritarias se fortalecieron restando poder a la nobleza, que previamente durante la Edad Media había acumulado casi el mismo poder que el rey (primus inter pares). Además, en los siglos que vinieron después, surgió la burguesía que adquirió riquezas y los nobles, que vieron que estaban perdiendo importancia y poder, endurecieron las condiciones a las que sometían a sus vasallos, generando un mayor malestar entre los campesinos.

1.2 El absolutismo monárquico

En casi todos los países europeos durante el Antiguo Régimen, el sistema de gobierno existente era la monarquía absoluta y hereditaria. Las únicas dos excepciones se encontraban en Gran Bretaña, donde el Parlamento se había impuesto sobre la autoridad real desde 1688, y en la pequeña república de Suiza, donde una rica oligarquía monopolizaba el poder.

El absolutismo defendía la superioridad del monarca sobre todos sus súbditos, que están sometidos al gobierno del rey. Los partidarios del absolutismo justificaban la autoridad política de los monarcas y defendían su derecho divino a gobernar. Puesto que la soberanía era de carácter divino, el rey gobernaba en nombre de Dios, y para reflejar su poder, encarnaba el Estado en sí mismo, proclamándose dueño de todas las tierras y acumulando un poder incuestionable.

Los reyes gobernaban concentrando en sus manos, de manera casi ilimitada, todos los poderes del Estado: dictaban leyes, actuaban como jueces supremos, fijaban impuestos, dirigían el ejército, controlaban las relaciones exteriores y designaban a jueces, generales y altos mandos del ejército, gobernadores provinciales y consejeros. Estos consejeros o ministros, conocidos como validos, eran elegidos por su lealtad manifiesta y llegaban a asumir la toma de decisiones y la dirección de los asuntos de gobierno, ya que los reyes delegaban -total o parcialmente- sus poderes en ellos.

No obstante, la mayoría de los reyes no deseaban comportarse como tiranos, puesto que se consideraban padres para su pueblo y concebían su poder como una responsabilidad que les obligaba a promover la justicia y el bien común. Por este motivo disfrutaron durante mucho tiempo del cariño y del respeto general de sus súbditos.

1.3 El desmoronamiento del Antiguo Régimen

Las instituciones y estructuras del Antiguo Régimen entraron en crisis durante el último tercio del siglo XVIII. Los monarcas absolutos y sus consejeros fueron incapaces de afrontar y resolver los graves problemas de la época: grandes deudas, continuas guerras, la inflación, el malestar popular, las tensiones sociales, la insatisfacción de la burguesía y la oposición de muchos intelectuales ilustrados.

Los monarcas y los nobles aristócratas debían invertir grandes sumas de dinero en las guerras a las que dirigían sus tropas -pues tenían que pagar los desplazamientos y los salarios a todos sus soldados-, en los grandiosos festines -necesarios para dar buena imagen al pueblo y para convencerles de que prestaban vasallaje a un buen señor-, en los actos políticos y diplomáticos -en los que iban acompañados de enormes séquitos de cortesanos-. Así, en toda Europa el déficit financiero aumentó sumergiendo a los principales países en una profunda crisis económica, por lo que alzaron los impuestos.

Al mismo tiempo los constantes conflictos bélicos, que exigían masivos reclutamientos de jóvenes, junto con la repetición periódica de hambrunas y las fuertes alzas de precios en los alimentos de primera necesidad (causadas por el crecimiento demográfico iniciado a mediados del siglo XVIII) extendieron el descontento entre la población y provocaron frecuentes protestas y violentos disturbios en los campos y ciudades de Rusia, Francia, España, Austria, Portugal, Noruega, Holanda e Italia.

Por otro lado, la sociedad estamental y los privilegios de la nobleza y el clero comenzaron a recibir el rechazo general y la crítica de los intelectuales ilustrados, que pretendían difundir las nuevas ideas liberales. La burguesía, que cada vez era más numerosa y rica, se sentía injustamente rechazada y humillada al permanecer excluida del gobierno y la administración del país, de modo que reclamaron la participación política inspirándose en el liberalismo, ideología que defendía y apoyaba sus intereses. Los burgueses, conscientes de su fuerza y apoyados ocasionalmente por resto del pueblo llano, protagonizaron la rebelión contra el viejo orden político-social, derribaron el absolutismo y la organización estamental e impusieron por la fuerza las ideas revolucionarias liberales.

En Francia, un noble es muy superior a un negociante. Yo no sé sin embargo quién es más útil a un Estado; el señor bien engalanado que sabe con precisión a qué hora se levanta el rey, y que se da aires de grandeza, o un negociante que enriquece a su país, da órdenes en El Cairo, y contribuye a la felicidad del mundo.

Voltaire, Cartas filosóficas (1734)

2 – LA REVOLUCIÓN E INDEPENDENCIA DE LOS ESTADOS UNIDOS

2.1 Las trece colonias

Las colonias inglesas, establecidas en la costa Este de América del Norte entre Canadá y la Florida, protagonizaron en el siglo XVIII la primera insurrección colonial contra una metrópoli, y constituyeron el primer ejemplo de gobierno fundado sobre los principios de igualdad y libertad. Los habitantes de estos territorios eran principalmente granjeros y ganaderos, aunque algunos también se dedicaban al comercio de pieles, la construcción naval, la explotación maderera y la pesca de ballenas o bacalao. Las mayores ciudades eran Filadelfia con 40000 habitantes y Nueva York con 25000.

A principios del siglo XVII, potencias europeas como Francia, Países Bajos o Inglaterra siguieron el ejemplo de los pioneros castellanos y portugueses, y cruzaron el Atlántico en busca de nuevas rutas por las que comerciar y en busca de oro y otros materiales que produjesen riquezas. En un principio, Inglaterra favoreció la salida y migración a América a la gente que no tenía tierras ni un oficio productivo -la isla británica estaba superpoblada y había escasez de recursos, tierras y puestos de trabajo. En 1606 se fundó Jamestown, y a partir de entonces salieron más expediciones hacia lo que llamaron Virginia -en honor a la reina Isabel I, conocida como la Reina Virgen-. Además, existía una fuerte represión religiosa en Gran Bretaña contra católicos y puritanos, que no comulgaban con la Iglesia Anglicana. Tras el reinado de Isabel I (1558 – 1603), gran cantidad de puritanos separatistas huyeron en busca de libertad religiosa a los Países Bajos, pero no tardaron en darse cuenta que sus hijos estaban creciendo holandeses, y no ingleses. La idea de viajar al nuevo continente creció, y en 1620 más de cien puritanos ingleses se embarcaron en el Mayflower, buque que arribó a las costas norteamericanas de Massachusetts. Desde Virginia y Massachusetts los colonos ingleses se fueron expandiendo, empujando a la población nativa hacia el oeste. Un siglo más tarde, ya se habían fundado trece colonias a lo largo de toda la costa Este entre Canadá y la Florida.

Francia tenía a su vez una gran colonia en Canadá, en torno a los Grandes Lagos, con grandes ciudades como Quebec y Montreal. Los ingleses se estaban expandiendo hacia el Norte, y los franceses hacia el Sur. Llegó el momento en que el choque fue inevitable, dando inicio a un conflicto bélico entre ambas potencias, la Guerra de los Siete Años (1756 – 1763). Francia contaba con el apoyo de la mayoría de indígenas, puesto que se pusieron en contra de los ingleses, que habían ejercido malos tratos sobre ellos. Finalmente las colonias británicas vencieron en 1763 y se firmó la Paz de París, por la cual Inglaterra recibía Canadá y por tanto conseguía la hegemonía en Norteamérica.

2.2 La insurrección de las colonias norteamericanas

Los habitantes de estas colonias, animados por las ideas de igualdad, libertad y tolerancia que les llegaban de la Europa ilustrada, se enfrentaron a la Inglaterra de Jorge III en defensa de sus intereses y derechos. La resistencia comenzó tras la Guerra de los Siete Años (1756 – 1763) entre el ejército británico y el francés. Los colonos se sentían discriminados e inferiores al resto de habitantes del imperio británico por varias razones:

– Los canadienses conservaron muchos derechos y privilegios que los colonos británicos no tenían. No se impuso el anglicanismo, ni la lengua inglesa, y además se creó una ley diferente para los habitantes de Canadá. Los norteamericanos, que habían luchado al frente del ejército inglés contra los colonos franceses, se sintieron defraudados ante esta situación.

– Las leyes emanadas del Parlamento impedían el desarrollo económico de las colonias, ya que obligaban a los americanos a comerciar exclusivamente con la metrópoli y a transportar las mercancías en barcos ingleses.

– Asimismo, la expansión de los colonos fue prohibida en 1763 por los ingleses, que frustraron los deseos de los norteamericanos de ocupar nuevos territorios más allá de los Montes Apalaches.

– Por último, aunque la victoria suponía para la Corona Británica nuevos y extensos territorios, la guerra había dejado una gran deuda. El pueblo inglés se negó a tener que pagar más impuestos para saldar la deuda, y consideró razonable que fuesen los colonos quienes acarreasen con la deuda. Por ello, entre 1764 y 1767 el Parlamento inglés puso en vigor nuevos impuestos a las colonias. En 1764 se impuso el Sugar Act, una tasa que añadía un valor añadido al azúcar y otros productos importados a las trece colonias. Un año más tarde el Parlamento aprobó el Stamp Act, una nueva ley que obligaba a los colonos norteamericanos a pagar por sellos especiales para cualquier documento o artículo, incluyendo testamentos, almanaques, periódicos, licencias, etc. En 1767 el gobierno inglés firmó los Towhnshend Acts, que de nuevo imponían un valor añadido a productos como el papel, el cristal, la pintura o el té.

Todas estas medidas provocaron un profundo descontento entre los colonos, que protagonizaron diversas protestas, como la liderada por Patrick Henry, bajo el lema “No taxation without representation”, exigiendo derechos políticos de participación en el Parlamento. Los desórdenes urbanos hicieron que los británicos se viesen obligados a enviar soldados -los “casacas rojas”- a patrullar en las calles de las principales ciudades. Se creó un ambiente tenso, y los americanos aumentaron la resistencia y la cooperación entre las trece colonias actuando como un pueblo unido, desobedeciendo las leyes británicas, organizando protestas urbanas, boicoteando los productos ingleses, negándose a comprar mercancía británica y llegando a la violencia callejera.

En Boston sucedieron dos episodios muy significativos para el levantamiento del pueblo colonial norteamericano. En la noche del 5 de marzo de 1770, un grupo de unos cincuenta rebeldes se reunieron cerca del Old State House de Boston a burlarse de los soldados británicos. Cuando los revolucionarios lanzaron bolas de nieve y palos a los “casacas rojas”, estos perdieron el control y abrieron fuego, matando a cinco hombres. Este acontecimiento fue conocido como la Masacre de Boston, y se convirtió en un símbolo del maltrato y la tiranía de los ingleses en las colonias.

Hubo una ligera tregua entre el pueblo y los soldados, pero tres años más tarde tuvo lugar de nuevo en Boston otro hecho significativo, el Boston Tea Party (16/12/1773). En protesta contra el monopolio que la Compañía de las Indias Orientales ejercía sobre el té, un grupo de colonos disfrazados de Mohawks y liderados por Sam Adams, asaltaron los barcos mercantes atracados en los muelles de Boston y arrojaron al agua trescientas cuarenta y dos cajas de té.

En represalia, el gobierno británico cerró el puerto de Boston y estableció los Coercive Acts, que estipulaban que los soldados británicos acusados de cometer un crimen en las colonias debían ser juzgados en Inglaterra. Además mediante el Quebec Act, que extendía la provincia canadiense hasta el río Ohio, establecieron de nuevo los límites de expansión. Inglaterra decretó estas leyes, que los norteamericanos llamaron Intolerable Acts, con el objetivo de mostrar a los colonos quién tenía el poder y la autoridad.

Las nuevas medidas tomadas por el Parlamento inglés no provocaron otra cosa que la unificación del pueblo norteamericano contra la opresión británica. Así, en septiembre de 1774 se reunieron en Filadelfia los cincuenta y seis delegados del Primer Congreso Continental. Allí, los representantes de las doce colonias que asistieron exigieron al gobierno de Gran Bretaña que concediese la ciudadanía con todos sus derechos a los habitantes de Norteamérica y que los Intolerable Acts fuesen revocados. Además, juraron apoyarse en la lucha contra la dominación británica.

Mientras tanto, los ciudadanos de cada colonia se preparaban para una posible guerra contra los ingleses. En Massachusetts se habían organizado y habían reunido material de guerra en Concord, una localidad cercana a Boston. El 19 de abril de 1775 cerca de setecientos soldados británicos fueron enviados a destruir el arsenal de los rebeldes, pero los Hijos de la Libertad se enteraron de la maniobra inglesa y enviaron a Paul Revere y a William Dawes a que avisasen a los minutemen -se llamaban así pues tenían un minuto para dejar las tareas domésticas, coger las armas y salir a la calle para reunirse con el resto de los soldados norteamericanos- de las poblaciones cercanas a Concord. En su paso por Lexington, los ingleses se toparon con setenta minutemen que los estaban esperando, pero tras morir ocho de ellos, el resto huyeron dejando paso libre a los soldados británicos. Estos llegaron a Concord y destruyeron el material bélico que los colonos todavía no habían cogido. Pero cuando los ingleses iniciaron el regreso a Boston, el campo estaba plagado de minutemen armados y preparados para luchar. Sólo una brigada enviada desde Boston salvó a las ropas inglesas de una aniquilación total.

3 – LA REVOLUCIÓN FRANCESA

3.1 Orígenes de la Revolución

Desde hacía tiempo, el Estado francés se encontraba casi en bancarrota. Las cuantiosas sumas de dinero destinadas a costear las continuas y múltiples guerras, y la vida lujosa y derrochadora que llevaban los monarcas y la corte, suponían un gasto muy superior a los ingresos obtenidos con los impuestos pagados por el pueblo llano. Además, una serie de malas cosechas provocaron un alza en los precios de los alimentos, hambrunas y en consecuencia, el descontento popular. Este déficit financiero se hizo crónico y provocó el creciente endeudamiento del Estado francés.

Francia no podía continuar así, era necesario encontrar una solución, y los ministros del Borbón Luis XVI propusieron modificar el sistema fiscal para obligar a los estamentos privilegiados a contribuir a la hacienda pública, con el propósito de aliviar los problemas financieros estatales.

La nobleza y el clero defendieron sus tradicionales privilegios y mostraron su oposición a estos planes de reforma tributaria, negándose a pagar impuestos. Esta intransigencia forzó al monarca a convocar los Estados Generales del Reino, único órgano capaz de aprobar una reforma fiscal. Hacía más de 150 años que un rey francés no reunía a los representantes de los tres estamentos, pero la situación le obligó a hacerlo.

El 5 de mayo de 1789 se reunieron en Versalles los representantes de los tres estamentos con el propósito de solventar el problema financiero, pero en la práctica sirvieron de plataforma para que el Estado Llano -que representaba al 98 por ciento de la población francesa, y estaba constituido principalmente por burgueses- pidiese reformas políticas radicales, canalizando dichas demandas mediante los llamados Cuadernos de Quejas.

Tradicionalmente el número de delegados era parecido para los tres estamentos: el clero contaba con 291 diputados, la nobleza con 270, y el pueblo llano 289; cada estado estaba separado en el momento de deliberar, y tenía un único voto. Esto ponía en desventaja al Tercer Estado, pues nobleza y clero generalmente compartían opinión, siendo dos votos contra uno. De este modo, el Tercer Estado reclamó que los representantes del Tercer Estado no fuesen elegidos más que por ciudadanos pertenecientes verdaderamente al Tercer Estado, que sus diputados fuesen iguales en número a los de los dos órdenes privilegiados y que los Estados Generales no votasen por órdenes sino por cabezas. Las dos primeras peticiones del Tercer Estado fueron aprobadas, pues no cuestionaban el sistema absolutista, pero la última petición fue denegada porque implicaba conceder poder legislativo al pueblo y admitir el concepto de soberanía nacional.

Tras negar el voto personal al Tercer Estado, Luis XVI cerró la sesión, disolvió los Estados Generales y clausuró la Cámara donde las reuniones eran celebradas. Ante tal rechazo, los representantes del Tercer Estado optaron por reunirse separadamente para continuar sus deliberaciones en forma de Asamblea Nacional (17 de junio) -otorgándole el poder a la nación, concebida como entidad capaz de decidir por sí misma lo que es bueno para el pueblo-. Frente a las presiones para que la Asamblea Nacional se disolviese, el 20 de junio los diputados se congregaron en un frontón de Versalles, e inspirados por Mounier y Sieyès juraron “no separarse jamás y reunirse cuando así lo exigiesen las circunstancias hasta que la constitución sea aprobada y consolidada sobre unas bases sólidas”. El 9 de julio, la Asamblea Nacional se transformó en Asamblea Nacional Constituyente. Su creación significó el auténtico inicio del proceso revolucionario, pues se negaban la autoridad absoluta del monarca, los privilegios de la sociedad estamental, la tradición jurídica anterior, y se afirmaba el poder del pueblo.

Luis XVI reaccionó y concentró cerca de 30000 soldados en los alrededores de París con la intención de intimidar a los rebeldes. Cuando estas tropas esperaban la orden de disolver por la fuerza la Asamblea Nacional, los representantes burgueses recibieron el respaldo del campesinado y de los trabajadores de las ciudades. La revuelta se extendió por todas las provincias e incluso muchos soldados, que compartían las mismas aspiraciones que los insurrectos, se negaron indisciplinadamente a abrir fuego contra el pueblo. La revolución habría fracasado sin la movilización de miles de labradores, criados, pobres y obreros asalariados urbanos, que estaban hartos de soportar las subidas de impuestos, la falta de tierra, el paro, el rápido incremento de los precios de los alimentos y los bajos salarios.

El 14 de julio de 1789 las masas populares asaltaron y tomaron la Bastilla, un castillo-prisión parisino que simbolizaba la tiranía del rey y donde, curiosamente, había solo siete presos (un homicida, dos locos y cuatro falsificadores). Durante el asalto murieron un centenar de personas, incluido el comandante de la fortaleza, cuya cabeza fue clavada en la punta de una lanza y exhibida por las calles entre los aplausos de la multitud. La revolución también se extendió por el campo, en forma de revuelta anti señorial, quemando residencias y documentos nobiliarios.

3.2 Los revolucionarios al poder (1789 – 1792)

Tras los violentos sucesos acontecidos, el rey se vio obligado a ceder. Los revolucionarios triunfantes ocuparon el gobierno y rápidamente adoptaron una serie de disposiciones con el objetivo de desmontar las bases políticas y sociales del Antiguo Régimen. Hacia otoño de 1789 la Asamblea Nacional Constituyente inició un proceso reformista para convertir Francia en una monarquía constitucional y parlamentaria, suprimiendo el poder absoluto del rey (aunque se conservó a Luis XVI en el trono, sus poderes quedaron muy reducidos). Algunas de las primeras labores que realizó la Asamblea Nacional Constituyente fueron:

– Eliminación del sistema feudal y de todos los privilegios de la nobleza y el clero, incluidos los diezmos y los tributos señoriales que obligatoriamente habían pagado los campesinos desde la Edad Media.

Art. 1. La Asamblea Nacional suprime enteramente el régimen feudal y decreta que los derechos y deberes, tanto feudales como censales, […] la servidumbre personal y los que los representan, son abolidos sin indemnización, y todos los demás declarados redimibles, y que el precio y el modo de la redención serán fijados por la Asamblea Nacional.

Art. 3. El derecho de caza y coto abierto queda de igual forma abolido […].

Art. 4. Todas las justicias señoriales son suprimidas sin ninguna indemnización.

Art. 5. Los diezmos de cualquier tipo y los censos a que dieran lugar bajo cualquier denominación con que sean conocidos y percibidos, incluso por abono, poseídos por los cuerpos regulares y seculares, como sus beneficios, los edificios y todo tipo de manos muertas, incluso de la Orden de Malta y otras órdenes religiosas y militares […], serán abolidos.

Art. 7. La justicia será gratuita […].

Art. 11. Todos los ciudadanos, sin distinción de nacimiento, podrán ser admitidos a todos los empleos y dignidades eclesiásticas, civiles y militares, y ninguna profesión útil reportará deshonra.

Decreto del 4 de agosto 1789 de la Asamblea Nacional Constituyente

– Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (26 de agosto de 1789), estableciendo el principio de libertad, igualdad y fraternidad para todos los ciudadanos. Esta declaración garantizaba la libertad, la propiedad y la igualdad ante la ley, anulaba las discriminaciones fiscales y abría el acceso a los cargos públicos a los individuos de todos los grupos sociales (los nobles perdieron así el privilegio de ocupar en exclusiva los altos puestos en el ejército y en la administración estatal).

Los representantes del pueblo francés, constituidos en Asamblea Nacional, considerando que la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos del hombre son las únicas causas de las desgracias públicas y de la corrupción de los gobiernos, han resuelto exponer, en una declaración solemne, los derechos naturales, inalienables y sagradas del hombre […].

Artículo 1. Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos, las distinciones sociales no pueden fundarse más que sobre la utilidad común.

Artículo 2. El objeto de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre. Estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.

Artículo 3. El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación. Ningún cuerpo ni individuo puede ejercer autoridad que no emane expresamente de ella.”

Fragmento de La Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, 26 de agosto de 1789

– Redacción de la Constitución Civil del Clero (aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente el 12 de julio de 1790), que suponía la formación de una Iglesia nacional desgajada de la obediencia del Papa. Todas las propiedades de la Iglesia Católica fueron confiscadas sin indemnización y vendidas en subastas públicas para pagar la enorme deuda estatal. Además, el diezmo quedó abolido, muchos conventos fueron cerrados, se ordenó la elección de los obispos y los sacerdotes por los ciudadanos, la remuneración del clero quedó a cargo del Estado y se exigió a los clérigos franceses jurar lealtad a las leyes revolucionarias. Todas estas medidas anticlericales convirtieron a muchos católicos en enemigos de la Revolución.

– Abolición de los gremios.

Art. 1º. Siendo una de las bases fundamentales de la Constitución francesa la desaparición de todas las corporaciones de ciudadanos de un mismo estado y profesión, queda prohibido establecerlas de hecho, bajo cualquier pretexto o forma que sea.

Art. 2º. Los ciudadanos de un mismo estado o profesión, los empresarios, los que tienen comercio abierto, los obreros y oficiales de un oficio cualquiera, no podrán, cuando se hallaren juntos, nombrarse presidentes, ni secretarios, ni síndicos, tener registros, tomar acuerdos o deliberaciones o formar reglamentos sobre sus pretendidos intereses comunes.

Fragmento de la Ley Le Chapelier de 14 de junio de 1791

En la noche del 20 al 21 de junio de 1791, disfrazado de aristócrata ruso, Luis XVI intentó huir a Austria junto a sus hijos y su mujer María Antonieta para reunirse con el ejército de Lorena. Fuese esa la verdadera causa de su huida, o el temor a ver cada vez más limitado su poder en general, lo cierto es que fueron descubiertos y capturados en la localidad de Varennes en la tarde del 21 de junio, y llevados de vuelta a París.

Además, la Asamblea Nacional Constituyente alcanzó su objetivo primordial al redactar y aprobar una Constitución de carácter liberal el 3 de septiembre de 1791. Ésta organizaba un régimen de monarquía parlamentaria y establecía los principios liberales básicos: la soberanía nacional, la igualdad legal de los ciudadanos, los amplios derechos y libertades y la división de poderes.

El poder legislativo quedaba en manos de una asamblea única, permanente, inviolable e indisoluble. La Asamblea Legislativa estaba integrada por 745 miembros que eran elegidos cada dos años. Esta asamblea tenía derecho de iniciativa y votaba las leyes, controlaba la política exterior, aprobaba los impuestos y supervisaba a los ministros.

El poder ejecutivo le correspondía al monarca, quien era considerado representante de la Nación. La Monarquía era hereditaria pero el Rey debía jurar fidelidad a la Nación y a las leyes emanadas de la Asamblea. Nombraba los altos funcionarios y tenía la potestad de elegir y destituir a sus ministros, cuyas firmas eran necesarias para la validación de las órdenes regias. El rey también dirigía la diplomacia pero no podía declara la guerra sin consentimiento de la Asamblea. Tenía el derecho de veto suspensivo, por el cual podía negarse por cuatro años a dar cumplimiento a las resoluciones de la Asamblea, derecho que no se aplicaba a las leyes constitucionales ni a las fiscales.

La Constitución de 1791 también establecía un sistema electoral indirecto y restringido por el que se concedía derecho de voto al 17 por ciento de la población francesa, quedando excluidas las mujeres, los pobres y los menores de edad. El sufragio censitario dividía a los ciudadanos en activos y pasivos. Los activos eran quienes, además de cumplir con requisitos de edad y domicilio, pagaban una contribución equivalente a tres jornadas de trabajo. Quienes no podían pagar eran considerados ciudadanos pasivos y no tenían derecho a votar.

[…] la Asamblea nacional reconoce y declara, en presencia del Ser Supremo y bajo sus auspicios, los siguientes derechos del hombre y del ciudadano:

Artículo 1.- Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales sólo pueden fundarse en la utilidad común.

Artículo 2.- La finalidad de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre. Tales derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.

Artículo 3.- El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación. Ningún cuerpo, ningún individuo, pueden ejercer una autoridad que no emane expresamente de ella.

Artículo 17.- Siendo la propiedad un derecho inviolable y sagrado, nadie puede ser privado de ella, salvo cuando la necesidad pública, legalmente comprobada, lo exija de modo evidente, y a condición de una justa y previa indemnización.

Constitución de 1791, 3 de septiembre

La promulgación de esta constitución por parte de la Asamblea Nacional Constituyente era un gran avance respecto de la situación pre-revolucionaria. Sin embargo, en la práctica implicaba el triunfo de la media y alta burguesía conservadora, pues era una especie de solución intermedia con la monarquía. La nueva constitución encontró la oposición de gran parte de la nobleza y del clero, que se negaban a renunciar a sus privilegios y del rey, que no aceptaba la pérdida y la reducción de sus poderes. Por otro lado, las clases populares mostraron su descontento porque se sintieron traicionados y manipulados por la burguesía, que no había sabido satisfacer sus deseos. El equilibrio que perseguía esta legislación terminaría por ser demasiado precario, y en apenas un año sería dejada de lado.

Esta Monarquía Constitucional fracasó pocos meses después de su instauración, a causa de la actitud contrarrevolucionaria y conspiradora de algunos sectores de la sociedad, que apoyaban a Luis XVI en su deseo de volver al absolutismo. Conservar al monarca en el trono suponía un peligro para el desarrollo de la Revolución, pues Luis contaba con el apoyo interno de numerosos aristócratas, clérigos e incluso campesinos -que veían cómo la figura de su admirado rey había disminuido-, y con la ayuda externa de algunos reyes europeos.

Al mismo tiempo, el gobierno revolucionario se enfrentaba a otro peligro, ya que Austria y Prusia -dos estados monárquicos absolutistas- habían pactado en agosto de 1791 una intervención militar en ayuda del rey francés (Declaración de Pillnitz). En abril de 1792, la Asamblea Legislativa declaró la guerra a Austria, y el ejército austriaco invadió Francia llegando a situarse a menos de 300 kilómetros de París. La invasión extranjera provocó el pánico y desató la ira popular. El frente revolucionario se dividió, surgiendo grupos radicales (como el de los jacobinos o los cordeliers) que reivindicaban cambios democráticos y sociales avanzados. El 10 de agosto una muchedumbre enfurecida asaltó el Palacio de las Tullerías, irrumpió en las habitaciones y apresó a toda la familia real.

3.3 La Convención Nacional Republicana (1792 – 1794)

En septiembre de 1792 se creó la Convención Nacional como órgano supremo de gobierno quedando instaurada la República, que sustituyó a la monarquía. La Convención elaboraba y promulgaba las leyes, nombraba los miembros del Comité de Salvación Pública –encargado de la inspección comarcal, del control de los ejércitos y de la supervisión del Consejo Ejecutivo y de proponer leyes a la Convención–, y elegía a los miembros del Comité de Seguridad General y del Tribunal Revolucionario, que llevaban la justicia y la seguridad policial. Sin embargo, la escisión no había cesado, y dentro de la propia Convención se podían distinguir diferentes tendencias ideológicas.

En primer lugar se hallaban los Girondinos –llamados así porque muchos de ellos provenían de la región del suroeste de Francia, la Gironda– que liderados por Brissot representaban a la alta burguesía. Eran liberales moderados partidarios de controlar con mesura y orden el proceso revolucionario. Constituían la derecha revolucionaria, y tuvieron el poder desde septiembre de 1792 hasta junio de 1793. Nada más proclamarse la Convención, llevaron a cabo un juicio contra el rey Luis XVI y su esposa María Antonieta, que fueron acusados de traición, condenados y ejecutados en la guillotina. La muerte del monarca provocó la alianza de las monarquías europeas, que formaron una nueva coalición contra la Francia revolucionaria.

En la primavera de 1793, la República se hallaba en peligro, en gran parte porque Francia ya no podía resistir más ofensivas de los ejércitos prusianos, ingleses y austriacos. Además, el gobierno girondino no había sabido satisfacer las necesidades de los sectores bajos de la sociedad, lo que provocó el descontento de las clases populares. Estallaron numerosas revueltas contrarrevolucionarias, sobre todo en zonas rurales como La Vendée, donde los campesinos se levantaron principalmente contra las medidas anticlericales tomadas por los gobernantes.

En junio se hicieron con el poder los jacobinos, liderados por Robespierre y Saint-Just, y denominados así en alusión a un convento donde celebraron durante un tiempo sus reuniones. Estos constituían el ala radical de la revolución, pues movidos por ideales democráticos defendían medidas izquierdistas y exaltadas. En la Asamblea Nacional se habían sentado en los puestos más altos de la tribuna izquierda, por lo que también eran conocidos como la “Montaña”. Representaban a las clases medias y bajas y contaban con el apoyo de los sans-culottes (miembros de las clases populares urbanas, artesanos, dependientes de tiendas, trabajadores desempleados y golfos semidelincuentes).

Como expresión de la ruptura total del tiempo revolucionario con el pasado, el nuevo gobierno cambió hasta los nombres de los meses, adoptando un nuevo calendario. El 22 de septiembre de 1792 se convirtió en el primer día del año I, los meses pasaron a tener tres semanas de diez días, y los meses tomaron nuevos nombres ligados al tiempo (Vendémiaire, Brumaire, Frimaire, Nivôse, Pluviôse, Ventôse, Germinal, Floréal, Prairial, Messidor, Thermidor y Fructidor).

Desde que los jacobinos más fanáticos y exaltados desbancaron a los girondinos, la revolución se radicalizó y se llevó al extremo llevando a cabo una política conocida como el Terror. Se inició un periodo de verdadera y violenta represión contra todo aquel que “no defendía bien la revolución”, principalmente girondinos y monárquicos. Para ello, se creó el Comité de Salvación Pública, comisión encargada de asegurar el buen desarrollo de la revolución que se convirtió en el verdadero órgano de gobierno de la Convención. También ofrecieron picas, espadas y fusiles a los sans-culottes, que se adueñaron de las calles de la capital francesa, aterrorizaron a los ricos e incluso llegaron a intimidar a los diputados dentro del mismo parlamento para influir en sus decisiones. Se efectuaron detenciones masivas y más de 45.000 personas fueron ejecutadas tras ser acusadas de acaparar alimentos, eludir el reclutamiento militar obligatorio o participar en conspiraciones contra la República (el 70 por ciento de los condenados eran campesinos o trabajadores humildes, el 14 por ciento pertenecían a las clases medias, el 9 por ciento eran nobles y el 7 por ciento eran clérigos). Incluso llegaron a ser ajusticiados significados líderes nada moderados como Danton o Hébert, ambos cordeliers (grupo de revolucionarios todavía más exaltados e intransigentes que los jacobinos).

Robespierre también decretó medidas descristianizadoras como la desaparición del culto católico y el cierre de todas las iglesias, ordenó el reparto de tierras entre los campesinos, y estableció un completo control gubernamental sobre la economía nacional fijando precios, producción, salarios y beneficios empresariales. Por último, redactaron y el 24 de junio de 1793 promulgaron una nueva Constitución (conocida como la Constitución del año I). Ésta, de carácter democrático, establecía el sufragio universal masculino (derecho a voto sin limitaciones para todos los ciudadanos varones mayores de edad), el reconocimiento del divorcio y la abolición de la esclavitud.

No obstante, el gobierno jacobino hubo de enfrentarse a una fuerte revuelta de campesinos católicos en la región costera atlántica de la Vendée en 1793. La mayoría de los habitantes de aquella región se levantaron en armas porque se negaban a aceptar las medidas y cambios revolucionarios que afectaban tan directamente a la Iglesia en Francia y porque rechazaban el reclutamiento forzoso de hombres para la guerra. La subida de precios de los bienes y productos básicos también influyó a que el pueblo se rebelara. Las tropas enviadas por Robespierre aplastaron a los rebeldes y destruyeron sus casas, cultivos y cabezas de ganado. Más de 25.000 vendeanos murieron en combate o fueron asesinados brutalmente hundiéndoles en el río Loire.
Mientras las revueltas de la Vendée eran sofocadas, buena parte del ejército se enfrentó a Gran Bretaña, España, Rusia y Holanda, que se habían unido a prusianos y austriacos contra la Francia regicida. El ejército francés frenó la invasión extranjera y derrotó en 1794, de manera sorprendente, a las tropas austriacas en la batalla de Fleurus, a los británicos en Toulon y a los españoles en Figueras.

En verano de 1794 los peligros disminuyeron, pues las revueltas interiores habían sido oprimidas y los ejércitos franceses se habían impuesto a los de la coalición extranjera. Pero la radicalización de la revolución, el Terror y el gobierno dictatorial de los jacobinos provocaron la oposición de gran parte de la población. La “Llanura”, el sector más rico y moderado de la burguesía, que temía el extremismo y los excesos igualitarios de los jacobinos así como el retorno al antiguo absolutismo (por parte de las coaliciones extranjeras), protagonizó el golpe de Estado de Termidor (27 de julio de 1794). Robespierre, Saint-Just y otros cien miembros de su partido fueron detenidos y guillotinados sin juicio previo.

3.4 El Directorio (1795 – 1799)

3 – LA EUROPA NAPOLEÓNICA

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Tema 1 – El proceso de industrialización

Posted by Ignacio Cabello en 24 noviembre, 2012


Esto es un borrador, la publicación final está en espera

1 – LA VIDA ECONÓMICA EN LA ÉPOCA PREINDUSTRIAL

1.1 Sociedades agrarias y rurales

Antes de que la industrialización revolucionase la sociedad y la economía de los países que la sufrieron, la inmensa mayoría de los aproximados 700 millones de habitantes que poblaban el planeta a principios del siglo XVIII vivían en pequeñas ciudades o poblaciones rurales, trabajaban el campo y eran analfabetos. Durante esta época anterior a la Revolución Industrial, las actividades económicas predominantes eran la agricultura y la cría de ganado. El 85 por ciento de la población europea llevaba a cabo tareas agropecuarias en núcleos rurales, siendo el trabajo compartido por hombres, mujeres y niños, es decir, un trabajo familiar. Los cultivos principales eran la cebada –para producir cerveza–, el centeno, el trigo y la avena –para la producción de harina–, la vid, el lino –como material principal en la manufacturación de ropas–, los olivos y las plantas forrajeras destinadas a la alimentación de los animales, que a su vez proporcionaban carne, fuerza de tiro y el estiércol necesario para la fertilización de los campos.

La ganadería formaba parte también de las principales labores económicas, pero generalmente cuando se criaba animales no era para el consumo de su carne (salvo el caso del cerdo, que era caro de mantener y del cual se aprovechaba todo). Los animales de tiro (mulas, caballos, burros y bueyes) servían como fuente de energía para las tareas agrícolas, por lo que no eran animales para el consumo de su carne. La poca caza existente era o bien nobiliaria o bien furtiva. De tal modo, el aporte proteínico a la dieta campesina tenía que ser en forma de aves, huevos y pesca (y cerdos en caso de que dicha familia pudiese permitirse criarlos).

La agricultura y ganadería eran de subsistencia, es decir las familias producían lo mínimo necesario para el autoconsumo y la supervivencia. La dieta básica se componía de pan, legumbres, tocino y vino, que tuvo que sustituir a la carne como fuente de calorías necesarias para trabajar el campo. Las poblaciones rurales eran muy vulnerables a la naturaleza, al tiempo y a la meteorología, y con frecuencia las malas cosechas provocaban escasez de alimentos y subida de precios que extendían el hambre por la población.

Podemos ver, que entrado el siglo XVIII, el sistema económico del campo se parece mucho al feudalismo medieval, en esencia es idéntico. La mayoría de los campesinos no eran propietarios de las tierras que cultivaban, casi todos eran arrendatarios (aldeanos que trabajaban tierras alquiladas a los nobles) y jornaleros (campesinos asalariados). Además, en el noreste de Europa millones de campesinos siervos seguían sometidos a los grandes señores latifundistas en difíciles condiciones similares a las medievales.

1.2 Atraso técnico

Una característica sobresaliente de la economía preindustrial es el retraso y estancamiento tecnológico. Las técnicas y herramientas usadas en los sectores agrario y artesanal resultaban rudimentarias y anticuadas. Así, continuaban utilizándose carros de madera y arados de vertedera semejantes a los empleados por los antiguos romanos.

Los sistemas de cultivo permanecían igual de atrasados que las herramientas, ya que los labradores dejaban buena parte de las tierras en barbecho para que pudiesen recuperar los elementos minerales perdidos al ser cultivadas ininterrumpidamente. Más llamativa aún es la técnica que usaban los campesinos rusos, la agricultura itinerante de cremación, que consistía en quemas una zona de bosque para plantar sobre las cenizas, que eran ricas en nutrientes. Sin embargo, ambas técnicas resultaban anticuadas y eran poco productivas.

Por último, las únicas fuentes de energía utilizadas eran la muscular (humana y animal) y el aprovechamiento de las fuerzas del agua y del viento (molinos, barcos veleros). En estas condiciones el crecimiento económico en el mundo preindustrial era prácticamente nulo, de modo que la producción, las ventas y el consumo no aumentaban de un año para otro.

1.3 El comercio en el mundo preindustrial

Para que exista actividad comercial es necesario que haya oferta de productos –y por lo tanto excedentes que se puedan vender en el mercado–, demanda –comprador que necesite dicho producto y que además pueda permitírselo–, y un medio para transportarlo.

El comercio local y a corta distancia era escaso porque los medios de transporte –carretas tiradas por animales y barcazas de madera que circulaban por ríos– resultaban lentos e inadecuados, por las malas condiciones en las que se hallaban los caminos –pedregosos y embarrados–, y por la inseguridad que causaban los numerosos bandoleros al asaltar los caminos. Además, la economía era de autoconsumo, y los campesinos no tenían demasiado dinero, por lo que no había ni muchos excedentes ni demanda. Un último factor que hacía que el comercio fuese escaso es que muchas veces no salía rentable vender tus productos en los pueblos de alrededor, pues se tardaba bastante tiempo en ir hasta ellos y los precios no podían ser muy altos porque si lo fuesen los aldeanos no podrían pagarlos.

Por el contrario, el comercio internacional a larga distancia había experimentado un gran desarrollo en los siglos XVII y XVIII. Era principalmente por mar, y se efectuaban intercambios de productos en grandes cantidades entre las colonias y las metrópolis, y entre países. Sólo los miembros de las clases altas se beneficiaron de este comercio, pues eran los únicos con el capital suficiente para permitirse productos traídos del extranjero. Es más, mayoritariamente eran las casas reales las que compraban y vendían a gran escala.

Se intercambiaban productos muy variados, como sedas, especias, metales, madera, café, azúcar, algodón y objetos artesanales. El comercio de esclavos negros, aunque inmoral, fue muy importante y produjo muchos beneficios para los comerciantes europeos. Las principales rutas comerciales atravesaban el Mediterráneo, el Báltico, el Atlántico y el Índico. Salían barcos mercantes desde los puertos más importantes de Inglaterra, Alemania, Francia, España, Holanda, Portugal y de sus colonias en América, África y Asia. Este desarrollo comercial y consecuente enriquecimiento favorecieron que en ellos se produjese antes la Revolución Industrial.

De todas formas, los viajes en barcos de vela eran complicados, largos, incómodos y peligrosos. Esta necesidad de mejora tanto del transporte terrestre como del marítimo fueron objetivos primarios una vez introducida la máquina de vapor.

1.4 Producción artesanal urbana y rural

Desde el siglo XII habían existido los gremios, asociaciones de artesanos dedicados al mismo oficio en una misma ciudad que controlaban la actividad artesanal limitando la libertad de producción y venta e impidiendo la libre competencia entre miembros del gremio para evitar monopolios y desigualdades. Las manufacturas se elaboraban en los talleres, donde trabajaban cinco o seis personas: el maestro –dueño del taller, de las herramientas y de las materias primas–, dos o tres oficiales asalariados y un par de aprendices que trabajaban a cambio de comida y un lecho donde dormir.

En las zonas rurales eran las familias campesinas las que una vez terminadas las tareas en el campo elaboraban en sus hogares productos artesanales –utensilios y herramientas y ropas de lana, cuero y algodón–. Aparte de producir lo justo para su autoconsumo, existía lo que los historiadores han denominado Domestic System. Esto era un tipo de industria rural en la que un comerciante contrataba a familias campesinas para que éstas fabricasen productos manufacturados –principalmente ropas– a partir de las materias primas que el comerciante suministraba. El Domestic System surgió como alternativa a los gremios, pues ofrecía mayor libertad a la hora de producir porque no había nadie que lo controlase. Sin embargo, este sistema presentaba algunas desventajas, porque las tareas se realizaban de manera discontinua –los campesinos estaban atados a los calendarios agrícolas y no siempre disponían del tiempo necesario– y sin presencia de supervisores que garantizasen la calidad de los productos. Para resolver el problema de la inconstancia en la elaboración de productos artesanales y de su calidad, se desarrolló un nuevo sistema de producción: la industria fabril.

Fuera de Europa las sociedades también eran agrarias y rurales, predominando la agricultura como base de la economía. En América existían enormes latifundios en los que los esclavos negros provenientes de África trabajaban plantaciones de azúcar, cacao, café y algodón para la exportación de dichos productos al continente europeo. En la India los colonos británicos y portugueses fomentaron los cultivos exóticos (té, seda…) para su venta en las metrópolis y en el resto de países europeos. En África tanto la ganadería como la agricultura eran de subsistencia y autoconsumo.

2 – LA INDUSTRIALIZACIÓN

Si bien hasta mediados del siglo XVIII la economía se encontraba estancada y el crecimiento era nulo, una serie de cambios en el sistema de producción, de innovaciones técnicas aplicadas al trabajo fabril y a los transportes; hicieron que la economía creciese de manera continuada y sostenida afectando a la sociedad del momento.

2.1 Paso de una economía agraria a una economía industrial

Los signos distintivos de la nueva época industrial fueron las nuevas fuentes de energía (vapor de agua y carbón como combustible), el reemplazo de las antiguas herramientas por máquinas modernas, el cambio de las industrias domésticas y urbanas en talleres a las fábricas, y los nuevos medios de transporte (ferrocarril y barcos de vapor). Poco a poco la industria desplazó a la agricultura, haciendo que el segundo sector económico predominase sobre el primero.

Durante esta época de desarrollo hubo un crecimiento económico y constantes incrementos en la producción, venta y consumo de productos, dando lugar a una acumulación de capitales que tendrá como consecuencia una sociedad capitalista, en la que el dinero significa posibilidad de inversión y de crecimiento económico.

Los viejos métodos de obtención de energía fueron sustituidos por la energía proporcionada por el vapor de agua, que se empleó para mover todo tipo de máquinas y que convirtió al carbón en el nuevo combustible. Sin embargo, el carbón requiere cierto proceso de extracción. No se puede cultivar o producir, hace falta obtenerlo de un yacimiento hullero. De este modo, la Revolución Industrial estuvo condicionada por la disponibilidad de materias primas y de carbón.

2.2 Innovaciones técnicas: el maquinismo

La introducción de máquinas en la fabricación de productos desplazó a la mano humana en el trabajo. Como consecuencia se redujeron los costes, se incrementó y aceleró la producción, y por tanto los empresarios obtuvieron mayores beneficios. En contra partida, numerosos peones se quedaron sin trabajo por la introducción de máquinas, y tuvieron que adaptarse a la industrialización dedicándose a nuevas industrias, como la producción y fabricación de máquinas, la minería –que se desarrolló mucho durante el periodo de industrialización–, la construcción… Las máquinas fueron utilizadas en la industria textil, la siderurgia, la extracción de minerales, la agricultura, las imprentas, la navegación y el transporte terrestre.

La máquina hiladora creada por el inglés Richard Arkwright en 1769 multiplicó la velocidad en la elaboración de hilos de algodón para la industria textil, y el telar mecánico inventado en 1787 por Edmund Cartwright entrelazaba los hilos produciendo telas con gran rapidez no obstante, la máquina de vapor del ingeniero escocés James Watt (1782) se convirtió pronto en el descubrimiento de mayor trascendencia.

Para construir máquinas, fábricas, ferrocarriles y barcos de vapor –todos hechos a partir de estructuras metálicas– era necesario mejorar y encontrar materiales más resistentes y duraderos. Por ello, en el sector metalúrgico se llevaron a cabo innovaciones revolucionarias similares. Desde 1776, John Wilkinson mejoró el sistema de obtención de hierro, fundiendo en altos hornos el mineral de hierro con hulla. Diez años más tarde, Henry Cort ideó un nuevo método para obtener hierro de mayor calidad, flexibilidad y resistencia; y finalmente en 1855 Henry Bessemer descubrió una fórmula más rápida y barata para fabricar acero, mezclando hierro fundido y carbono.

Los avances técnicos introducidos en la metalurgia y la fundición fueron igualmente aplicados a la construcción de armamento militar. En 1808, el británico William Congreve inventó un prototipo de proyectil explosivo a propulsión de 17 kg que alcanzaba blancos a 2500 metros de distancia. Gracias a los nuevos proyectiles, las murallas de las ciudades dejaron de ser imprescindibles, pues con la nueva tecnología militar se podía destruir una ciudad sin derribar las murallas.

Las nuevas máquinas fueron empleadas también en los transportes, tanto en el terrestre como en la navegación. Gracias al ferrocarril y al barco de vapor las comunicaciones se hicieron más sencillas y se acortaron las distancias. Así, el comercio fue más rápido, barato y se internacionalizó todavía más, pues cada vez era más fácil llegar a otros países. Asimismo, las mejoras en los transportes afectaron al campo militar, pues las maniobras de desplazamiento de tropas fueron más sencillas y rápidas que antes. Igualmente sucedió con las relaciones diplomáticas.

Las imprentas se mejoraron gracias a la máquina de vapor. Los avances en la imprenta fueron muy importantes y significativos, pues la Ilustración fomentó la difusión de libros, y gracias a estas mejoras fue más rápida. Además de los libros ilustrados, la imprenta dio pie al nacimiento de la prensa. Por último, las nuevas ideologías y movimientos obreros encontraron en la imprenta un medio de propagación de sus ideas, que tanto marcaron los siglos XIX y XX. De nuevo los avances técnicos empujaron a los países industrializados hacia una globalización.

2.3 La fábrica y la nueva organización del trabajo

Las fábricas sustituyeron a los antiguos talleres urbanos y a las industrias familiares del Domestic System. En primer lugar, las tradicionales herramientas usadas en la elaboración de productos artesanales fueron sustituidas por modernas máquinas que cada vez eran más eficaces y sofisticadas. El lugar de trabajo ya no eran los talleres o las viviendas campesinas, las tareas industriales se llevaban a cabo en las fábricas, grandes y espaciosos edificios donde se concentraban decenas de operarios –frente a los cinco o seis artesanos que podía albergar un taller– manejando los motores y aparatos mecánicos bajo la presencia de supervisores. Poco a poco las fábricas fueron sustituyendo a los talleres y a los gremios, causando la ruina para muchos artesanos.

El patrono mantenía el control de las nuevas fábricas, pues al igual que un maestro artesano, era el dueño de las instalaciones, las materias primas y las máquinas. Pero, a diferencia de un maestro artesano, el patrono no tenía por qué saber elaborar los productos que se hacían en su fábrica.

También se introdujeron cambios en la organización del trabajo. En las fábricas se implantó la producción en serie, la fabricación de bienes en grandes cantidades utilizando diseños estandarizados para que todos sean iguales. De este modo, se redujeron costes porque no era necesario tener distintos tipos de máquinas para diferentes productos.

Habitualmente la producción en serie iba acompañada de una fuerte división del trabajo, que consistía en fragmentar el proceso de elaboración del producto en distintas tareas, encargándose de cada una de ellas un operario diferente. La ventaja de la división del trabajo es que en cada estación de la cadena de montaje habrá lo necesario –máquinas, herramientas y materias primas– para que el trabajador encargado de llevar a cabo dicha parte del proceso de producción no pierda tiempo desplazándose por la fábrica en busca de materiales. Este nuevo sistema fabril de producción era muy eficaz, y aumentó la productividad de las empresas y fábricas. Sin embargo, este sistema provocó algunos efectos negativos, pues los operarios pasaron a realizar tareas muy repetitivas, monótonas y aburridas, perdiendo la conciencia de estar fabricando mercancías concretas.

2.4 La revolución de los transportes y de las comunicaciones

Otra de las señas de identidad de la industrialización del siglo XIX fue la aparición de novedosos medios de locomoción que utilizaron las nuevas tecnologías, máquinas y fuentes de energía, como los buques a vapor y los ferrocarriles.

El ferrocarril, estrenado en 1830 en la línea Manchester-Liverpool, no sólo fue un signo de industrialización, sino también una fuente de desarrollo. Fue necesario fabricar muchas máquinas de vapor, multiplicar la producción de vidrio y madera, extraer enormes cantidades de carbón, producir millones de toneladas de hierro (un kilómetro de vía férrea requería casi 300 toneladas), contratar a cientos de miles de trabajadores e invertir cuantiosas sumas de dinero. Por todo ello, la expansión del ferrocarril y de la navegación a vapor tuvo repercusiones muy beneficiosas para la industria metalúrgica, para la minería y para el comercio, ya que mejoró el transporte de mercancías desde los lugares de producción a los centros urbanos de consumo. Para los hombres del siglo XIX, el ferrocarril se convirtió pronto en el máximo símbolo del progreso, de la fuerza y de la modernidad.

El telégrafo, inventado en 1837, modificó y aceleró la transmisión de mensajes y noticias a larga distancia. En pocos años Europa había sido cubierta por miles de kilómetros de líneas telegráficas, y a partir de 1865 comenzaron a tenderse cables submarinos intercontinentales. Al telégrafo se sumó la prensa, que difundía y anunciaba las noticias más importantes de cada localidad o país.

2.5 Las actividades financieras

Los bancos habían existido desde la Edad Media como depósitos de dinero, pero durante el periodo de industrialización el papel que jugaron los bancos fue decisivo. El flujo de dinero tuvo que ser mayor, pues las nuevas actividades económicas (industria fabril, servicios de transporte, construcción de máquinas…) y el aumento del comercio requerían un desarrollo de la circulación monetaria. Los bancos resultaron una institución muy importante en el desarrollo del capitalismo, ya que ofrecían préstamos a las empresas, actuaban de inversores indirectos (compra de acciones) y facilitaban los pagos mediante cheques y letras de cambio. En consecuencia, la banca se convirtió en intermediaria entre los ahorradores, que entregaban su dinero en depósito, y los industriales, que necesitaban capitales para invertir.

Las empresas exigían grandes aportaciones de dinero, que un solo empresario no podía suministrar. Entonces surgieron las sociedades anónimas, mediante las cuales el capital que requiere la empresa es fraccionado en acciones. Éstas pueden ser adquiridas y vendidas por cualquier particular en la bolsa de valores.

2.6 Liberalismo, capitalismo y burguesía

La Revolución Industrial sólo pudo darse en aquel país en el que el pueblo (o parte de él, dependiendo del sufragio) tomase parte de la vida política de la nación, es decir aquel país que no conservaba el absolutismo como doctrina política. Inglaterra fue el primer país que tuvo una monarquía parlamentaria de poder limitado, y más adelante por Estados Unidos y Europa se sucedieron una serie de revoluciones populares cuyo fin era abolir el absolutismo para dar comienzo al liberalismo. El liberalismo fundamenta la sociedad en el individuo personal, y por tanto, el Estado debe garantizar los derechos y libertades de los ciudadanos libres que forman la nación. Puesto que el poder viene otorgado del pueblo –soberanía nacional–, las decisiones emanan del Parlamento, una asamblea elegida por sufragio que elabora las leyes. También se defiende la división de poderes para que éstos no sean nunca absolutos (tiranía).

Una serie de pensadores británicos definieron a finales del siglo XIX el capitalismo, la doctrina económica que sustentaba al liberalismo político. Entre ellos destacó Adam Smith, que en su principal obra, La riqueza de las naciones (1776), estableció las bases y los principios de este nuevo sistema económico.

El capitalismo favorece la propiedad privada, pues el control de la mayor parte de las empresas y de las tierras se encuentra en manos de propietarios particulares. Esta preeminencia de la propiedad privada es fundamental, porque se pasa de una sociedad estamental en la que uno pertenecía a un grupo social por nacimiento, a una sociedad clasista en la que la propiedad y la capacidad económica determinaban la condición social, quedando dividida en propietarios burgueses y obreros. Éstos últimos carecían en muchos casos de derechos políticos, es decir, no formaban parte de la sociedad y no podían votar (sufragio restringido o censitario).

La nueva sociedad capitalista confiaba en el esfuerzo y la iniciativa individual para aumentar el crecimiento económico, pues constituyen el motor de la economía. Sin embargo, el individualismo promulgado por el liberalismo económico causó una falta de solidaridad y grandes desigualdades en la sociedad, enriqueciéndose los ricos y empobreciéndose los pobres.

La obtención del máximo beneficio y la reducción de costes de producción para competir en mejores condiciones supusieron objetivos básicos de toda actividad económica. Gracias a la competitividad entre empresas hubo innovación, dinamismo y evolución de nuevos productos. Además, la lucha por producir más barato fue un constante estímulo para la mecanización y renovación tecnológica. De no ser por la ley de la competencia, no habría habido mejoras en los productos, como sucedía durante el absolutismo.

Otro pilar del capitalismo es la libertad a la hora de crear empresas, producir y contratar trabajadores. A diferencia de los gremios o los países en los que el Estado interviene en la economía, los empresarios de la nueva era eran libres para abrir fábricas, contratar y despedir trabajadores y producir cuanto y como deseasen. De este modo, el capitalismo generó una sociedad dinámica en la que eran los burgueses propietarios los que decidían y tenían el poder sobre los obreros.

Por último, cabe resaltar que todos los avances y los efectos de la energía del vapor mencionados anteriormente, no sólo se sintieron en el campo de la tecnología, sino en casi todos los aspectos de la sociedad y de la civilización humana. Todo el progreso técnico provocó una atmósfera de optimismo en la que se creía que la tecnología y el vapor iban a rescatar a la humanidad. Cuando el rey Jorge II de Inglaterra visitó la fábrica de Boulton & Watt, Matthew Boulton –capitalista que financió las invenciones de James Watt– le aseguró: «Majestad, tengo a mi disposición lo que el mundo necesita; algo que impulsará más que nunca la civilización, al librar al hombre de todas las tareas indignas. Tengo la energía del vapor». La burguesía capitalista empezó a disponer de bienes y servicios –como los nuevos medios de transporte que permitían viajar más fácilmente, el comercio que puso a su alcance productos traídos de lejos, las mejoras en la industria textil que trajeron con sí nuevas modas y vestidos, el desarrollo de las imprentas y de la prensa, etc.– que hacían la vida más fácil y cómoda.

3 – LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL EN INGLATERRA

El proceso de industrialización comenzó en Inglaterra, puesto que era el único país que reunía, a mediados del siglo XVIII, un conjunto de circunstancias ventajosas que permitieron el temprano origen de su desarrollo.

3.1 Revolución agrícola

Un paso previo y necesario para el crecimiento industrial fue la renovación y transformación del sector agrario, proceso que comenzó a finales del siglo XVII. Los cambios introducidos por campesinos y ganaderos emprendedores provocaron un incremento espectacular en la producción total de alimentos y en el rendimiento.

La revolución agrícola se caracteriza por una transformación radical de los sistemas de producción: paulatina desaparición del barbecho y sustitución por la rotación de cultivos o sistema Norfolk, que incrementa el volumen de las cosechas; la consecuente estabulación del ganado; introducción de nuevos de cultivos (maíz, patata, plantas forrajeras…) en estrecha ligazón con la expansión ganadera (mejora en la selección en la cría de ganado para obtener animales de mayor peso que proporcionaran cantidades superiores de carne y leche); cercamientos de fincas y tendencia a la concentración de parcelas para un uso más racional; incorporación de un nuevo instrumental agrario, de maquinaria (trilladora, segadora, sembradora mecánica, arado metálico…) y abonos.

Todo ello da como resultado un aumento sostenido del rendimiento (entre 1700 y 1800 fue de un 90%) y de la producción, generando un excedente comercializable. En suma, la agricultura rompe definitivamente el círculo vicioso del autoabastecimiento y se convierte en pieza básica en la configuración de los mercados nacionales.

Asimismo, las familias campesinas más favorecidas aumentaron sus ingresos y su capacidad adquisitiva, de modo que se convirtieron en consumidores de productos industriales. Además, la acumulación de capitales suponía la posibilidad de invertir en nuevas mejoras, o incluso en los sectores industriales.

El aumento de la producción de alimentos hizo posible un alto crecimiento de la población en Gran Bretaña, que pasó de unos 7,5 millones de habitantes a principios del siglo XVIII a cerca de 30 millones a finales del siglo XIX. La mejora de la alimentación y los avances de la ciencia y la medicina provocaron un descenso de la mortalidad, puesto que la gente resistía mejor a las enfermedades. Al mismo tiempo, este aumento constante de la población elevó el número de consumidores de productos industriales, así como de la mano de obra. Debido al crecimiento demográfico, empezó a sobrar gente en el campo, que tuvieron que emigrar a las ciudades industriales.

3.2 Gran Bretaña como potencia mundial

Desde el final de la Guerra de Sucesión española, los británicos se aseguraron la supremacía comercial marítima mundial desplazando a franceses y holandeses. El control de los mares, gracias a una poderosa flota de guerra, hizo posible que el comercio exterior inglés se duplicase entre 1700 y 1780. La enorme expansión comercial colonial de Inglaterra y el tráfico de esclavos permitieron la acumulación de capitales y la obtención de materias primas imprescindibles para el proceso industrial.

Otros factores que favorecieron los inicios de la industrialización en Inglaterra fueron la abundancia de recursos naturales, el sistema político, el robusto sistema bancario y la mentalidad empresarial y emprendedora de la sociedad inglesa.

Los yacimientos de mineral de hierro y de carbón eran abundantes y accesibles, pues se hallaban muy cerca de los puertos marítimos. Del subsuelo británico se extraía, a finales del siglo XVIII, casi el 90 por ciento del total de la producción mundial de carbón. Surgieron importantes núcleos industriales, todos ellos en torno a los recursos naturales necesarios (cuencas hulleras, minas de cobre, hierro…) y junto a costas y ríos –para facilitar el transporte de las materias primas y de los productos finales–.

3.4 La industria ferroviaria

Durante el primer tercio del siglo XIX, un ingeniero inglés llamado George Stephenson construyó varias máquinas vaporizadas movidas sobre raíles. En 1814 construyó su primer prototipo, Blücher, una pequeña locomotora diseñada para transportar carbón dentro de una mina de Killingworth, Inglaterra. En 1825 se construyó la primera línea ferroviaria, que unía las ciudades de Stockton y Darlington, vías sobre las cuales circuló Locomotion, otro prototipo de Stephenson. En 1829 construyó junto a su hijo Robert una nueva locomotora bautizada como The Rocket, modelo sobre el cual se basó su siguiente automotor: Northumbrian (1830). Ese mismo año la locomotora Northumbrian inauguró la primera línea de pasajeros (Liverpool-Manchester).

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Tema 3 – Historia de Grecia

Posted by Ignacio Cabello en 26 febrero, 2012


Los ciudadanos griegos no tenían conciencia de ser un pueblo, de ser helenos, ellos se consideraban ciudadanos de su Polis, no de Grecia. Sin embargo, las polis griegas mantuvieron una serie de conflictos con el Imperio Persa y el Reino de Macedonia, que hicieron que esa idea de Hélade, fermentase en la mente de los griegos. Gracias a estas guerras tuvieron que unirse en varias ocasiones, y finalmente con Alejandro Magno fueron unificadas.

1. — La rebelión de las colonias Jonias (500-494 A.C.)

Ciro II el Grande (557-530 A.C.) logró una gran expansión del Imperio Persa llegando por el oeste a la península de Anatolia. La conquistaron, y en el año 546 A.C. Ciro adquirió también el poder sobre las colonias griegas que había en la costa oeste de Asia Menor, zona denominada por los griegos Jonia. La mayoría de estas polis tenían instaurada la aristocracia o en algunos casos la democracia, ya no dependían de un rey, y al llegar Ciro ven un monarca que se interpone entre el pueblo y el poder de la polis.

Ciro II el Grande

El ambiente por lo tanto se tensó, y en el 500 A.C. Aristágoras de Mileto inició una rebelión contra el rey persa a la que se unieron otras colonias griegas. Aun así, el ejército persa consiguió sofocar estas revueltas, y Aristágoras se vio obligado a pedir ayuda militar a la Grecia Magna. Las dos polis que respondieron a esta llamada por parte de Mileto fueron Atenas y Eretria, las cuales enviaron hombres y suministros. Este dato es importante porque es la primera vez en la historia que dos polis griegas se unen y se ayudan para hacer frente a un enemigo común. Finalmente seis años más tarde de la rebelión de Aristágoras, Mileto fue destruida y sus habitantes deportados a Mesopotamia (Mileto fue posteriormente reconstruida por Hipodamo con el famoso plano ortogonal).

Darío I (522-486 A.C.), hijo de Ciro preparó la venganza contra Atenas y Eretria por haberse opuesto a su padre mandando ayuda a Mileto. Por su parte, en Atenas se prepararon también por si Persia tomaba represalias contra ellos. El magistrado estratega Milcíades creó un ejército de a pie, formado por hoplitas. Temístocles, un ayudante de Milcíades organizó una flota naval para responder a la persa. Ambos bandos se estaban preparando para la gran Primera Guerra Médica.

Darío I

Milcíades

2. — La Primera Guerra Médica (490 A.C.)

Mapa de las Guerras Médicas

Darío conquistó y destruyó la polis de Eretria, situada en la isla de Eubea. Tras saquear la ciudad las tropas persas se encaminaron hacia Atenas. Ayudados por el traidor Hipías decidieron el campo de batalla: la llanura de Maratón. Esta extensa explanada, ubicada a unos 42 kilómetros al noreste de Atenas, era perfecta para el gran ejército persa.

Milcíades contó con el apoyo militar de Tebas y Platea, en cambio, el ejército espartano no se unió a la causa. ¿Por qué Esparta no aportó hombres a la liga griega? La razón es que cuando Filípides acudió a pedirles ayuda, estos dijeron que la posición de la luna era un mal augurio y decidieron no luchar. En tanto, el ejército reunido por el caudillo ateniense constaba de unos 10.000 hombres, mientras que las tropas de Darío eran de cerca de 20.000.

Hoplita griego de la época de las guerras Médicas (c. 490-470 a. C.) preparándose para la batalla. A su lado aparecen dos escudos hoplitas, cóncavos para poder apoyarlos en el hombro izquierdo. Se aprecia en el interior cómo el escudo no se empuña sino que se embraza, caso único en la Antigüedad, con sus ventajas e inconvenientes… estos últimos apreciables sobre todo si hay que soltar el escudo con prisa para poder huir más ligero.

El polemarca ateniense preparó una estrategia que sorprendió a los persas. Dividió su ejército (azul) en tres, y estiró el central dejando más hombres para los flancos. El frente griego se abalanzó sobre los persas (rojo), creando confusión y rompiendo sus primeras líneas. Inmediatamente, los flancos griegos se abrieron para envolver al enemigo. Las últimas líneas persas, los arqueros inmortales retrocedieron, se embarcaron en las naves y huyeron. Según las crónicas de Heródoto, las bajas causadas fueron de 192 para los griegos y 6.400, números muy probablemente exagerados.

Batalla de Maratón, posiciones iniciales

Desarrollo de la batalla de Maratón en el 490 A.C.

Los griegos fueron a la batalla con la conciencia de ser muchos menos, y sin la seguridad de vencer, y los ciudadanos atenienses tenían la orden de quemar la ciudad si no recibían noticia de haber ganado. Tras obtener la victoria, los griegos enviaron a Filípides a Atenas para que avisase al pueblo de que habían ganado y de que no quemasen la ciudad. Llegó a la ciudad, transmitió el mensaje y murió exahusto.

Filípides, el hoplita ateniense que corrió el primer maratón de la historia

Milcíades estaba eufórico, y tras la batalla de Maratón organizó un ataque a los persas en las Islas Cícladas. Allí perdió, y a su regreso el pueblo decepcionado le condenó y le acusó por haber abusado de su poder. Finalmente murió en prisión. Por su parte, Temístocles siguió formando la gran flota de trirremes. En el año 481 A.C., Corinto, Esparta y Atenas formaron la primera liga militar griega.

Trirremes atenienses

3. — La Segunda Guerra Médica (480-479 A.C.)

Jerjes I sucedió a Darío en la corona persa, y con el objetivo de vengarse de Atenas por haber humillado a su padre formó un ejército de más 100.000 soldados y 600.000 navíos. Recorrió las costas del mar Egeo reclutando a más soldados. Parte de la expedición persa fue por tierra y parte por mar. Temístocles dirigió sus naves al encuentro con los persas. En el estrecho del Cabo Artemisio la flota griega sostuvo el avance persa por mar, pero lo que es el combate acabó en tablas, ningún bando ganó.

Jerjes I

Por su parte, los griegos organizaron sus tropas y se reunieron en la zona de Platea. Mientras el grueso del ejército se preparaba en Beocia, se decidió que una vanguardia de soldados debía sacrificarse por el resto de Grecia aguantando y parando la fuerza persa cuanto pudieran.

El rey espartano Leónidas se puso al mando de 300 de sus guerreros y otros 5000 (según Heródoto) para formar este grupo de héroes que desafiaron a los más de 100.000 medos. Sabían que Jerjes estaba obligado a marchar sus tropas a través del paso de las Termópilas, ubicado en la costa del Golfo Malíaco. El paso de las Térmopilas era un estrecho y escarpado desfiladero, de no más de 30 metros de ancho, y además la única manera conocida de penetrar en la Grecia Central. Léonidas dispuso a sus hombres de tal modo que no dejasen espacio para el avance bárbaro. Los griegos, aun siendo muy pocos tenían la moral muy alta. Este espíritu de valentía se puede apreciar en las crónicas de Heródoto hablando sobre el soldado espartano Dienekes:

«Y siendo así que todos aquellos lacedemonios y tespienses se portaron como héroes, es fama con todo que el más bravo fue el espartano Dienekes, de quien cuentan que como oyese decir a uno de los traquinios, antes de venir a las manos con los medos, que al disparar los bárbaros sus arcos cubrirían el sol con una espesa nube de saetas, tanta era su muchedumbre, diole por respuesta un chiste gracioso sin turbarse por ello; antes haciendo burla de la turba de los medos, díjole que no podía el amigo traquinio darle mejor nueva, pues cubriendo los medos el sol se podría pelear con ellos a la sombra sin que les molestase el calor. Este dicho agudo, y otros como éste, dícese que dejó a la posteridad en memoria suya el lacedemonio Dienekes.» Heródoto, Historias (libro 7, 226)

Leónidas en las Termópilas – Jacques-Louis David (1814)

Vista del desfiladero de las Termópilas. En la antigüedad, la costa no se hallaba en el emplazamiento actual, sino más cerca de la montaña, siendo el paso entre ambas mucho más angosto.

Así, en agosto del 480 A.C. sucedió la batalla. Jerjes subestimó a los griegos, y dio a Leónidas un par de días para rendirse. Leónidas no aceptó tal propuesta. Los soldados griegos se armaron de coraje y valor, y mantuvieron la posición dos días. Ni las flechas ni las lanzas de los Inmortales de Jerjes consiguieron romper las líneas espartanas. Los Inmortales constituían la élite del ejército persa, y eran llamados así porque cualquier baja entre sus filas era cubierta por un nuevo recluta.

Soldados Inmortales de Jerjes

Inmortal Persa, probablemente en traje de corte, reconstruido a partir de los relieves de Persépolis y los ladrillos vidriados de Susa. Los colores de las túnicas podían distinguir los diversos regimientos de 1.000 hombres. Herodoto menciona los regatones esferoidales, dorados o plateados, que también aparecen en los relieves. Bajo la túnica los «inmortales» llevaban una flexible coraza metálica de escamas. El arco era su arma principal, y la corta lanza no era comparable a la más larga y sólida de los hoplitas griegos en el combate.

En la tercera jornada de batalla sucedió algo decisivo: Efialtes, un pastor griego de la zona informó a Jerjes de que existía una ruta alternativa al paso de las Termópilas para sobrepasar a las falanges griegas, la senda Anopea. Los griegos, que sabían de la existencia de este sendero fueron precavidos y por si acaso colocaron 1.000 hoplitas focidios a defenderlo. No estaban preparados, nunca pensaron que los persas encontrarían ese camino, y no lograron resistir al azote de las tropas del persa Hidarnes.

Cuando Leónidas supo que los persas habían sobrepasado el contingente focidio, se dio cuenta de que seguir a la defensiva intentando resistir era inútil, que en ese momento en que los persas conocían el modo de atravesar las Termópilas lo que tenían que hacer no era aguantar el paso, cosa ya innecesaria, sino causar el mayor daño posible. La mayoría de griegos regresó, pero Leónidas se quedó con sus 300 espartanos a “matar persas”. Desde que Hidarnes cruzó la senda Anopea, el objetivo principal de la Batalla de las Termópilas (aguantar al enemigo) se hizo imposible, pero aun así los famosos 300 espartanos pudieron hostigar a los soldados persas, matando incluso a dos hermanos del mismísimo Jerjes. Estos héroes griegos fueron masacrados, cuando quedaban muy pocos griegos con vida, una flecha alcanzó al caudillo espartano, y mientras intentaban recuperar su cadáver, una última ráfaga de saetas acribilló a los últimos espartanos.

Últimos soldados espartanos luchando ferozmente

La última resistencia espartana en la loma tras el muro focense, al tercer día de la batalla. Espartiatas, tespieos e ilotas armados sucumben ante una lluvia de flechas. Se aprecia una variedad de corazas y escudos, que entre los hoplitas a menudo pasaban de padres a hijos. En esta época los espartanos todavía llevaban sobre los escudos blasones individuales, que serían sustituidos unas décadas después por la letra «lambda» de Lacedemonia (Λ).

Leónidas resistiendo hasta el final – Giuseppe Rava

La flecha que alcanzó a Leónidas – Johnny Shumate

Leónidas, el héroe de las Termópilas

Mapa de la batalla de las Termópilas

Jerjes estaba fuera de su asombro, no lograba entender como tan pocos griegos le habían plantado cara. Esto provocó en él un cierto respeto, temor hacia los espartanos.

Lo que sí se sabe acerca de Temístocles es que, al enterarse que Leónidas había sucumbido en las Termópilas abandono su posición en Artemisio. Su misión era también la de retardar el avance persa. Dejó su posición para dirigirse a Atenas.

Las tropas persas alcanzaron la zona central de Grecia, Beocia y el Ática. Temístocles, que se había apresurado a llegar ya estaba en Atenas dio la orden de evacuar la ciudad. Toda la población ateniense fue trasladada a la isla de Salamina, situada en el Golfo Sarónico, a unos 20 kilómetros de Atenas y a unos 10 de El Pireo. Una pequeña parte del ejército se quedó en la Acrópolis para intentar que no arrasasen con la zona más importante de la ciudad. Aun así fue un intento en vano, Jerjes aplastó a todos esos hoplitas. Jerjes saqueó la ciudad, pero no quedó satisfecho, devastó una ciudad sin habitantes a los que matar. Los persas querían más, querían vengarse de los atenienses en persona. Así, buscaron al pueblo griego y finalmente la flota persa dio con que estaban en Salamina. Temístocles aguardaba con 310 trirremes escondido tras un largo saliente de la isla. La flota persa era tan grande y estaba compuesta por navíos tan voluminosos que en espacios más reducidos era muy lenta maniobrando. Lo que hizo Temístocles fue atacarles por sorpresa cuando penetraron en el estrecho de Salamina. El bando griego ganó con diferencia, las embarcaciones persas no pudieron maniobrar bien y perdieron la batalla (480 A.C.)

Desarrollo de la Segunda Guerra Médica

Desarrollo de la Segunda Guerra Médica y las maniobras desde las Termópilas hasta Salamina

Batalla de Salamina

El grueso del ejército griego dirigido por el espartano Pausanias se encontraba en Platea desde hacían ya unos meses. Tras la batalla de Salamina y la victoria griega, los persas se encaminaron hacia Beocia, donde en el 479 A.C. tuvo lugar la batalla de Platea. De nuevo los medos fueron vencidos, y después de su derrota retrocedieron hacia Persia. Parte del ejército griego fue hostigándoles por la retaguardia para asegurarse de que se marchaban del todo, y por último Pausanias atacó la ciudad de Mícala (479 A.C.) para cerciorarse de que los persas no volviesen a pisar la Hélade.

Batalla de Platea – A. Yezhov

La victoria griega en esta Segunda Guerra Médica fue decisiva para la historia de Grecia e incluso para la nuestra, pues en primera instancia supuso la supervivencia de la democracia y de toda la cultura clásica. Tras estas guerras, hubo un enorme crecimiento cultural y económico en las polis griegas, ya que al haber puesto fin a las intenciones persas de conquistar Grecia, no tenían una amenaza de guerra y podían centrarse en otros asuntos como hizo Pericles en Atenas reconstruyendo y embelleciendo la ciudad o creando la Muralla Larga. Por último, el conflicto greco-persa había obligado a las polis griegas a unirse para ser más fuertes, y tras estas victorias, germinó en la mente de los griegos la conciencia de pertenecer a una misma cosa, a la Hélade.

Victoria de un soldado griego sobre uno persa

4. — La Pentecontaetia (479 – 432 A.C.)

Tras las victorias en la Segunda Guerra Médica, las polis griegas se sumergieron en un periodo de paz (479 – 432 A.C.) denominado Pentecontaetia o Pentecontecia («etapa de cincuenta años» en griego). La polis hegemónica durante esta paz fue Atenas, que estuvo gobernada por Pericles, por lo que también se conoce como el Siglo de Pericles.

En 478 A.C., tras la batalla de Mícala, Pausanias logró recuperar las colonias jonias. Para conservar el dominio sobre estas, y para protegerlas de Persia, crearon una liga militar marítima liderada por Atenas, la Liga de Delos. En esta participaron la mayoría de polis, pero sin embargo Esparta no participó en esta alianza porque no quería depender de Atenas. Así, Atenas fue ganando poder y Esparta se quedó en un segundo plano. Esparta vio que esto no podía ocurrir, y decidió crear su propia liga militar terrestre, en la que participaron las polis del Peloponeso, de Beocia y también Corinto, que anteriormente había sido aliada de Atenas.

Atenas pidió la colaboración económica de las polis participantes de la Liga de Delos, y cada una de estas ciudades donó 460 talentos, cantidad fijada por el arconte Arístides. Este dinero formó el Tesoro de Delos, custodiado en el templo de Apolo en la isla de Delos. Como consecuencia, aparte de ser la mayor potencia militar, Atenas desarrolló enormemente su economía, consiguió la hegemonía económica de Grecia.

Mapa de Grecia en vísperas de las Guerras del Peloponeso

Vista general de la Isla de Delos

El Teatro de Delos: Construido hacia el año 300 A.C. para acomodar a cerca de 5,500 espectadores, este teatro de mármol reemplazó a un anterior teatro de madera situado en un anfiteatro natural. Las partes superior (epitheatron) e inferior del teatro, que están separadas por el diazoma, no son concéntricas. La primera fila de gradas, que estaba reservada a los privilegiados, va seguida de veintiséis escalones en la parte baja y otros diecisiete más en el epitheatron En frente de la orquesta redonda, se ven los restos del escenario (skene). En el lado oeste, una enorme cisterna abovedada recogía el agua que se filtraba por el teatro y proveía con ella a la ciudad.

Lo primero que hizo el gobierno ateniense fue reconstruir la muralla de la polis, pero Esparta se mostró contraria a esta decisión porque una vez más se dio cuenta de que Atenas estaba ganando mucho poder, y creció la enemistad entre ambas polis. Además, el polemarca ateniense Cimón lideró la Liga de Delos en unas campañas contra los persas en Asia Menor, derrotando a sus tropas en batallas como la del río Eurimedonte en el 467 A.C.

Así en el año 461 A.C. comenzó el gobierno de Pericles en Atenas, un arconte que se convirtió en el único gobernador de la polis. Reunió prácticamente todo el poder, pero no fue un tirano absolutista, sino durante su arcontado el pueblo vio que era el gobernador ideal y necesitado por la polis, el pueblo le quiso tanto que decidieron delegar todo el poder sobre él.

Pericles

Pericles impulsó la construcción de la Muralla Larga, que conectaba la ciudad con el puerto de El Pireo. Así, Atenas se convirtió en la fortaleza más grande e imponente de toda Grecia, cosa que incrementó aún más las hostilidades entre Esparta y Atenas.

La Muralla Larga de Pericles. que conectaba y protegía Atenas y El Pireo

La Muralla Larga de Pericles

Lo próximo que mandó hacer Pericles fue la reconstrucción de la Acrópolis. El tesoro de la Liga de Delos ya se había trasladado a Atenas, y en la reconstrucción del Partenón, Atenas fue acusada de utilizar parte del dinero para financiar las obras. La reconstrucción del Partenón fue encargada a los arquitectos Ictinos y Calícrates. Pericles también mandó decorar la Acrópolis con grabados y estatuas de Atenea al escultor Fidias, quien empleó la técnica de la crisoelefantina. Una vez más, el odio y la envidia de Esparta hacia la polis ateniense crecieron bastante.

La Acrópolis de Atenas

La Acrópolis de Atenas vista desde el Teatro dedicado a Dionisos

El Partenón de Ictinos, Calícrates (arquitectos) y Fidias (escultor)

Así, tras fortificar El Pireo, y tras convertirse en la polis más importante, Atenas junto con sus aliados consiguió el monopolio del mar Egeo bloqueando a Corinto. Este bloqueo comercial a Corinto hizo que Esparta declarase la guerra a Atenas.

5. — Las Guerras del Peloponeso (431 – 404 A.C.)

Desarrollo de las Guerras del Peloponeso

GUERRA DE ARQUÍDAMO (431 – 421 A.C.)

Arquídamo II, uno de los dos diarcas de Esparta comenzó a atacar el Ática, invadiéndola en cuatro ocasiones. Por su parte, Pericles envió poderosas flotas a hostigar a sus enemigos en las costas de la Península del Peloponeso, siempre evitó un enfrentamiento por tierra con los espartanos.

Pericles, en intento de defender a los ciudadanos de la zona, decidió evacuar a los pobladores del Ática y refugiarles dentro de la Muralla Larga. Fue tanto el tiempo que miles de personas estuvieron entre los muros de Pericles, que la higiene empeoró y en el 429 A.C. se declaró una gran epidemia de peste. A causa de estas enfermedades murió un tercio de la población ateniense, y entre ellos Pericles, que fue sucedido por Cleón. Cleón mantuvo una política ofensiva y agresiva, pero tras numerosas batallas contra Esparta y sus aliados murió en la Batalla de Anfípolis (422 A.C.).

LA PAZ DE NICÍAS (421 – 413 A.C.)

En la Batalla de Anfípolis murieron los caudillos de ambas polis: Cleón y Brásidas. Tras esta batalla, ambos bandos estaban agotados y listos para un armisticio. Las negociaciones fueron iniciadas por Nicías, un arconte ateniense del partido pacifista y por el rey espartano Plistoanacte, y en el 421 A.C. firmaron la Paz de Nicías, una supuesta tregua de cincuenta años, pero que solamente duró seis años y diez meses.

Durante estos seis años, mientras que Esparta se contuvo de entrar en acción, algunas polis peloponésicas lideradas por la ciudad de Argos comenzaron a hablar de revolución. Así, Argos consiguió formar una coalición con otros Estados del Peloponeso, y ayudados por soldados atenienses y dirigidos por Alcibíades lanzaron un ataque contra Esparta en la Batalla de Matinea en el año 418 A.C.

Alcibíades

Para el fin de esta tregua fue decisiva la expedición ateniense contra aliados de Esparta en Siracusa, en la Magna Graecia. Allí, en el 413 A.C. perdieron, y murieron todos incluido Nicías.

GRANDES CAMBIOS (413 – 404 A.C.)

Este quebramiento de la Paz de Nicías provocó el estallido de una segunda guerra. La balanza de guerra se decantó por el bando espartano cuando en el 412 A.C. Esparta se alió con Persia. Evidentemente, durante esta última etapa de conflicto, Esparta fue superior a Atenas y obtuvo la victoria definitiva.

Esta guerra civil y la final victoria de Esparta ayudada por Persia acarrearon importantes consecuencias. En primer lugar, Esparte llevó a cabo un par de decisiones: ordenó destruir la Muralla Larga que unía Atenas con el Pireo y mandó disolver la Liga de Delos. En segundo lugar, a través del acuerdo con Persia, Esparta entregó las colonias griegas de Jonia al emperador Darío II. En tercer lugar, la guerra provocó un gran desgaste en ambos bandos e hizo que Esparta se convirtiese en la polis hegemónica de Grecia. Por último, los grandes principios griegos comenzaron a cuestionarse, la mentalidad unitaria conseguida anteriormente entró en crisis, y en el arte comenzaron a ironizar las ideas clásicas griegas y a reflejar la angustia y la escisión del momento.

En el 404 A.C. impusieron en Atenas un gobierno de 30 tiranos, pero este sistema sólo duró unos meses, en el 403 A.C. se restauró la Democracia.

Esparta se hizo con la supremacía sobre el resto de polis de la Hélade por muchos años hasta que en el 371 A.C. fue derrotada a manos Tebas, que atacó aprovechando su debilidad.

6. — Filipo II de Macedonia y Alejandro Magno

Al norte de Grecia existía una región bárbara de habla dialecto, un territorio llamado Macedonia. Su rey era Filipo II, un monarca que estando tres años preso en Tebas se enamoró de Grecia y de su cultura. Filipo quería transmitir a su hijo el amor por Grecia, por lo que el pequeño Alejandro fue educado por el mismísimo Aristóteles, para que fuese formado de una manera griega, para que creciese griego.

Filipo II de Macedonia

Durante su reinado se percató del caos y la disensión que existía en Grecia, y como rey su sueño fue siempre unificar todas polis griegas y proclamarse soberano de ellas mismas. Habló con personajes importantes de diferentes polis con el objeto de que estas se uniesen para hacer frente a Persia, pero prácticamente siempre recibió respuestas negativas, por lo que finalmente decidió conquistar Grecia y reunir bajo su trono a las numerosas y escindidas polis griegas. Se lanzó a la conquista, y logró imponerse a sus diferentes enemigos gracias a la organización de su ejército, en el que se combinaban una importante caballería y un grueso grupo de infantería repartido en falanges.

Falanges del Ejército Macedónico – A. Averyanov

Falange Macedónica de Filipo II, formación tomada de los ejércitos Tebanos – Johnny Shumate

Triunfó en todas sus campañas por los Balcanes: la primera le enfrentó con los peonios y los ilirios (358-357 A.C.); luego cayeron Anfípolis y Calcidia (357 A.C.); posteriormente acabó con el poder de Atenas y de la segunda Liga de Delos en la Guerra de los Confederados (357-355 A.C.); más tarde, en la segunda Guerra Sagrada (356-346 A.C.) se alió con Atenas y Esparta, derrotó a los focios de Tebas y conquistó Tesalia expandiendo sus dominios hacia el corazón de Grecia. En el 346 A.C. firmó la Paz de Filócrates con Atenas, y pactó mantener el status quo, por lo que dirigió sus fuerzas hacia el Este, conquistando la Tracia (343-342 A.C.).

En aquel momento, eral tal el poderío alcanzado por Macedonia que apareció en Atenas un partido liderado por Isócrates que proponía la unificación de Grecia bajo el cetro de Filipo para hacer frente a Persia; pero a Isócrates se oponía el partido belicista de Demóstenes, quien proponía unirse contra el poder de Filipo. Finalmente, la idea de Demóstenes se impuso al resto, dando lugar a la Liga Helénica en el 340 A.C. para impedir a Filipo la toma de Bizancio. La tercera Guerra Sagrada (339-338 A.C.) condujo a una nueva victoria de Filipo tras la batalla de Queronea (338 A.C.).

Filipo II en la batalla de Queronea – Johnny Shumate

El triunfo macedónico en la batalla de Queronea permitió la creación de la Liga de Corinto en el 337 A.C., en la que bajo el liderazgo de Filipo se agruparon la mayoría de las polis griegas con el propósito de atacar al Imperio Persa y de liberar las colonias griegas de Asia Menor.

Filipo murió asesinado en la boda de su hija (336 A.C.) sin haber visto su sueño hecho realidad, pues la Liga de Corinto todavía se estaba preparando para lanzarse a la conquista de Jonia. Su hijo Alejandro asumió el poder a la edad de veinte años y se propuso realizar el sueño de su padre.

Alejandro Magno, mosaico de la Batalla de Issos

Alejandro Magno a lomos de su caballo Bucéfalo

Alejandro dedicó los primeros años de su reinado a imponerse sobre los pueblos sometidos a Macedonia, que aprovechando la muerte del rey Filipo se habían rebelado. Enseguida, en el 334 A.C. lanzó su pequeño ejército (compuesto por unos 42.000 soldados) contra el poderoso y extenso Imperio persa, continuando así la empresa que su padre había dejado incompleta.

Alejandro recorrió victorioso el Asia Menor (Gránico, 334 A.C.), Siria (Issos, 333 A.C.), Fenicia (asedio de Tiro, 332 A.C.), Egipto y Mesopotamia (Gaugamela, 331 A.C.), hasta tomar las capitales persas de Susa (331 A.C.) y Persépolis (330 A.C.). El emperador persa Darío III fue clara y ampliamente vencido por Alejandro Magno. Tras la derrota de Gaugamela, Darío escapó y huyó hasta que uno de sus sátrapas (Bessos) le asesinó para evitar que se rindiera ante Alejandro. Según se cuenta, Alejandro, que siempre había tratado bien a sus enemigos y a sus rehenes, al ver el yacente cadáver de Darío, lloró y lo cubrió con su manto, diciendo: “No era esto lo que yo pretendía”.

Alejandro Magno en la Batalla de Gránico – Palacios

«… Alejandro divisó a Mitrídates, yerno de Darío, que se había adelantado cabalgando lejos de los demás al frente de un grupo de jinetes en formación de cuña. El propio Alejandro se adelantó a la cabeza de los suyos, y golpeando con su lanza a Mitrídates en la cara dio con él a tierra (1). En esto, el persa Resaces (2) se lanzó contra Alejandro y le golpeó en la cabeza con su curvo alfanje, partiendo el casco, que pudo sin embargo retener el golpe (3). Lanzose Alejandro (4) contra él y le hincó su lanza en el pecho después de atravesarle la coraza. Ya había alzado por detrás su alfanje Espitríates (5) contra Alejandro cuando Clito, hijo de Rópides (6), anticipándosele le rompió alfanje y hombros a Espitrídates». Así narra Arriano (Anábasis de Alejandro, 1, 15, 7-8) el cruce del Gránico por Alejandro. Plutarco recoge el mismo episodio en su Vida de Alejandro, aunque con diferencias de detalle.

Batalla de Issos, mosaico perteneciente a la Casa del Fauno, en Pompeya

Batalla de Issos, mosaico perteneciente a la Casa del Fauno, en Pompeya

Tiro sitiada y capturada por Alejandro

La Batalla de Gaugamela – (Museo Arqueológico Nacional de España) Relieve labrado en marfil en el siglo XVIII por un autor anónimo. Representa el combate librado en 331 a.C. entre Alejandro Magno y Darío III de Persia, y está inspirado en una pintura de Charles Le Brun (1619-1690) sobre el mismo tema.

Batalla de Gaugamela

Detalle del Relieve de la Batalla de Gaugamela – Alejandro Magno a lomos de Bucéfalo

Detalle del Relieve de la Batalla de Gaugamela – Huida de Darío III

Detalle del Relieve de la Batalla de Gaugamela – Águila que sobrevoló la cabeza de Alejandro hacia al ejército persa, hecho que fue interpretado por los macedonios como un presagio de victoria

Batalla de Gaugamela – Charles Le Brun

Una vez conquistadas Susa y Persépolis, Alejandro se proclamó emperador ocupando el puesto de los Aqueménidas. Encaminó sus tropas hacia el este, lanzando nuevas campañas de conquista: derrotó y dio muerte a Bessos y sometió Partia, Aria, Drangiana, Aracosia, Bactriana y Sogdiana.

Ya adueñado de Asia central y del actual Afganistán, se lanzó a conquistar la India en el 327 A.C.), con un proyecto en mente de dominar todo el mundo conocido. Pero el sueño de Alejandro no pudo llevarse a cabo debido al amotinamiento de sus tropas, que agotadas por tan larga sucesión de conquistas y batallas se negaron a proseguir con las conquistas hacia el este, hacia un mundo desconocido, extraño. Llevaban ya ocho años de campañas, ya estaban cansados de conquistar y conquistar, querían pararse para poder disfrutar de lo obtenido en sus victorias.

Tropas de Alejandro Magno luchando en la India – Tom Lovell

Alejandro Magno rechaza un casco lleno de agua en medio del desierto. Con ello no está sino legitimando, mediante el ejemplo, su preeminente posición de dirigente – Tom Lovell.

Conquistas de Alejandro III de Macedonia

Conquistas de Alejandro III de Macedonia

Con la conquista del Imperio Persa, Alejandro descubrió el grado de civilización de los orientales, a los que antes había tenido por bárbaros. Concibió entonces la idea de unificar a los griegos con los persas en un único imperio en el que convivieran bajo una cultura llamada Koiné. Para ello organizó en Susa la «Boda de Oriente con Occidente» (matrimonio simultáneo de miles de macedonios con mujeres persas) y él mismo se casó con la hija de Darío III, Roxana de Bactriana, Estateira y Parysatis

Alejandro Magno y Roxana – Pietro Rotari (1756)

Sin embargo, Alejandro no pudo llevar a cabo su deseo de forjar un único imperio, porque a sus treinta y tres años, en el 323 A.C. falleció -según algunos, Alejandro fue víctima de la malaria, pero hay otros que dicen que fue envenenado-. Su muerte generó un problema de sucesión, y sus generales, conocidos como diádocos, protagonizaron una serie de guerras por el poder y el control del Imperio que Alejandro había dejado. Pero antes de todo, lo que hicieron fue asesinar a la familia del difunto Alejandro: a su madre, a su mujer y a su pequeño hijo. Inicialmente, cerca de nueve diádocos competieron por el control de diferentes partes del Imperio en las llamadas Guerras de los Diádocos. En el año 310 A.C., después de más de 10 años de luchas, sólo quedaron cinco, que se repartieron el vasto Imperio: Casandro en Macedonia, Lisímaco en Tracia, Antígono I Monóftalmos en el Cercano Oriente, Anatolia y partes del sur de Grecia, Seleuco I Nicátor en Mesopotamia y Persia, y Ptolomeo I Sóter en Egipto.

Moneda con el rostro de Casandro de Macedonia

Lisímaco (360 a.C-281 a.C), sucesor de Alejandro en Tracia y Asia Menor – Johnny Shumate

Moneda de Antígono I Monóftalmos

Seleuco I Nicátor, diádoco de Alejandro Magno y fundador del Imperio Seleúcida

Busto de Ptolomeo I Sóter, rey de Egipto (305 – 282 a.C. ), y el fundador de la Dinastía Ptolemaica

Reinos diadocos hacia el año 310 A.C.

Los conflictos entre ellos continuaron, Antígono y su hijo Demetrio invadieron los territorios de Lisímaco y Casandro y tomaron el control de la parte europea del Imperio, pero fueron derrotados en Anatolia por Seleuco y expulsados de Asia. Hacia el año 270 A.C., sólo quedaban tres dinastías sucesoras de Alejandro: la dinastía Antigónida en los Balcanes; la dinastía Seléucida en Asia, y los Ptolomeos en Egipto.

Reinos diadocos hacia el año 270 A.C.

Aunque ninguno de los diádocos ni sus sucesores los epígonos fueron capaces de uinficar y restaurar el Imperio de Alejandro, la cultura helenística floreció y se desarrolló en gran medida. Los diádocos promovieron la interacción de los griegos con los pueblos locales de cada reino dando lugar a una fusión de la cultura oriental con la occidental. Muchos griegos se establecieron en el Cercano Oriente y Egipto, y el griego se convirtió en la lingua franca del Mediterráneo oriental. La ciudad de Alejandría en Egipto, con su majestuosa Biblioteca, se convirtió en el centro mundial del aprendizaje, de la cultura y de la sabiduría. Este período de expansión de la cultura griega es lo que se conoce como Era Helenística.

En el siglo II A.C., los nuevos imperios de Roma en Occidente, y los partos en oriente comenzaron a inmiscuirse en el mundo helenístico. Los reinos diádocos no se unieron contra estas amenazas, y uno a uno fueron cayendo. Los romanos conquistaron primero Macedonia y Grecia (214 – 146 A.C.), después tomaron lo que quedaba del Reino Seléucida, y por último, se hicieron con Egipto en el año 30 A.C. después de la guerra que mantuvo Octavio contra Antonio y Cleopatra, últimos reyes Ptolemaicos.

Reinos diadocos hacia el año 130 A.C.

Ya vemos que el imperio de Alejandro se fragmentó en cuatro nuevos reinos, el sueño del emperador macedonio se vio dañado por esta división. Además, su intento de imponer la cultura helenística, este intento de crear una unidad cultural basada en la griega, no triunfó. En seguida cada reino desarrolló su propia cultura, muy levemente influida por la cultura helenística.

Con la muerte de Alejandro (323 A.C.) comenzó el Periodo Helenístico, un periodo en el que la mentalidad helena decayó suponiendo una etapa de declive de la civilización griega. Según algunos historiadores esta etapa finalizó con la destrucción de Corinto a manos de los romanos y por tanto la anexión de todo Grecia a la República de en el 148 A.C. Sin embargo, otros consideran que acabó en el año 30 A.C. cuando Octavio conquistó Alejandría y e incorporó a las tierras de Roma el último reino helenístico que conservaba rasgos de la cultura griega, el de los Ptolomeos.

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Tema 6 – Felipe II de España

Posted by Ignacio Cabello en 3 enero, 2012


Felipe II

1. — Felipe II (1527-1598)

IMPERIO

Felipe heredó varios territorios que son los siguientes. Heredó España, es decir Castilla, Aragón, Navarra y Granada. De América heredó desde California hasta Florida, y desde Florida hasta el Estrecho de Magallanes. De la zona centroeuropea heredó la zona de Flandes (Países Bajos), el Franco Condado, el Milanesado, Nápoles, Sicila y Cerdeña. Heredó algunas ciudades de Marruecos como Melilla, Tánger, Alcazarquivir o Vélez de la Gomera. Además heredó Orán y las Islas Filipinas.

Aparte de estas herencias adquirió Portugal gracias a los enlaces matrimoniales entre las dos familias en 1581. Esta anexión de Portugal también incluía Brasil, y algunas costas africanas y asiáticas.

imperio

OBJETIVOS PRINCIPALES

Felipe tenía dos grandes y principales objetivos:

– Administrar bien el Imperio y controlarlo.

– Defender la Iglesia del Islam. Esto lo hizo y se convirtió en el “jefe de la Contrarreforma”.

2. — Problemas internos

CRISIS EN CASTILLA

Castilla es el principal surtidor de hombres para ir a las guerras en Europa con Francia, Inglaterra y los Países Bajos, los Tercios son castellanos. Además muchas familias y sobre todo hombres castellanos van a América a colonizarla. Así, Castilla se despobló en gran medida.

Las guerras, sobre todo durante el reinado de Felipe, produjeron tres bancarrotas en 1557, 1575 y 1597. Aún así, estas guerras no eran la única razón, también influyó la inflación de la moneda, ya que Castilla es el motor del comercio de la lana, y por tanto circula mucho dinero por el reino. Para esto se acuña moneda y se suben los precios, pero ese dinero es mandado a las guerras, así que en Castilla quedan precios altos y poco dinero: se produce una crisis económica.

GUERRA DE LAS ALPUJARRAS (1568-1571)

Aún casi 80 años después de la Conquista de Granada y de la expulsión de los musulmanes, quedan moriscos. Hay una razón de fondo de porqué no fueron expulsados totalmente, y es que estos moriscos trabajaban y producían mucho y era rentable que se quedasen en la península.

Esto se convirtió en un problema al igual que pasó con los Reyes Católicos, el Islam estaba creciendo y atacando Europa y el tener musulmanes en la Península era peligroso ya que eran una entrada para el Islam. Ahora pasa lo mismo, el Islam asolaba y controlaba el Mediterráneo y además a los moriscos granadinos les surgió el deseo de resucitar el Reino Nazarí de Granada.

En el año 1568 estalló la revuelta que tenía una razón de fondo y muchas por encima. La principal, la de los líderes era recuperar el Reino Nazarí de Granada, pero para motivar y conseguir gente para la causa usaban otras como que cuando había crisis en el reino, lo pagaban ellos con impuestos, que tenían que respaldar las crisis y que Felipe estaba abusando de ellos.

Finalmente la revuelta fue sofocada y los moriscos fueron obligados a convertirse o a salir del país. Los que no hicieron ninguna de las dos cosas fueron matados y ajusticiados.

ANTONIO PÉREZ Y LA REVUELTA DE ARAGÓN

Antonio Pérez era el secretario de Felipe, quien le ayudaba a despachar y atender al pueblo y a los consejos. Por lo tanto este era el intermediario entre los consejos y el rey. En teoría era una persona de confianza del rey, pero el secretario podía cambiar el mensaje de los consejos para beneficiarse. Así, Antonio engañó a Felipe diciendo que Juan de Austria (hermanastro de Felipe) estaba revelando secretos de estado cuando en realidad era él mismo. Le descubrieron y él huyó a Aragón, porque conocía muy bien las leyes de cada reino y sabía que los fueros de Aragón dicen que si no has cometido delito en Aragón no puedes ser ajusticiado. Felipe II le pidió al juez de Aragón que le entregase a Antonio, pero el juez se negó ya que si lo hacía, esa ley sería nula.

Al final Felipe lo tuvo que hacer por la fuerza y mandó un ejército a Aragón. El juez murió y con él la institución de juez supremo.

3. — Política exterior

POLÍTICA CON FRANCIA

Francia comenzó atacando España, y Enrique II le declaró la guerra a Felipe. En los asedios de San Quintín y Gravelinas gana Felipe. En el año 1550 firman la paz en el Tratado de Cateau-Cambreis.

Después de este tratado, los hugonotes calvinistas querían deponer al monarca católico Enrique II y defendían a Enrique de Navarra. A raíz de esta disputa surgen 8 guerras, las llamadas “Guerras de los Enriques”, ya que participan tres Enriques. Estas guerras de religión (1562-1594) acabaron sin ganador.

En 1598, en Vervins, se llegó a un acuerdo intermedio. Esta solución era que el monarca sería Enrique de Navarra siempre y cuando se hiciese católico. Se hico católico y dijo la famosa frase de «París bien vale una misa».Asedio de Gravelinas  Asedio de Gravelinas

IMPERIO OTOMANO

Los turcos habían ocupado Malta (1565) y Chipre y Túnez (1570). Malta en especial era clave para controlar el Mediterráneo, era una isla casi inexpugnable, desde donde se podían mandar navíos de guerra contra cualquier buque enemigo.

Felipe II, el Papa Pio V y la Serenísima República de Venecia formaron la Liga Santa para derrotar al Islam de una vez por todas. Esta campaña iba a ser marítima, y cada uno de los componentes de la Liga, aportaron una cosa distinta. La Serenísima República de Venecia aportó muchas naves y navegantes, Felipe II aportó naves y muchos soldados y el Papa dio dinero y la bendición de esa cruzada.

Estas naves se le encomendaron a Juan de Austria, quien ganó en el 1571 en la Batalla de Lepanto. Así frenaron el avance musulmán por el Mediterráneo. Esta batalla fue la última batalla naval de carácter medieval.

lepanto Batalla de Lepanto

LOS PAÍSES BAJOS

En los Países Bajos pasó lo mismo que pasó en el Imperio con Carlos V, en el norte estaban los burgueses y comerciantes calvinistas y en el sur la nobleza católica. En el año 1566, Guillermo de Orange, un protestante del norte de los Países Bajos se sublevó contra la Corona Española, y se produjo una guerra.

Al principio (1567-1573), se enviaron los Tercios, liderados por el Duque de Alba, que ocuparon los Países Bajos. Consiguieron apaciguar la revuelta y controlar a los calvinistas, pero Alba lo consiguió con una gran represión, metiendo miedo. Esto tuvo una grave consecuencia, el pueblo vio que los católicos paraban a los protestantes por la fuerza, matando y eso a muchos no les gustó así que se cambiaron de bando. El Duque de Alba fue depuesto y reemplazado por Luis de Requesens y Zúñiga, que fue demasiado blando. Después de Requesens, llegó Juan de Austria, que fue el que mejor controló la situación desde un punto medio. A su muerte, le sucedió Alejandro Farnesio, que también resultó ser blando.

En el 1580 Inglaterra tomo partida en esta guerra a favor de los protestantes. En el 1581, los católicos vieron esta situación e hicieron la Unión de Arrás. Como respuesta, los protestantes hicieron lo mismo, fundaron la Unión de Utrecht. Estas dos ligas marcaron una ruptura oficial dentro de los Países Bajos, la de Utrecht se independizó y declararon a Francisco de Valois, hermano de Enrique III, rey de Holanda. Inglaterra les reconoce como independientes, pero Felipe II lógicamente no. Este conflicto se prolongó muchísimo tiempo, tanto que no acabó hasta el 1848 en la Paz de Westfalia.

En orden: Guillermo III de Orange, el Duque de Alba, Luis de Requesens y Zúñiga, don Juan de Austria, Alejandro Farnesio y Francisco Valois.

Gillermo de Orange  Alba  requesens  Juan de Austria  250pxVaenius__Alexander_Farnese  Valois

Utrecht y Arrás

INGLATERRA

Isabel I de ingalterraInglaterra era un reino protestante anglicano, pero cuando llegó Felipe al poder existió la posibilidad de acabar con la dinastía protestante y poner a Felipe como rey consorte. Esto fue posible ya que Felipe se casó con María Tudor (1554), que tenía posibilidades al trono y lo consiguieron. Felipe no tuvo hijos con María, y se alejó de ella, la dejó sola (aún así seguía prefiriendo que reinase ella que alguien protestante). Los anglicanos se levantaron contra María, la apresaron y la oprimieron. Finalmente, a su muerte coronaron a Isabel I. Isabel era la candidata anglicana, y era hermanastra de María, tenían la misma madre, pero no padre.

Isabel I persiguió mucho a los católicos, y se metió en el conflicto de los Países Bajos a favor de los protestantes.

Favoreció la piratería contra España y contra el comercio con América. Para esto otorgó Patentes de Corso, que firmaban la reina y un navegante (corsario). En estas patentes, la reina se comprometía a no perseguir al particular por atacar a los buques españoles, para ella el corsario era un héroe. Además les protegerá y cualquier barco de la corona inglesa (no corsario) que viese un navío corsario por el Atlántico debería seguirle y protegerle. El corsario por su parte se compromete a dar parte del botín a la corona.

Invincible_ArmadaEstos corsarios se convirtieron en un muy grave problema para Felipe, así que Felipe reúne una gran flota de unos 200 navíos, formada en gran parte por buques mediterráneos, lenta y que tenía como objetivo conquistar Inglaterra. El plan era llegar a Flandes, embarcar a los Tercios y desembarcar en las costas inglesas. La flota salió de Lisboa el 30 de Mayo del 1588 y pasando por Galicia, estuvo navegando el verano hasta llegar al Canal de la Mancha. Allí llegó la primera semana de Agosto. Los ingleses dirigidos por Francis Drake, se dedicaron a hostigar la flota española, pero no causaron grandes daños. Cuando llegaron a Flandes, los ingleses se dirigieron a sus costas para conseguir municiones.

 

 

 

 

Cargaron, y mandaron unas barcazas llenas de pólvora a los puertos flamencos donde estaban los españoles. Estas explotaron cerca de ellos y provocaron fuego. Esta explosión no causó daños físicos en la flota, pero si produjo un gran caos, que hizo que los buques españoles saliesen rápidamente del puerto. Los ingleses estaban acechando en sus puertos y en línea fueron disparando a los navíos que salían del caos. No hundieron más de cinco naves, pero hundieron la nave capitana, lo que provocó más desorden y pánico. La Armada intentó huir rodeando Inglaterra, por el norte, pero muchas naves naufragaron en las costas del norte y otras en el intento de bajar a tierra y conseguir comida y munición fueron atrapadas.

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Este desastre de La Armada Invencible (nombre posterior) en el año 1588 supuso el fin de la hegemonía naval castellana y de la intención de conquistar Inglaterra.

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Tema 5 – Carlos V de Alemania, I de España

Posted by Ignacio Cabello en 2 enero, 2012


1. — Herencia

CarlosCarlos V de Alemania y I de España (1500-1558), reunión un gran imperio gracias la gran herencia por parte de sus abuelos:

– De su abuelo Fernando de Aragón, heredó la Corona de Aragón (Cataluña, Aragón, Valencia, Mallorca y el Reino de las Dos Sicilias) y el comercio Mediterráneo.

– De su abuela Isabel de Castilla heredó plazas y puertos del Norte de África y la Corona de Castilla (Castilla, Navarra, Granada y las Américas).

– De su abuelo Maximiliano de Austria heredó el Ducado de Austria, el Tirol y el título de Emperador.

– De su abuela María de Borgoña los Países Bajos, el Ducado de Borgoña y el Franco Condado. Estos dos últimos eran muy grandes y pertenecían a Francia por lo que luego dieron problemas.

Así, Carlos reunió bajo su trono Nueva España y los siguientes territorios europeos:

Imperio de Carlos V

2. — Política interna

CONFLICTOS EN LA MONARQUÍA HISPÁNICA

Carlos se convirtió en el monarca hispano en 1516, y llegó a la Península en el 1517 con su corte flamenca y borgoñesa. En este momento no conocía ni el idioma, ni las leyes, ni a los nobles ni al pueblo español, y vive con su corte y les coloca en los puestos importantes, sustituyendo a los anteriores encargados castellanos. Esta forma de actuar del monarca, generó conflictos.

En Castilla duraron desde el año 1520 al 1521, y se llamó la Guerra de las Comunidades. En esta, el pueblo se reveló contra la forma de gobernar de Carlos, quien estaba exprimiendo el reino para enriquecerse y luego poder competir con los príncipes alemanes en la “carrera económica” por el título de emperador. Así Padilla, Juan Bravo y Maldonado consiguen que Juana, la madre de Carlos les apoye en la causa (hacer que Carlos cambie la política). Se revelaron y lucharon, ganó Carlos, y estos comuneros fueron ajusticiados, pero consiguieron que Carlos se “castellanizase”. Puso a castellanos en los cargos políticos, cambio su corte, cambia su forma de gobernar, actúa como un monarca castellano.

comuneros Ajusticiamiento de los comuneros

En Aragón, se llamo la Guerra de las Germanías, y fue desde el 1521 hasta el 1523. Los nobles, se revelaron por las mismas razones que los castellanos, pero también porque querían evitar el dominio económico del monarca, querían conservar el pactismo. En Castilla, el poder del monarca es muy fuerte, las cortes deciden muy pocas cosas, pero en Aragón no, las cortes representaban más poder, y querían conservar esto.

 

 

 

CONFLICTOS EN EL IMPERIO GERMANO

imageEl principal problema fue el protestantismo de Lutero, que consiguió que muchos príncipes alemanes se independizaran del emperador. Esto fue, porque desde la Edad Media el Imperio (emperador) y la Iglesia (Papa) estaban ligados, entonces si dejabas de reconocer la Iglesia, dejabas de reconocer al emperador, así que se hacían protestantes para desvincularse del Papa y así del Imperio, y tener sus tierras propias. No solo ganarían la independencia, el poder total de sus tierras, sino que además ganarían las tierras de la Iglesia que estaban dentro de sus posesiones.

Carlos intentó desde el principio acabar con esta situación pacíficamente con las dietas de Worms (1521), de Spira (1529) y de Augsburgo (1530). Estas dietas o tratados fracasaron, después de esto los luteranos hicieron la liga de Smalkalda, y a su vez los cristianos fieles al Papa la de Nüremberg. Estas dos ligas entraron en guerra, y el duque de Alba ganó a los protestantes en Mühlberg (1547), pero en el 1555, Mauricio de Sajonia, un príncipe católico, se cambió de bando aliándose con Francia y derrotando a Carlos en Innsbruck

Al final, Carlos tuvo que aceptar y reconocer al protestantismo, y en 1555 firmó la Paz de Augsburgo, en la que figuraba el “Cuius Regio, Eius Religio”, que quería decir que cada príncipe decidía cuál era la religión de todo su principado.

Dieta de Worms Dieta de Worms

3. — Política externa

RIVALIDAD CON FRANCIA

721px-FrancisIFranceCarlos V y Francisco I de Francia, tuvieron varios enfrentamientos y tenían varias razones para luchar.

La primera es que Francia era un estado muy fuerte, y el Imperio y las tierras de Carlos también lo eran. Otra muy importante es que anteriormente Francia había sido aislada por los Reyes Católicos, cosa que supuso “odio” y rivalidad entre las dos naciones. La rivalidad también fue provocada porque Francisco I también había ambicionado la corona imperial. Otro gran factor, fue que las tierras de los Habsburgo rodeaban el Milanesado, tierras que ambos monarcas querían, y donde se libraron cuatro guerras, desde el año 1522 al 1544.

 

 

PRIMERA GUERRA (1522-1526)

Francisco I aprovechó que Carlos estaba ocupado con Lutero, y conquistó Navarra y Pamplona. En el 1525, se batieron en la Batalla de Pavía, donde Francisco perdió, fue apresado y fue llevado a Madrid. Firmaron la paz en el Tratado de Madrid (1526). En este, Francisco se comprometió a no volver a atacar a Carlos, y este le liberó. En cuanto Francisco llegó a París declaró la guerra a Carlos.

Pavía

SEGUNDA GUERRA (1526-1529)

Saqueo de RomaFrancisco y el Papa Clemente VII se aliaron contra Carlos. El Papa hizo esto porque vio que tenía demasiadas tierras y que quería gobernar sobre todas ellas. Carlos se había negado a ser coronado por el Papa porque este le ponía unas condiciones sobre el gobierno de las tierras que no le gustaban, así que el Papa y él estaban enfrentados. El ejército de Carlos sitió Roma y saqueó la ciudad en 1527. La mayor parte del ejército imperial eran mercenarios que no habían sido pagados durante un tiempo y que al ver la oportunidad de robar en “La Ciudad de los Tesoros”, no se lo pensaron dos veces. Si Carlos tenía o no intención de saquear la ciudad no se sabe, pero sí que no pudo detener a los mercenarios. Este saqueo, en principio involuntario, le favoreció ya que el Papa ante esta situación tuvo que ceder ante Carlos. En 1529 se firmó la Paz de las Damas o la Paz de Cambrai. Un año después el Papa retiró las condiciones de coronación y Carlos fue coronado emperador.

TERCERA GUERRA (1536-1538)

Seis años después del a coronación de Carlos, Francisco se alió con Solimán el Magnífico, que por su parte estaba asolando Europa por el Este y dominando el Mediterráneo. Esta alianza fue como perder la dignidad, se aliaba con cualquiera, pasó de aliarse con el Papa a aliarse con el “diablo”. Invadió Saboya y como respuesta, Carlos conquistó la Provenza. Esta tercera guerra casi no sirvió para nada, Francisco le quitó unos territorios a Carlos y este le quitó otros. Además en 1538 se llegó a la Tregua de Niza, que dejó las cosas como antes, que hace más absurda esta guerra.

CUARTA GUERRA (1542-1544)

Durante la tregua de cuatro años que hubo, Carlos se ocupó de los problemas internos con los protestantes, y Francisco aprovecha la ocasión. Se vuelve a aliar con los turcos. Al ver esto, Carlos decide aliarse también, dejar de ir solo como hasta ahora, y se une a Inglaterra. Inglaterra no lo hizo por los “salvar la cristiandad”, porque de hecho eran protestantes y fundaron el anglicanismo. Lo hicieron porque aún odiando a la Iglesia iban contra el Islam, todo antes de que conquisten Europa. Esta guerra se acabó con la Paz de Crépy en 1544 que finalmente reconocía la supremacía española en Italia.

EL IMPERIO OTOMANO

Willem_Pannemaker_Saqueo_de_T_nez._Centro_Felipe_de_Guevara_y_Jan_Vermeyen._Pa_o_XLos turcos eran el otro gran imperio del siglo XVI, y después de la caída de Constantinopla en 1453, tuvieron la puerta abierta a Europa. Este era su objetivo e intentaron entrar por dos medios.

Entraron en Europa Central y en el 1529 asediaron Viena pero perdieron. Tres años después lo volvieron a intentar, y Carlos convocó una alianza de católicos y protestantes contra Solimán el Magnífico. En ese mismo año, 1532, se detuvo el avance del Islam por el continente europeo. El Mediterráneo lo controlaron y Carlos intentó frenarles también allí conquistando Túnez en 1535. Aún así, fue derrotado en Argel en el 1541.

A pesar de los intentos de Carlos, el Islam siguió controlando el Mediterráneo y no habían sido parados del todo en sus intentos de conquistar Europa, de hecho el problema lo heredará Felipe, el hijo de Carlos.

 

Saqueo de Túnez

 

4. — Abdicación y muerte

En el 1556 se dio cuenta de que había tenido demasiadas tierras y que era muy difícil controlarlas todas con todos los problemas que suponían. Por esto dividió su herencia: A su hijo Felipe le legó las tierras que él mismo había heredado de los Reyes Católicos, Flandes y el Milanesado. A su hermano Fernando, le dio en herencia el Ducado de Austria y el título de emperador.

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Tema 4 – La Conquista de América

Posted by Ignacio Cabello en 2 enero, 2012


1. — La América Precolombina

AMÉRICA, UN CONTINENTE DESCONOCIDO

Pueblos precolombinosCuando los castellanos llegaron a América, había distintos pueblos y culturas. Había grupos muy pequeños, familias y clanes, y grupos más grandes con ciudades-estado formando imperios.

Muchos de los grupos eran paleolíticos, vivían de la caza y de la recolección; pero otros eran neolíticos, aunque conocían la agricultura y la ganadería. No conocían la metalurgia, ni la rueda, su tecnología era muy poco desarrollada, aunque no la cultura, que sí era avanzada.

En el momento en que llegaron los europeos al continente existían tres imperios en Sudamérica: el Maya, el Azteca y el Inca.

America precolombina

EL IMPERIO MAYA

MayaEl imperio tuvo dos etapas, la Clásica (s. IV-IX) y la Postclásica (s. X-XV). Cuando llegaron los castellanos estos estaban en decadencia ya que estaban sometidos a los aztecas.

Su economía estaba basada en el comercio entre las ciudades del imperio y la agricultura, el maíz y los cereales.

El imperio estaba organizado en ciudades-Estado dirigidas por un jefe militar ayudado y aconsejado por su familia. Las ciudades no tenían un carácter residencial, sino que eran templos y edificios importantes. Solía haber una gran explanada central en la que los comerciantes y mercaderes montaban sus puestos. Las viviendas en cambio solían estar fuera de las ciudades.

Culturalmente, desarrollaron mucho la aritmética y la astronomía, conocían el calendario solar, que era mejor que el lunar. Tenían un arte muy evolucionado, conocían la cerámica, el barro cocido; y hacían monumentos colosales, pirámides y esculturas. Con las pirámides, edificios de culto, decían que se aproximaban más a los dioses.

palenque Ciudad maya de Palenque

Chichen Itza Pirámide maya de de Chichen-Itza

Creían en varios dioses, entre ellos Chaac, y Kukulcán, también creían en la vida de ultratumba, y además hacían muchos sacrificios humanos a los dioses.

chaac Chaac   kukulcan Kukulcán

EL IMPERIO AZTECA

En México se juntaron tres culturas, los Olmecas, los Toltecas, y la cultura del valle de Teotihuacán. De esta unión nació el pueblo azteca, con una cultura muy guerrera, gracias a la que consiguieron una gran expansión por Centro-América.

AztecasMoctezumaEn el año 1325 fundaron Tenochtitlán (construida sobre un lago) y en el 1433 Itzcóatl fundó una liga, una confederación de tres ciudades, Tenochtitlán, Texcoco y Tlacopán. De esta liga nació el Imperio Azteca. La máxima expansión la consiguió Moctezuma (1500-1520) en el siglo XVI, justo antes de que llegase Cortés y conquistase el gran imperio.

La economía se basaba en el maíz y el cereal de regadío. Conocían la cerámica, los tejidos y la técnica para tintarlos y una técnica para que los cultivos no se congelasen a primera hora de la mañana, cuando más frío hace. Esta técnica consistía en quemar antes de la hora más fría de la mañana excrementos de animales que creaban una densa nube de humo, que impedía que el aire frío bajase y así los cultivos no se congelasen.

La sociedad estaba dividida en castas y en calpullis (clanes); y no había movimientos entre grupos.

Ciudad de Tenochtitlán

Tenochtitlan

EL IMPERIO INCA

manco capacCultura IncaEn los Andes, existían dos civilizaciones, Tiahuanaco y Chavín de Huántar. De estas dos derivó la civilización Inca. Comenzó cuando los quechuas, el grupo étnico Inca, llegaron a Cuzco hacia el año 1200. Según la leyenda, el primer Inca, que significaba rey, Manco Cápac, les enseño la agricultura, y su mujer, Mam Ocllo, a tejer lana de las llamas y alpacas. En seguida conquistaron los pueblos vecinos. Así, ocuparon Argentina, Perú, Ecuador, Bolivia y el Norte de Chile.

Su economía estaba basada en el maíz en las zonas bajas y la patata en las zonas altas. También tenían animales domésticos de los que sacaban provecho. De la llama y la alpaca sacaban lana, leche y carne; del conejillo de indias carne, y el perro les ayudaba a cazar.

Se caracterizaron por sus monumentales construcciones, como las ciudades de Huanacori, Machu Pichu o Huiracochapapma . Estas tenían enormes muros con gruesos pilares.

Una cosa que ayudó al desarrollo de esta civilización, fue la gran red de calzadas que tenían, que servía a los ejércitos para llegar rápidamente al lugar de batalla, y al comercio. La ventaja de tener comercio rápido y que conecte el Imperio entero, es que se puede tener una economía global, cada uno dedicarse específicamente a una cosa, aunque luego también produzca comida y cosas de primera necesidad, alguno se especializaba en hacer armas, aunque luego producía comida para su familia.

No conocían la escritura, pero estaban el paso previo, hacían cuentas, para lo que usaban el quipu, un sistema de cuerdas y nudos de distintos colores.

La sociedad estaba organizada en ayllus, clanes, familias de unos 500 miembros, y la territorial en suyus, provincias gobernadas por un jefe llamado apo.

Eran politeístas, sus dioses principales eran Viracocha (creador) e Inti (sol).

Machu Pichu

2. — Proceso de conquista

Las expediciones estaban organizadas y controladas desde las Antillanas, en el Caribe y eran contra los Incas y los Aztecas, ya que los Mayas se habían extinguido antes de la llegada castellana.

La facilidad a la hora de conquistar fue gracias a la superioridad técnica militar, ya que tenían metal (espadas, lanzas, escudos, armaduras etc.), pólvora y caballos, y estaban luchando contra hombres bajitos, con armas de madera y piedra y sin ninguna protección. En los nativos, el que tuviesen pólvora y caballos causó una gran sorpresa, y llegaron a pensar que eran dioses. Al ver que iban montados en caballos, pensaban que eran un solo cuerpo, y además, luego que se podían dividir en dos. Otra segunda razón fueron los conflictos internos, los Aztecas porque dominaba su Imperio a la fuerza y tenía enemigos y algunos de sus pueblos en contra, y los Incas tenían una guerra civil de Huáscar contra Atahualpa. La última razón es que la población nativa estaba acostumbrada a un poder absoluto, en parte no les importaba quien les gobernase, entonces los castellanos sustituyeron a los monarcas y conservaron el mismo sistema (por un tiempo).

Batalla de Otumba

3. — Conquista de México, el Imperio Azteca

cortes y moctezumaHernán Cortés (1485-1547) desembarcó en el 1519 en las costas mexicanas. Tuvo un primer duro enfrentamiento con los tlaxcaltecas, a quienes vencieron, y serán aliados. Ante esta derrota, los soldados de Cortés quisieron marcharse, pero él quemó las naves para que no lo hicieran, y finalmente se dirigieron a Tenochtitlán, donde apresó a Moctezuma II, aunque parecía que Moctezuma le había invitado a la ciudad.

Moctezuma no se dio cuenta de que Cortés quería el poder de la ciudad, pero el pueblo si se percató. Como consecuencia, la noche del 30 de Junio del 1520, llamada la Noche Triste, los nobles se sublevaron, Moctezuma murió y Cortés optó por la huida.

Esta huida fue desastrosa, Cortés perdió hombres, cañones, armas, oro, espadas etc. Esto se debió a dos razones. La primera fue que Cortés no tenía a todos sus hombres, al contrario que los aztecas que eran muchos. La segunda, quizá más importante fue que en la huida, la batalla se libró en la ciudad, lugar conocido y controlado por los aztecas, y un lugar en el que las armas de fuego, los cañones y los caballos no funcionan como podrían hacer en campo abierto. La salida de la ciudad (que estaba rodeada de agua) solo se podía hacer por los puentes que había, la mayoría ocupados por los guerreros aztecas o en barcas, cosa que era muy lenta. Así, los españoles arrojaron las armaduras y armas pesadas al agua y huyeron nadando y corriendo como pudieron.

Después, llegando a Otumba, los aztecas alcanzaron a los españoles, que se tuvieron que batir en combate, pero esta vez estaban en ventaja, gracias a los refuerzos toltecas y al resto del ejército español que se había quedado fuera de Tenochtitlán, y a que la batalla se libró en campo abierto, y pudieron usar caballos, armas de fuego y cañones. Finalmente ganaron.

Durante el año siguiente, consiguió aliados en distintos pueblos aztecas, y finalmente conquistó Tenochtitlán en Agosto de 1521.

4. — Conquista de Perú, el Imperio Inca

En 1531 Francisco Pizarro comenzó la expedición contra los incas que estaban sufriendo guerras internas de sucesión. Huayna Cápac tenía dos sucesores, Huáscar y Atahualpa. Pizarro atacó a Atahualpa, y Huáscar pensó que estaba de su parte.

images-2Huáscar   images-1Atahualpa

En 1533 ocupó Cuzco con la ayuda de Huáscar, que después se dio cuenta de que Pizarro iba con la meta de dominar el Imperio Inca, y le deja.

En 1535 fundó Lima, con planta no inca, sino castellana renacentista, lo que se convirtió en el Virreinato de Perú. Esta base castellana en Perú fue colonizada, poblada y protegida, la colonización efectiva.

Hasta el año 1550 Pizarro estuvo en guerra con los incas por el dominio de los territorios. Los incas opusieron más resistencia que los aztecas, por lo que la conquista duró bastante.

El extremo sur no fue conquistado por Pizarro, sino por Diego de Almagro y por Pedro de Valdivia.

5. — Organización de las conquistas

EL PAPEL DE LAS ISLAS CANARIAS

Estas islas pertenecían a la Corona Castellana, y jugaron un gran papel en la organización y colonización de los nuevos territorios americanos por dos razones. Una es que era escala obligatoria para las expediciones, y la otra es que como eran territorios recién conquistados, se podía experimentar con nuevas formas de gobierno que luego serían usadas en América.

LA ECONOMÍA

La economía se basaba en la minería y en la agricultura. La explotación agrícola se organizó mediante encomiendas, cesiones de tierra e indígenas que hacía el estado a los castellanos. Estos indígenas trabajaban para el encomendero, y este les protegía (feudo).

La explotación minera se dio sobre todo en México, en el Potosí y en Bolivia, lo que llamamos el Ciclo Minero. Este estaba organizado en mitas, que eran encomiendas aplicadas a la minería. El problema era que al ser en las minas era más peligroso y moría más gente.

Llegada_de_los_espa_oles_III Un encomendero y un grupo de indígenas.

Estos nuevos sistemas económicos alteraron la dinámica y la economía de los indígenas.

Además existían reducciones, en las que los Jesuitas se reunían para que los indígenas no fueran capturados y explotados, y los evangelizaban. Además mantenían sus costumbres, y lo que ellos hacían y cultivaban era para ellos mismos, así creaban mucha riqueza.

reducciones jesuitas

ADMINISTRACIÓN DE LOS TERRITORIOS

En 1503 se creó la Casa de Contratación de Sevilla, que se encargaba del aspecto económico de las tierras. Posteriormente, en 1524, se creó el Consejo de Indias, un consejo territorial.

Las tierras americanas se dividieron en dos virreinatos, el Virreinato de Nueva España en 1534, que abarcaba México, Centroamérica y las Antillanas; y el Virreinato de Perú, en 1542. Este abarcaba las tierras de América del Sur. En el siglo XVIII se divide en el Virreinato de Nueva Granada 1717 y en el de Río de la Plata 1778. Estos virreinatos se subdividían en provincias, y se instauraron las audiencias (organización jurídica y territorial) y los municipios, con cabildos que gobernaban cada ciudad.

EL COMERCIO

El comercio con las Indias era exclusivo de España, solo podía el estado español y por esto hubo mucha piratería, entonces se decidió que todos los países podían comerciar protegidos por la armada española, y se acabó la piratería. Este comercio estaba controlado por la Casa de Contratación, y una vez al año la Flota de Indias contaba y llevaba el oro y la plata a Castilla.

LA SOCIEDAD

La sociedad americana estaba compuesta por indígenas, europeos y población subsahariana.

Al principio los indígenas iban a ser tratados como esclavos, pero Isabel I de Castilla les consideró personas con alma y por tanto súbditos y ciudadanos castellanos. Esto se dijo en las Leyes de Burgos (1512) que se dedicaban a proteger a los indígenas, y posteriormente en las Leyes Nuevas (1542).

Había blancos, que eran castellanos y eran la minoría. Los descendientes de estos eran criollos, y estuvieron al margen de los asuntos políticos. También, aparte de los indígenas había población subsahariana, y eran esclavos. Sustituyeron en parte a los indígenas en los trabajos forzosos porque tenían mejor físico para aguantarlos.

A raíz de esta convivencia surgieron mezclas, y prácticamente se mezclaron todos con todos. Había distintas uniones:

– Mestizo: Hijo de un blanco y una indígena.

– Mulato: Hijo de un blanco y una mujer africana.

– Zumbo: Hijo de un hombre africano y una indígena.

El mestizaje fue habitual en entre América española y portuguesa. Los hijos de estas mezclas no podían participar en el gobierno.

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