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Tema 1 – El proceso de industrialización

Posted by Ignacio Cabello en 24 noviembre, 2012


Esto es un borrador, la publicación final está en espera

1 – LA VIDA ECONÓMICA EN LA ÉPOCA PREINDUSTRIAL

1.1 Sociedades agrarias y rurales

Antes de que la industrialización revolucionase la sociedad y la economía de los países que la sufrieron, la inmensa mayoría de los aproximados 700 millones de habitantes que poblaban el planeta a principios del siglo XVIII vivían en pequeñas ciudades o poblaciones rurales, trabajaban el campo y eran analfabetos. Durante esta época anterior a la Revolución Industrial, las actividades económicas predominantes eran la agricultura y la cría de ganado. El 85 por ciento de la población europea llevaba a cabo tareas agropecuarias en núcleos rurales, siendo el trabajo compartido por hombres, mujeres y niños, es decir, un trabajo familiar. Los cultivos principales eran la cebada –para producir cerveza–, el centeno, el trigo y la avena –para la producción de harina–, la vid, el lino –como material principal en la manufacturación de ropas–, los olivos y las plantas forrajeras destinadas a la alimentación de los animales, que a su vez proporcionaban carne, fuerza de tiro y el estiércol necesario para la fertilización de los campos.

La ganadería formaba parte también de las principales labores económicas, pero generalmente cuando se criaba animales no era para el consumo de su carne (salvo el caso del cerdo, que era caro de mantener y del cual se aprovechaba todo). Los animales de tiro (mulas, caballos, burros y bueyes) servían como fuente de energía para las tareas agrícolas, por lo que no eran animales para el consumo de su carne. La poca caza existente era o bien nobiliaria o bien furtiva. De tal modo, el aporte proteínico a la dieta campesina tenía que ser en forma de aves, huevos y pesca (y cerdos en caso de que dicha familia pudiese permitirse criarlos).

La agricultura y ganadería eran de subsistencia, es decir las familias producían lo mínimo necesario para el autoconsumo y la supervivencia. La dieta básica se componía de pan, legumbres, tocino y vino, que tuvo que sustituir a la carne como fuente de calorías necesarias para trabajar el campo. Las poblaciones rurales eran muy vulnerables a la naturaleza, al tiempo y a la meteorología, y con frecuencia las malas cosechas provocaban escasez de alimentos y subida de precios que extendían el hambre por la población.

Podemos ver, que entrado el siglo XVIII, el sistema económico del campo se parece mucho al feudalismo medieval, en esencia es idéntico. La mayoría de los campesinos no eran propietarios de las tierras que cultivaban, casi todos eran arrendatarios (aldeanos que trabajaban tierras alquiladas a los nobles) y jornaleros (campesinos asalariados). Además, en el noreste de Europa millones de campesinos siervos seguían sometidos a los grandes señores latifundistas en difíciles condiciones similares a las medievales.

1.2 Atraso técnico

Una característica sobresaliente de la economía preindustrial es el retraso y estancamiento tecnológico. Las técnicas y herramientas usadas en los sectores agrario y artesanal resultaban rudimentarias y anticuadas. Así, continuaban utilizándose carros de madera y arados de vertedera semejantes a los empleados por los antiguos romanos.

Los sistemas de cultivo permanecían igual de atrasados que las herramientas, ya que los labradores dejaban buena parte de las tierras en barbecho para que pudiesen recuperar los elementos minerales perdidos al ser cultivadas ininterrumpidamente. Más llamativa aún es la técnica que usaban los campesinos rusos, la agricultura itinerante de cremación, que consistía en quemas una zona de bosque para plantar sobre las cenizas, que eran ricas en nutrientes. Sin embargo, ambas técnicas resultaban anticuadas y eran poco productivas.

Por último, las únicas fuentes de energía utilizadas eran la muscular (humana y animal) y el aprovechamiento de las fuerzas del agua y del viento (molinos, barcos veleros). En estas condiciones el crecimiento económico en el mundo preindustrial era prácticamente nulo, de modo que la producción, las ventas y el consumo no aumentaban de un año para otro.

1.3 El comercio en el mundo preindustrial

Para que exista actividad comercial es necesario que haya oferta de productos –y por lo tanto excedentes que se puedan vender en el mercado–, demanda –comprador que necesite dicho producto y que además pueda permitírselo–, y un medio para transportarlo.

El comercio local y a corta distancia era escaso porque los medios de transporte –carretas tiradas por animales y barcazas de madera que circulaban por ríos– resultaban lentos e inadecuados, por las malas condiciones en las que se hallaban los caminos –pedregosos y embarrados–, y por la inseguridad que causaban los numerosos bandoleros al asaltar los caminos. Además, la economía era de autoconsumo, y los campesinos no tenían demasiado dinero, por lo que no había ni muchos excedentes ni demanda. Un último factor que hacía que el comercio fuese escaso es que muchas veces no salía rentable vender tus productos en los pueblos de alrededor, pues se tardaba bastante tiempo en ir hasta ellos y los precios no podían ser muy altos porque si lo fuesen los aldeanos no podrían pagarlos.

Por el contrario, el comercio internacional a larga distancia había experimentado un gran desarrollo en los siglos XVII y XVIII. Era principalmente por mar, y se efectuaban intercambios de productos en grandes cantidades entre las colonias y las metrópolis, y entre países. Sólo los miembros de las clases altas se beneficiaron de este comercio, pues eran los únicos con el capital suficiente para permitirse productos traídos del extranjero. Es más, mayoritariamente eran las casas reales las que compraban y vendían a gran escala.

Se intercambiaban productos muy variados, como sedas, especias, metales, madera, café, azúcar, algodón y objetos artesanales. El comercio de esclavos negros, aunque inmoral, fue muy importante y produjo muchos beneficios para los comerciantes europeos. Las principales rutas comerciales atravesaban el Mediterráneo, el Báltico, el Atlántico y el Índico. Salían barcos mercantes desde los puertos más importantes de Inglaterra, Alemania, Francia, España, Holanda, Portugal y de sus colonias en América, África y Asia. Este desarrollo comercial y consecuente enriquecimiento favorecieron que en ellos se produjese antes la Revolución Industrial.

De todas formas, los viajes en barcos de vela eran complicados, largos, incómodos y peligrosos. Esta necesidad de mejora tanto del transporte terrestre como del marítimo fueron objetivos primarios una vez introducida la máquina de vapor.

1.4 Producción artesanal urbana y rural

Desde el siglo XII habían existido los gremios, asociaciones de artesanos dedicados al mismo oficio en una misma ciudad que controlaban la actividad artesanal limitando la libertad de producción y venta e impidiendo la libre competencia entre miembros del gremio para evitar monopolios y desigualdades. Las manufacturas se elaboraban en los talleres, donde trabajaban cinco o seis personas: el maestro –dueño del taller, de las herramientas y de las materias primas–, dos o tres oficiales asalariados y un par de aprendices que trabajaban a cambio de comida y un lecho donde dormir.

En las zonas rurales eran las familias campesinas las que una vez terminadas las tareas en el campo elaboraban en sus hogares productos artesanales –utensilios y herramientas y ropas de lana, cuero y algodón–. Aparte de producir lo justo para su autoconsumo, existía lo que los historiadores han denominado Domestic System. Esto era un tipo de industria rural en la que un comerciante contrataba a familias campesinas para que éstas fabricasen productos manufacturados –principalmente ropas– a partir de las materias primas que el comerciante suministraba. El Domestic System surgió como alternativa a los gremios, pues ofrecía mayor libertad a la hora de producir porque no había nadie que lo controlase. Sin embargo, este sistema presentaba algunas desventajas, porque las tareas se realizaban de manera discontinua –los campesinos estaban atados a los calendarios agrícolas y no siempre disponían del tiempo necesario– y sin presencia de supervisores que garantizasen la calidad de los productos. Para resolver el problema de la inconstancia en la elaboración de productos artesanales y de su calidad, se desarrolló un nuevo sistema de producción: la industria fabril.

Fuera de Europa las sociedades también eran agrarias y rurales, predominando la agricultura como base de la economía. En América existían enormes latifundios en los que los esclavos negros provenientes de África trabajaban plantaciones de azúcar, cacao, café y algodón para la exportación de dichos productos al continente europeo. En la India los colonos británicos y portugueses fomentaron los cultivos exóticos (té, seda…) para su venta en las metrópolis y en el resto de países europeos. En África tanto la ganadería como la agricultura eran de subsistencia y autoconsumo.

2 – LA INDUSTRIALIZACIÓN

Si bien hasta mediados del siglo XVIII la economía se encontraba estancada y el crecimiento era nulo, una serie de cambios en el sistema de producción, de innovaciones técnicas aplicadas al trabajo fabril y a los transportes; hicieron que la economía creciese de manera continuada y sostenida afectando a la sociedad del momento.

2.1 Paso de una economía agraria a una economía industrial

Los signos distintivos de la nueva época industrial fueron las nuevas fuentes de energía (vapor de agua y carbón como combustible), el reemplazo de las antiguas herramientas por máquinas modernas, el cambio de las industrias domésticas y urbanas en talleres a las fábricas, y los nuevos medios de transporte (ferrocarril y barcos de vapor). Poco a poco la industria desplazó a la agricultura, haciendo que el segundo sector económico predominase sobre el primero.

Durante esta época de desarrollo hubo un crecimiento económico y constantes incrementos en la producción, venta y consumo de productos, dando lugar a una acumulación de capitales que tendrá como consecuencia una sociedad capitalista, en la que el dinero significa posibilidad de inversión y de crecimiento económico.

Los viejos métodos de obtención de energía fueron sustituidos por la energía proporcionada por el vapor de agua, que se empleó para mover todo tipo de máquinas y que convirtió al carbón en el nuevo combustible. Sin embargo, el carbón requiere cierto proceso de extracción. No se puede cultivar o producir, hace falta obtenerlo de un yacimiento hullero. De este modo, la Revolución Industrial estuvo condicionada por la disponibilidad de materias primas y de carbón.

2.2 Innovaciones técnicas: el maquinismo

La introducción de máquinas en la fabricación de productos desplazó a la mano humana en el trabajo. Como consecuencia se redujeron los costes, se incrementó y aceleró la producción, y por tanto los empresarios obtuvieron mayores beneficios. En contra partida, numerosos peones se quedaron sin trabajo por la introducción de máquinas, y tuvieron que adaptarse a la industrialización dedicándose a nuevas industrias, como la producción y fabricación de máquinas, la minería –que se desarrolló mucho durante el periodo de industrialización–, la construcción… Las máquinas fueron utilizadas en la industria textil, la siderurgia, la extracción de minerales, la agricultura, las imprentas, la navegación y el transporte terrestre.

La máquina hiladora creada por el inglés Richard Arkwright en 1769 multiplicó la velocidad en la elaboración de hilos de algodón para la industria textil, y el telar mecánico inventado en 1787 por Edmund Cartwright entrelazaba los hilos produciendo telas con gran rapidez no obstante, la máquina de vapor del ingeniero escocés James Watt (1782) se convirtió pronto en el descubrimiento de mayor trascendencia.

Para construir máquinas, fábricas, ferrocarriles y barcos de vapor –todos hechos a partir de estructuras metálicas– era necesario mejorar y encontrar materiales más resistentes y duraderos. Por ello, en el sector metalúrgico se llevaron a cabo innovaciones revolucionarias similares. Desde 1776, John Wilkinson mejoró el sistema de obtención de hierro, fundiendo en altos hornos el mineral de hierro con hulla. Diez años más tarde, Henry Cort ideó un nuevo método para obtener hierro de mayor calidad, flexibilidad y resistencia; y finalmente en 1855 Henry Bessemer descubrió una fórmula más rápida y barata para fabricar acero, mezclando hierro fundido y carbono.

Los avances técnicos introducidos en la metalurgia y la fundición fueron igualmente aplicados a la construcción de armamento militar. En 1808, el británico William Congreve inventó un prototipo de proyectil explosivo a propulsión de 17 kg que alcanzaba blancos a 2500 metros de distancia. Gracias a los nuevos proyectiles, las murallas de las ciudades dejaron de ser imprescindibles, pues con la nueva tecnología militar se podía destruir una ciudad sin derribar las murallas.

Las nuevas máquinas fueron empleadas también en los transportes, tanto en el terrestre como en la navegación. Gracias al ferrocarril y al barco de vapor las comunicaciones se hicieron más sencillas y se acortaron las distancias. Así, el comercio fue más rápido, barato y se internacionalizó todavía más, pues cada vez era más fácil llegar a otros países. Asimismo, las mejoras en los transportes afectaron al campo militar, pues las maniobras de desplazamiento de tropas fueron más sencillas y rápidas que antes. Igualmente sucedió con las relaciones diplomáticas.

Las imprentas se mejoraron gracias a la máquina de vapor. Los avances en la imprenta fueron muy importantes y significativos, pues la Ilustración fomentó la difusión de libros, y gracias a estas mejoras fue más rápida. Además de los libros ilustrados, la imprenta dio pie al nacimiento de la prensa. Por último, las nuevas ideologías y movimientos obreros encontraron en la imprenta un medio de propagación de sus ideas, que tanto marcaron los siglos XIX y XX. De nuevo los avances técnicos empujaron a los países industrializados hacia una globalización.

2.3 La fábrica y la nueva organización del trabajo

Las fábricas sustituyeron a los antiguos talleres urbanos y a las industrias familiares del Domestic System. En primer lugar, las tradicionales herramientas usadas en la elaboración de productos artesanales fueron sustituidas por modernas máquinas que cada vez eran más eficaces y sofisticadas. El lugar de trabajo ya no eran los talleres o las viviendas campesinas, las tareas industriales se llevaban a cabo en las fábricas, grandes y espaciosos edificios donde se concentraban decenas de operarios –frente a los cinco o seis artesanos que podía albergar un taller– manejando los motores y aparatos mecánicos bajo la presencia de supervisores. Poco a poco las fábricas fueron sustituyendo a los talleres y a los gremios, causando la ruina para muchos artesanos.

El patrono mantenía el control de las nuevas fábricas, pues al igual que un maestro artesano, era el dueño de las instalaciones, las materias primas y las máquinas. Pero, a diferencia de un maestro artesano, el patrono no tenía por qué saber elaborar los productos que se hacían en su fábrica.

También se introdujeron cambios en la organización del trabajo. En las fábricas se implantó la producción en serie, la fabricación de bienes en grandes cantidades utilizando diseños estandarizados para que todos sean iguales. De este modo, se redujeron costes porque no era necesario tener distintos tipos de máquinas para diferentes productos.

Habitualmente la producción en serie iba acompañada de una fuerte división del trabajo, que consistía en fragmentar el proceso de elaboración del producto en distintas tareas, encargándose de cada una de ellas un operario diferente. La ventaja de la división del trabajo es que en cada estación de la cadena de montaje habrá lo necesario –máquinas, herramientas y materias primas– para que el trabajador encargado de llevar a cabo dicha parte del proceso de producción no pierda tiempo desplazándose por la fábrica en busca de materiales. Este nuevo sistema fabril de producción era muy eficaz, y aumentó la productividad de las empresas y fábricas. Sin embargo, este sistema provocó algunos efectos negativos, pues los operarios pasaron a realizar tareas muy repetitivas, monótonas y aburridas, perdiendo la conciencia de estar fabricando mercancías concretas.

2.4 La revolución de los transportes y de las comunicaciones

Otra de las señas de identidad de la industrialización del siglo XIX fue la aparición de novedosos medios de locomoción que utilizaron las nuevas tecnologías, máquinas y fuentes de energía, como los buques a vapor y los ferrocarriles.

El ferrocarril, estrenado en 1830 en la línea Manchester-Liverpool, no sólo fue un signo de industrialización, sino también una fuente de desarrollo. Fue necesario fabricar muchas máquinas de vapor, multiplicar la producción de vidrio y madera, extraer enormes cantidades de carbón, producir millones de toneladas de hierro (un kilómetro de vía férrea requería casi 300 toneladas), contratar a cientos de miles de trabajadores e invertir cuantiosas sumas de dinero. Por todo ello, la expansión del ferrocarril y de la navegación a vapor tuvo repercusiones muy beneficiosas para la industria metalúrgica, para la minería y para el comercio, ya que mejoró el transporte de mercancías desde los lugares de producción a los centros urbanos de consumo. Para los hombres del siglo XIX, el ferrocarril se convirtió pronto en el máximo símbolo del progreso, de la fuerza y de la modernidad.

El telégrafo, inventado en 1837, modificó y aceleró la transmisión de mensajes y noticias a larga distancia. En pocos años Europa había sido cubierta por miles de kilómetros de líneas telegráficas, y a partir de 1865 comenzaron a tenderse cables submarinos intercontinentales. Al telégrafo se sumó la prensa, que difundía y anunciaba las noticias más importantes de cada localidad o país.

2.5 Las actividades financieras

Los bancos habían existido desde la Edad Media como depósitos de dinero, pero durante el periodo de industrialización el papel que jugaron los bancos fue decisivo. El flujo de dinero tuvo que ser mayor, pues las nuevas actividades económicas (industria fabril, servicios de transporte, construcción de máquinas…) y el aumento del comercio requerían un desarrollo de la circulación monetaria. Los bancos resultaron una institución muy importante en el desarrollo del capitalismo, ya que ofrecían préstamos a las empresas, actuaban de inversores indirectos (compra de acciones) y facilitaban los pagos mediante cheques y letras de cambio. En consecuencia, la banca se convirtió en intermediaria entre los ahorradores, que entregaban su dinero en depósito, y los industriales, que necesitaban capitales para invertir.

Las empresas exigían grandes aportaciones de dinero, que un solo empresario no podía suministrar. Entonces surgieron las sociedades anónimas, mediante las cuales el capital que requiere la empresa es fraccionado en acciones. Éstas pueden ser adquiridas y vendidas por cualquier particular en la bolsa de valores.

2.6 Liberalismo, capitalismo y burguesía

La Revolución Industrial sólo pudo darse en aquel país en el que el pueblo (o parte de él, dependiendo del sufragio) tomase parte de la vida política de la nación, es decir aquel país que no conservaba el absolutismo como doctrina política. Inglaterra fue el primer país que tuvo una monarquía parlamentaria de poder limitado, y más adelante por Estados Unidos y Europa se sucedieron una serie de revoluciones populares cuyo fin era abolir el absolutismo para dar comienzo al liberalismo. El liberalismo fundamenta la sociedad en el individuo personal, y por tanto, el Estado debe garantizar los derechos y libertades de los ciudadanos libres que forman la nación. Puesto que el poder viene otorgado del pueblo –soberanía nacional–, las decisiones emanan del Parlamento, una asamblea elegida por sufragio que elabora las leyes. También se defiende la división de poderes para que éstos no sean nunca absolutos (tiranía).

Una serie de pensadores británicos definieron a finales del siglo XIX el capitalismo, la doctrina económica que sustentaba al liberalismo político. Entre ellos destacó Adam Smith, que en su principal obra, La riqueza de las naciones (1776), estableció las bases y los principios de este nuevo sistema económico.

El capitalismo favorece la propiedad privada, pues el control de la mayor parte de las empresas y de las tierras se encuentra en manos de propietarios particulares. Esta preeminencia de la propiedad privada es fundamental, porque se pasa de una sociedad estamental en la que uno pertenecía a un grupo social por nacimiento, a una sociedad clasista en la que la propiedad y la capacidad económica determinaban la condición social, quedando dividida en propietarios burgueses y obreros. Éstos últimos carecían en muchos casos de derechos políticos, es decir, no formaban parte de la sociedad y no podían votar (sufragio restringido o censitario).

La nueva sociedad capitalista confiaba en el esfuerzo y la iniciativa individual para aumentar el crecimiento económico, pues constituyen el motor de la economía. Sin embargo, el individualismo promulgado por el liberalismo económico causó una falta de solidaridad y grandes desigualdades en la sociedad, enriqueciéndose los ricos y empobreciéndose los pobres.

La obtención del máximo beneficio y la reducción de costes de producción para competir en mejores condiciones supusieron objetivos básicos de toda actividad económica. Gracias a la competitividad entre empresas hubo innovación, dinamismo y evolución de nuevos productos. Además, la lucha por producir más barato fue un constante estímulo para la mecanización y renovación tecnológica. De no ser por la ley de la competencia, no habría habido mejoras en los productos, como sucedía durante el absolutismo.

Otro pilar del capitalismo es la libertad a la hora de crear empresas, producir y contratar trabajadores. A diferencia de los gremios o los países en los que el Estado interviene en la economía, los empresarios de la nueva era eran libres para abrir fábricas, contratar y despedir trabajadores y producir cuanto y como deseasen. De este modo, el capitalismo generó una sociedad dinámica en la que eran los burgueses propietarios los que decidían y tenían el poder sobre los obreros.

Por último, cabe resaltar que todos los avances y los efectos de la energía del vapor mencionados anteriormente, no sólo se sintieron en el campo de la tecnología, sino en casi todos los aspectos de la sociedad y de la civilización humana. Todo el progreso técnico provocó una atmósfera de optimismo en la que se creía que la tecnología y el vapor iban a rescatar a la humanidad. Cuando el rey Jorge II de Inglaterra visitó la fábrica de Boulton & Watt, Matthew Boulton –capitalista que financió las invenciones de James Watt– le aseguró: «Majestad, tengo a mi disposición lo que el mundo necesita; algo que impulsará más que nunca la civilización, al librar al hombre de todas las tareas indignas. Tengo la energía del vapor». La burguesía capitalista empezó a disponer de bienes y servicios –como los nuevos medios de transporte que permitían viajar más fácilmente, el comercio que puso a su alcance productos traídos de lejos, las mejoras en la industria textil que trajeron con sí nuevas modas y vestidos, el desarrollo de las imprentas y de la prensa, etc.– que hacían la vida más fácil y cómoda.

3 – LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL EN INGLATERRA

El proceso de industrialización comenzó en Inglaterra, puesto que era el único país que reunía, a mediados del siglo XVIII, un conjunto de circunstancias ventajosas que permitieron el temprano origen de su desarrollo.

3.1 Revolución agrícola

Un paso previo y necesario para el crecimiento industrial fue la renovación y transformación del sector agrario, proceso que comenzó a finales del siglo XVII. Los cambios introducidos por campesinos y ganaderos emprendedores provocaron un incremento espectacular en la producción total de alimentos y en el rendimiento.

La revolución agrícola se caracteriza por una transformación radical de los sistemas de producción: paulatina desaparición del barbecho y sustitución por la rotación de cultivos o sistema Norfolk, que incrementa el volumen de las cosechas; la consecuente estabulación del ganado; introducción de nuevos de cultivos (maíz, patata, plantas forrajeras…) en estrecha ligazón con la expansión ganadera (mejora en la selección en la cría de ganado para obtener animales de mayor peso que proporcionaran cantidades superiores de carne y leche); cercamientos de fincas y tendencia a la concentración de parcelas para un uso más racional; incorporación de un nuevo instrumental agrario, de maquinaria (trilladora, segadora, sembradora mecánica, arado metálico…) y abonos.

Todo ello da como resultado un aumento sostenido del rendimiento (entre 1700 y 1800 fue de un 90%) y de la producción, generando un excedente comercializable. En suma, la agricultura rompe definitivamente el círculo vicioso del autoabastecimiento y se convierte en pieza básica en la configuración de los mercados nacionales.

Asimismo, las familias campesinas más favorecidas aumentaron sus ingresos y su capacidad adquisitiva, de modo que se convirtieron en consumidores de productos industriales. Además, la acumulación de capitales suponía la posibilidad de invertir en nuevas mejoras, o incluso en los sectores industriales.

El aumento de la producción de alimentos hizo posible un alto crecimiento de la población en Gran Bretaña, que pasó de unos 7,5 millones de habitantes a principios del siglo XVIII a cerca de 30 millones a finales del siglo XIX. La mejora de la alimentación y los avances de la ciencia y la medicina provocaron un descenso de la mortalidad, puesto que la gente resistía mejor a las enfermedades. Al mismo tiempo, este aumento constante de la población elevó el número de consumidores de productos industriales, así como de la mano de obra. Debido al crecimiento demográfico, empezó a sobrar gente en el campo, que tuvieron que emigrar a las ciudades industriales.

3.2 Gran Bretaña como potencia mundial

Desde el final de la Guerra de Sucesión española, los británicos se aseguraron la supremacía comercial marítima mundial desplazando a franceses y holandeses. El control de los mares, gracias a una poderosa flota de guerra, hizo posible que el comercio exterior inglés se duplicase entre 1700 y 1780. La enorme expansión comercial colonial de Inglaterra y el tráfico de esclavos permitieron la acumulación de capitales y la obtención de materias primas imprescindibles para el proceso industrial.

Otros factores que favorecieron los inicios de la industrialización en Inglaterra fueron la abundancia de recursos naturales, el sistema político, el robusto sistema bancario y la mentalidad empresarial y emprendedora de la sociedad inglesa.

Los yacimientos de mineral de hierro y de carbón eran abundantes y accesibles, pues se hallaban muy cerca de los puertos marítimos. Del subsuelo británico se extraía, a finales del siglo XVIII, casi el 90 por ciento del total de la producción mundial de carbón. Surgieron importantes núcleos industriales, todos ellos en torno a los recursos naturales necesarios (cuencas hulleras, minas de cobre, hierro…) y junto a costas y ríos –para facilitar el transporte de las materias primas y de los productos finales–.

3.4 La industria ferroviaria

Durante el primer tercio del siglo XIX, un ingeniero inglés llamado George Stephenson construyó varias máquinas vaporizadas movidas sobre raíles. En 1814 construyó su primer prototipo, Blücher, una pequeña locomotora diseñada para transportar carbón dentro de una mina de Killingworth, Inglaterra. En 1825 se construyó la primera línea ferroviaria, que unía las ciudades de Stockton y Darlington, vías sobre las cuales circuló Locomotion, otro prototipo de Stephenson. En 1829 construyó junto a su hijo Robert una nueva locomotora bautizada como The Rocket, modelo sobre el cual se basó su siguiente automotor: Northumbrian (1830). Ese mismo año la locomotora Northumbrian inauguró la primera línea de pasajeros (Liverpool-Manchester).

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Una respuesta to “Tema 1 – El proceso de industrialización”

  1. homubuy.com

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