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Archive for 26 febrero 2012

Tema 3 – Historia de Grecia

Posted by Ignacio Cabello en 26 febrero, 2012


Los ciudadanos griegos no tenían conciencia de ser un pueblo, de ser helenos, ellos se consideraban ciudadanos de su Polis, no de Grecia. Sin embargo, las polis griegas mantuvieron una serie de conflictos con el Imperio Persa y el Reino de Macedonia, que hicieron que esa idea de Hélade, fermentase en la mente de los griegos. Gracias a estas guerras tuvieron que unirse en varias ocasiones, y finalmente con Alejandro Magno fueron unificadas.

1. — La rebelión de las colonias Jonias (500-494 A.C.)

Ciro II el Grande (557-530 A.C.) logró una gran expansión del Imperio Persa llegando por el oeste a la península de Anatolia. La conquistaron, y en el año 546 A.C. Ciro adquirió también el poder sobre las colonias griegas que había en la costa oeste de Asia Menor, zona denominada por los griegos Jonia. La mayoría de estas polis tenían instaurada la aristocracia o en algunos casos la democracia, ya no dependían de un rey, y al llegar Ciro ven un monarca que se interpone entre el pueblo y el poder de la polis.

Ciro II el Grande

El ambiente por lo tanto se tensó, y en el 500 A.C. Aristágoras de Mileto inició una rebelión contra el rey persa a la que se unieron otras colonias griegas. Aun así, el ejército persa consiguió sofocar estas revueltas, y Aristágoras se vio obligado a pedir ayuda militar a la Grecia Magna. Las dos polis que respondieron a esta llamada por parte de Mileto fueron Atenas y Eretria, las cuales enviaron hombres y suministros. Este dato es importante porque es la primera vez en la historia que dos polis griegas se unen y se ayudan para hacer frente a un enemigo común. Finalmente seis años más tarde de la rebelión de Aristágoras, Mileto fue destruida y sus habitantes deportados a Mesopotamia (Mileto fue posteriormente reconstruida por Hipodamo con el famoso plano ortogonal).

Darío I (522-486 A.C.), hijo de Ciro preparó la venganza contra Atenas y Eretria por haberse opuesto a su padre mandando ayuda a Mileto. Por su parte, en Atenas se prepararon también por si Persia tomaba represalias contra ellos. El magistrado estratega Milcíades creó un ejército de a pie, formado por hoplitas. Temístocles, un ayudante de Milcíades organizó una flota naval para responder a la persa. Ambos bandos se estaban preparando para la gran Primera Guerra Médica.

Darío I

Milcíades

2. — La Primera Guerra Médica (490 A.C.)

Mapa de las Guerras Médicas

Darío conquistó y destruyó la polis de Eretria, situada en la isla de Eubea. Tras saquear la ciudad las tropas persas se encaminaron hacia Atenas. Ayudados por el traidor Hipías decidieron el campo de batalla: la llanura de Maratón. Esta extensa explanada, ubicada a unos 42 kilómetros al noreste de Atenas, era perfecta para el gran ejército persa.

Milcíades contó con el apoyo militar de Tebas y Platea, en cambio, el ejército espartano no se unió a la causa. ¿Por qué Esparta no aportó hombres a la liga griega? La razón es que cuando Filípides acudió a pedirles ayuda, estos dijeron que la posición de la luna era un mal augurio y decidieron no luchar. En tanto, el ejército reunido por el caudillo ateniense constaba de unos 10.000 hombres, mientras que las tropas de Darío eran de cerca de 20.000.

Hoplita griego de la época de las guerras Médicas (c. 490-470 a. C.) preparándose para la batalla. A su lado aparecen dos escudos hoplitas, cóncavos para poder apoyarlos en el hombro izquierdo. Se aprecia en el interior cómo el escudo no se empuña sino que se embraza, caso único en la Antigüedad, con sus ventajas e inconvenientes… estos últimos apreciables sobre todo si hay que soltar el escudo con prisa para poder huir más ligero.

El polemarca ateniense preparó una estrategia que sorprendió a los persas. Dividió su ejército (azul) en tres, y estiró el central dejando más hombres para los flancos. El frente griego se abalanzó sobre los persas (rojo), creando confusión y rompiendo sus primeras líneas. Inmediatamente, los flancos griegos se abrieron para envolver al enemigo. Las últimas líneas persas, los arqueros inmortales retrocedieron, se embarcaron en las naves y huyeron. Según las crónicas de Heródoto, las bajas causadas fueron de 192 para los griegos y 6.400, números muy probablemente exagerados.

Batalla de Maratón, posiciones iniciales

Desarrollo de la batalla de Maratón en el 490 A.C.

Los griegos fueron a la batalla con la conciencia de ser muchos menos, y sin la seguridad de vencer, y los ciudadanos atenienses tenían la orden de quemar la ciudad si no recibían noticia de haber ganado. Tras obtener la victoria, los griegos enviaron a Filípides a Atenas para que avisase al pueblo de que habían ganado y de que no quemasen la ciudad. Llegó a la ciudad, transmitió el mensaje y murió exahusto.

Filípides, el hoplita ateniense que corrió el primer maratón de la historia

Milcíades estaba eufórico, y tras la batalla de Maratón organizó un ataque a los persas en las Islas Cícladas. Allí perdió, y a su regreso el pueblo decepcionado le condenó y le acusó por haber abusado de su poder. Finalmente murió en prisión. Por su parte, Temístocles siguió formando la gran flota de trirremes. En el año 481 A.C., Corinto, Esparta y Atenas formaron la primera liga militar griega.

Trirremes atenienses

3. — La Segunda Guerra Médica (480-479 A.C.)

Jerjes I sucedió a Darío en la corona persa, y con el objetivo de vengarse de Atenas por haber humillado a su padre formó un ejército de más 100.000 soldados y 600.000 navíos. Recorrió las costas del mar Egeo reclutando a más soldados. Parte de la expedición persa fue por tierra y parte por mar. Temístocles dirigió sus naves al encuentro con los persas. En el estrecho del Cabo Artemisio la flota griega sostuvo el avance persa por mar, pero lo que es el combate acabó en tablas, ningún bando ganó.

Jerjes I

Por su parte, los griegos organizaron sus tropas y se reunieron en la zona de Platea. Mientras el grueso del ejército se preparaba en Beocia, se decidió que una vanguardia de soldados debía sacrificarse por el resto de Grecia aguantando y parando la fuerza persa cuanto pudieran.

El rey espartano Leónidas se puso al mando de 300 de sus guerreros y otros 5000 (según Heródoto) para formar este grupo de héroes que desafiaron a los más de 100.000 medos. Sabían que Jerjes estaba obligado a marchar sus tropas a través del paso de las Termópilas, ubicado en la costa del Golfo Malíaco. El paso de las Térmopilas era un estrecho y escarpado desfiladero, de no más de 30 metros de ancho, y además la única manera conocida de penetrar en la Grecia Central. Léonidas dispuso a sus hombres de tal modo que no dejasen espacio para el avance bárbaro. Los griegos, aun siendo muy pocos tenían la moral muy alta. Este espíritu de valentía se puede apreciar en las crónicas de Heródoto hablando sobre el soldado espartano Dienekes:

«Y siendo así que todos aquellos lacedemonios y tespienses se portaron como héroes, es fama con todo que el más bravo fue el espartano Dienekes, de quien cuentan que como oyese decir a uno de los traquinios, antes de venir a las manos con los medos, que al disparar los bárbaros sus arcos cubrirían el sol con una espesa nube de saetas, tanta era su muchedumbre, diole por respuesta un chiste gracioso sin turbarse por ello; antes haciendo burla de la turba de los medos, díjole que no podía el amigo traquinio darle mejor nueva, pues cubriendo los medos el sol se podría pelear con ellos a la sombra sin que les molestase el calor. Este dicho agudo, y otros como éste, dícese que dejó a la posteridad en memoria suya el lacedemonio Dienekes.» Heródoto, Historias (libro 7, 226)

Leónidas en las Termópilas – Jacques-Louis David (1814)

Vista del desfiladero de las Termópilas. En la antigüedad, la costa no se hallaba en el emplazamiento actual, sino más cerca de la montaña, siendo el paso entre ambas mucho más angosto.

Así, en agosto del 480 A.C. sucedió la batalla. Jerjes subestimó a los griegos, y dio a Leónidas un par de días para rendirse. Leónidas no aceptó tal propuesta. Los soldados griegos se armaron de coraje y valor, y mantuvieron la posición dos días. Ni las flechas ni las lanzas de los Inmortales de Jerjes consiguieron romper las líneas espartanas. Los Inmortales constituían la élite del ejército persa, y eran llamados así porque cualquier baja entre sus filas era cubierta por un nuevo recluta.

Soldados Inmortales de Jerjes

Inmortal Persa, probablemente en traje de corte, reconstruido a partir de los relieves de Persépolis y los ladrillos vidriados de Susa. Los colores de las túnicas podían distinguir los diversos regimientos de 1.000 hombres. Herodoto menciona los regatones esferoidales, dorados o plateados, que también aparecen en los relieves. Bajo la túnica los «inmortales» llevaban una flexible coraza metálica de escamas. El arco era su arma principal, y la corta lanza no era comparable a la más larga y sólida de los hoplitas griegos en el combate.

En la tercera jornada de batalla sucedió algo decisivo: Efialtes, un pastor griego de la zona informó a Jerjes de que existía una ruta alternativa al paso de las Termópilas para sobrepasar a las falanges griegas, la senda Anopea. Los griegos, que sabían de la existencia de este sendero fueron precavidos y por si acaso colocaron 1.000 hoplitas focidios a defenderlo. No estaban preparados, nunca pensaron que los persas encontrarían ese camino, y no lograron resistir al azote de las tropas del persa Hidarnes.

Cuando Leónidas supo que los persas habían sobrepasado el contingente focidio, se dio cuenta de que seguir a la defensiva intentando resistir era inútil, que en ese momento en que los persas conocían el modo de atravesar las Termópilas lo que tenían que hacer no era aguantar el paso, cosa ya innecesaria, sino causar el mayor daño posible. La mayoría de griegos regresó, pero Leónidas se quedó con sus 300 espartanos a “matar persas”. Desde que Hidarnes cruzó la senda Anopea, el objetivo principal de la Batalla de las Termópilas (aguantar al enemigo) se hizo imposible, pero aun así los famosos 300 espartanos pudieron hostigar a los soldados persas, matando incluso a dos hermanos del mismísimo Jerjes. Estos héroes griegos fueron masacrados, cuando quedaban muy pocos griegos con vida, una flecha alcanzó al caudillo espartano, y mientras intentaban recuperar su cadáver, una última ráfaga de saetas acribilló a los últimos espartanos.

Últimos soldados espartanos luchando ferozmente

La última resistencia espartana en la loma tras el muro focense, al tercer día de la batalla. Espartiatas, tespieos e ilotas armados sucumben ante una lluvia de flechas. Se aprecia una variedad de corazas y escudos, que entre los hoplitas a menudo pasaban de padres a hijos. En esta época los espartanos todavía llevaban sobre los escudos blasones individuales, que serían sustituidos unas décadas después por la letra «lambda» de Lacedemonia (Λ).

Leónidas resistiendo hasta el final – Giuseppe Rava

La flecha que alcanzó a Leónidas – Johnny Shumate

Leónidas, el héroe de las Termópilas

Mapa de la batalla de las Termópilas

Jerjes estaba fuera de su asombro, no lograba entender como tan pocos griegos le habían plantado cara. Esto provocó en él un cierto respeto, temor hacia los espartanos.

Lo que sí se sabe acerca de Temístocles es que, al enterarse que Leónidas había sucumbido en las Termópilas abandono su posición en Artemisio. Su misión era también la de retardar el avance persa. Dejó su posición para dirigirse a Atenas.

Las tropas persas alcanzaron la zona central de Grecia, Beocia y el Ática. Temístocles, que se había apresurado a llegar ya estaba en Atenas dio la orden de evacuar la ciudad. Toda la población ateniense fue trasladada a la isla de Salamina, situada en el Golfo Sarónico, a unos 20 kilómetros de Atenas y a unos 10 de El Pireo. Una pequeña parte del ejército se quedó en la Acrópolis para intentar que no arrasasen con la zona más importante de la ciudad. Aun así fue un intento en vano, Jerjes aplastó a todos esos hoplitas. Jerjes saqueó la ciudad, pero no quedó satisfecho, devastó una ciudad sin habitantes a los que matar. Los persas querían más, querían vengarse de los atenienses en persona. Así, buscaron al pueblo griego y finalmente la flota persa dio con que estaban en Salamina. Temístocles aguardaba con 310 trirremes escondido tras un largo saliente de la isla. La flota persa era tan grande y estaba compuesta por navíos tan voluminosos que en espacios más reducidos era muy lenta maniobrando. Lo que hizo Temístocles fue atacarles por sorpresa cuando penetraron en el estrecho de Salamina. El bando griego ganó con diferencia, las embarcaciones persas no pudieron maniobrar bien y perdieron la batalla (480 A.C.)

Desarrollo de la Segunda Guerra Médica

Desarrollo de la Segunda Guerra Médica y las maniobras desde las Termópilas hasta Salamina

Batalla de Salamina

El grueso del ejército griego dirigido por el espartano Pausanias se encontraba en Platea desde hacían ya unos meses. Tras la batalla de Salamina y la victoria griega, los persas se encaminaron hacia Beocia, donde en el 479 A.C. tuvo lugar la batalla de Platea. De nuevo los medos fueron vencidos, y después de su derrota retrocedieron hacia Persia. Parte del ejército griego fue hostigándoles por la retaguardia para asegurarse de que se marchaban del todo, y por último Pausanias atacó la ciudad de Mícala (479 A.C.) para cerciorarse de que los persas no volviesen a pisar la Hélade.

Batalla de Platea – A. Yezhov

La victoria griega en esta Segunda Guerra Médica fue decisiva para la historia de Grecia e incluso para la nuestra, pues en primera instancia supuso la supervivencia de la democracia y de toda la cultura clásica. Tras estas guerras, hubo un enorme crecimiento cultural y económico en las polis griegas, ya que al haber puesto fin a las intenciones persas de conquistar Grecia, no tenían una amenaza de guerra y podían centrarse en otros asuntos como hizo Pericles en Atenas reconstruyendo y embelleciendo la ciudad o creando la Muralla Larga. Por último, el conflicto greco-persa había obligado a las polis griegas a unirse para ser más fuertes, y tras estas victorias, germinó en la mente de los griegos la conciencia de pertenecer a una misma cosa, a la Hélade.

Victoria de un soldado griego sobre uno persa

4. — La Pentecontaetia (479 – 432 A.C.)

Tras las victorias en la Segunda Guerra Médica, las polis griegas se sumergieron en un periodo de paz (479 – 432 A.C.) denominado Pentecontaetia o Pentecontecia («etapa de cincuenta años» en griego). La polis hegemónica durante esta paz fue Atenas, que estuvo gobernada por Pericles, por lo que también se conoce como el Siglo de Pericles.

En 478 A.C., tras la batalla de Mícala, Pausanias logró recuperar las colonias jonias. Para conservar el dominio sobre estas, y para protegerlas de Persia, crearon una liga militar marítima liderada por Atenas, la Liga de Delos. En esta participaron la mayoría de polis, pero sin embargo Esparta no participó en esta alianza porque no quería depender de Atenas. Así, Atenas fue ganando poder y Esparta se quedó en un segundo plano. Esparta vio que esto no podía ocurrir, y decidió crear su propia liga militar terrestre, en la que participaron las polis del Peloponeso, de Beocia y también Corinto, que anteriormente había sido aliada de Atenas.

Atenas pidió la colaboración económica de las polis participantes de la Liga de Delos, y cada una de estas ciudades donó 460 talentos, cantidad fijada por el arconte Arístides. Este dinero formó el Tesoro de Delos, custodiado en el templo de Apolo en la isla de Delos. Como consecuencia, aparte de ser la mayor potencia militar, Atenas desarrolló enormemente su economía, consiguió la hegemonía económica de Grecia.

Mapa de Grecia en vísperas de las Guerras del Peloponeso

Vista general de la Isla de Delos

El Teatro de Delos: Construido hacia el año 300 A.C. para acomodar a cerca de 5,500 espectadores, este teatro de mármol reemplazó a un anterior teatro de madera situado en un anfiteatro natural. Las partes superior (epitheatron) e inferior del teatro, que están separadas por el diazoma, no son concéntricas. La primera fila de gradas, que estaba reservada a los privilegiados, va seguida de veintiséis escalones en la parte baja y otros diecisiete más en el epitheatron En frente de la orquesta redonda, se ven los restos del escenario (skene). En el lado oeste, una enorme cisterna abovedada recogía el agua que se filtraba por el teatro y proveía con ella a la ciudad.

Lo primero que hizo el gobierno ateniense fue reconstruir la muralla de la polis, pero Esparta se mostró contraria a esta decisión porque una vez más se dio cuenta de que Atenas estaba ganando mucho poder, y creció la enemistad entre ambas polis. Además, el polemarca ateniense Cimón lideró la Liga de Delos en unas campañas contra los persas en Asia Menor, derrotando a sus tropas en batallas como la del río Eurimedonte en el 467 A.C.

Así en el año 461 A.C. comenzó el gobierno de Pericles en Atenas, un arconte que se convirtió en el único gobernador de la polis. Reunió prácticamente todo el poder, pero no fue un tirano absolutista, sino durante su arcontado el pueblo vio que era el gobernador ideal y necesitado por la polis, el pueblo le quiso tanto que decidieron delegar todo el poder sobre él.

Pericles

Pericles impulsó la construcción de la Muralla Larga, que conectaba la ciudad con el puerto de El Pireo. Así, Atenas se convirtió en la fortaleza más grande e imponente de toda Grecia, cosa que incrementó aún más las hostilidades entre Esparta y Atenas.

La Muralla Larga de Pericles. que conectaba y protegía Atenas y El Pireo

La Muralla Larga de Pericles

Lo próximo que mandó hacer Pericles fue la reconstrucción de la Acrópolis. El tesoro de la Liga de Delos ya se había trasladado a Atenas, y en la reconstrucción del Partenón, Atenas fue acusada de utilizar parte del dinero para financiar las obras. La reconstrucción del Partenón fue encargada a los arquitectos Ictinos y Calícrates. Pericles también mandó decorar la Acrópolis con grabados y estatuas de Atenea al escultor Fidias, quien empleó la técnica de la crisoelefantina. Una vez más, el odio y la envidia de Esparta hacia la polis ateniense crecieron bastante.

La Acrópolis de Atenas

La Acrópolis de Atenas vista desde el Teatro dedicado a Dionisos

El Partenón de Ictinos, Calícrates (arquitectos) y Fidias (escultor)

Así, tras fortificar El Pireo, y tras convertirse en la polis más importante, Atenas junto con sus aliados consiguió el monopolio del mar Egeo bloqueando a Corinto. Este bloqueo comercial a Corinto hizo que Esparta declarase la guerra a Atenas.

5. — Las Guerras del Peloponeso (431 – 404 A.C.)

Desarrollo de las Guerras del Peloponeso

GUERRA DE ARQUÍDAMO (431 – 421 A.C.)

Arquídamo II, uno de los dos diarcas de Esparta comenzó a atacar el Ática, invadiéndola en cuatro ocasiones. Por su parte, Pericles envió poderosas flotas a hostigar a sus enemigos en las costas de la Península del Peloponeso, siempre evitó un enfrentamiento por tierra con los espartanos.

Pericles, en intento de defender a los ciudadanos de la zona, decidió evacuar a los pobladores del Ática y refugiarles dentro de la Muralla Larga. Fue tanto el tiempo que miles de personas estuvieron entre los muros de Pericles, que la higiene empeoró y en el 429 A.C. se declaró una gran epidemia de peste. A causa de estas enfermedades murió un tercio de la población ateniense, y entre ellos Pericles, que fue sucedido por Cleón. Cleón mantuvo una política ofensiva y agresiva, pero tras numerosas batallas contra Esparta y sus aliados murió en la Batalla de Anfípolis (422 A.C.).

LA PAZ DE NICÍAS (421 – 413 A.C.)

En la Batalla de Anfípolis murieron los caudillos de ambas polis: Cleón y Brásidas. Tras esta batalla, ambos bandos estaban agotados y listos para un armisticio. Las negociaciones fueron iniciadas por Nicías, un arconte ateniense del partido pacifista y por el rey espartano Plistoanacte, y en el 421 A.C. firmaron la Paz de Nicías, una supuesta tregua de cincuenta años, pero que solamente duró seis años y diez meses.

Durante estos seis años, mientras que Esparta se contuvo de entrar en acción, algunas polis peloponésicas lideradas por la ciudad de Argos comenzaron a hablar de revolución. Así, Argos consiguió formar una coalición con otros Estados del Peloponeso, y ayudados por soldados atenienses y dirigidos por Alcibíades lanzaron un ataque contra Esparta en la Batalla de Matinea en el año 418 A.C.

Alcibíades

Para el fin de esta tregua fue decisiva la expedición ateniense contra aliados de Esparta en Siracusa, en la Magna Graecia. Allí, en el 413 A.C. perdieron, y murieron todos incluido Nicías.

GRANDES CAMBIOS (413 – 404 A.C.)

Este quebramiento de la Paz de Nicías provocó el estallido de una segunda guerra. La balanza de guerra se decantó por el bando espartano cuando en el 412 A.C. Esparta se alió con Persia. Evidentemente, durante esta última etapa de conflicto, Esparta fue superior a Atenas y obtuvo la victoria definitiva.

Esta guerra civil y la final victoria de Esparta ayudada por Persia acarrearon importantes consecuencias. En primer lugar, Esparte llevó a cabo un par de decisiones: ordenó destruir la Muralla Larga que unía Atenas con el Pireo y mandó disolver la Liga de Delos. En segundo lugar, a través del acuerdo con Persia, Esparta entregó las colonias griegas de Jonia al emperador Darío II. En tercer lugar, la guerra provocó un gran desgaste en ambos bandos e hizo que Esparta se convirtiese en la polis hegemónica de Grecia. Por último, los grandes principios griegos comenzaron a cuestionarse, la mentalidad unitaria conseguida anteriormente entró en crisis, y en el arte comenzaron a ironizar las ideas clásicas griegas y a reflejar la angustia y la escisión del momento.

En el 404 A.C. impusieron en Atenas un gobierno de 30 tiranos, pero este sistema sólo duró unos meses, en el 403 A.C. se restauró la Democracia.

Esparta se hizo con la supremacía sobre el resto de polis de la Hélade por muchos años hasta que en el 371 A.C. fue derrotada a manos Tebas, que atacó aprovechando su debilidad.

6. — Filipo II de Macedonia y Alejandro Magno

Al norte de Grecia existía una región bárbara de habla dialecto, un territorio llamado Macedonia. Su rey era Filipo II, un monarca que estando tres años preso en Tebas se enamoró de Grecia y de su cultura. Filipo quería transmitir a su hijo el amor por Grecia, por lo que el pequeño Alejandro fue educado por el mismísimo Aristóteles, para que fuese formado de una manera griega, para que creciese griego.

Filipo II de Macedonia

Durante su reinado se percató del caos y la disensión que existía en Grecia, y como rey su sueño fue siempre unificar todas polis griegas y proclamarse soberano de ellas mismas. Habló con personajes importantes de diferentes polis con el objeto de que estas se uniesen para hacer frente a Persia, pero prácticamente siempre recibió respuestas negativas, por lo que finalmente decidió conquistar Grecia y reunir bajo su trono a las numerosas y escindidas polis griegas. Se lanzó a la conquista, y logró imponerse a sus diferentes enemigos gracias a la organización de su ejército, en el que se combinaban una importante caballería y un grueso grupo de infantería repartido en falanges.

Falanges del Ejército Macedónico – A. Averyanov

Falange Macedónica de Filipo II, formación tomada de los ejércitos Tebanos – Johnny Shumate

Triunfó en todas sus campañas por los Balcanes: la primera le enfrentó con los peonios y los ilirios (358-357 A.C.); luego cayeron Anfípolis y Calcidia (357 A.C.); posteriormente acabó con el poder de Atenas y de la segunda Liga de Delos en la Guerra de los Confederados (357-355 A.C.); más tarde, en la segunda Guerra Sagrada (356-346 A.C.) se alió con Atenas y Esparta, derrotó a los focios de Tebas y conquistó Tesalia expandiendo sus dominios hacia el corazón de Grecia. En el 346 A.C. firmó la Paz de Filócrates con Atenas, y pactó mantener el status quo, por lo que dirigió sus fuerzas hacia el Este, conquistando la Tracia (343-342 A.C.).

En aquel momento, eral tal el poderío alcanzado por Macedonia que apareció en Atenas un partido liderado por Isócrates que proponía la unificación de Grecia bajo el cetro de Filipo para hacer frente a Persia; pero a Isócrates se oponía el partido belicista de Demóstenes, quien proponía unirse contra el poder de Filipo. Finalmente, la idea de Demóstenes se impuso al resto, dando lugar a la Liga Helénica en el 340 A.C. para impedir a Filipo la toma de Bizancio. La tercera Guerra Sagrada (339-338 A.C.) condujo a una nueva victoria de Filipo tras la batalla de Queronea (338 A.C.).

Filipo II en la batalla de Queronea – Johnny Shumate

El triunfo macedónico en la batalla de Queronea permitió la creación de la Liga de Corinto en el 337 A.C., en la que bajo el liderazgo de Filipo se agruparon la mayoría de las polis griegas con el propósito de atacar al Imperio Persa y de liberar las colonias griegas de Asia Menor.

Filipo murió asesinado en la boda de su hija (336 A.C.) sin haber visto su sueño hecho realidad, pues la Liga de Corinto todavía se estaba preparando para lanzarse a la conquista de Jonia. Su hijo Alejandro asumió el poder a la edad de veinte años y se propuso realizar el sueño de su padre.

Alejandro Magno, mosaico de la Batalla de Issos

Alejandro Magno a lomos de su caballo Bucéfalo

Alejandro dedicó los primeros años de su reinado a imponerse sobre los pueblos sometidos a Macedonia, que aprovechando la muerte del rey Filipo se habían rebelado. Enseguida, en el 334 A.C. lanzó su pequeño ejército (compuesto por unos 42.000 soldados) contra el poderoso y extenso Imperio persa, continuando así la empresa que su padre había dejado incompleta.

Alejandro recorrió victorioso el Asia Menor (Gránico, 334 A.C.), Siria (Issos, 333 A.C.), Fenicia (asedio de Tiro, 332 A.C.), Egipto y Mesopotamia (Gaugamela, 331 A.C.), hasta tomar las capitales persas de Susa (331 A.C.) y Persépolis (330 A.C.). El emperador persa Darío III fue clara y ampliamente vencido por Alejandro Magno. Tras la derrota de Gaugamela, Darío escapó y huyó hasta que uno de sus sátrapas (Bessos) le asesinó para evitar que se rindiera ante Alejandro. Según se cuenta, Alejandro, que siempre había tratado bien a sus enemigos y a sus rehenes, al ver el yacente cadáver de Darío, lloró y lo cubrió con su manto, diciendo: “No era esto lo que yo pretendía”.

Alejandro Magno en la Batalla de Gránico – Palacios

«… Alejandro divisó a Mitrídates, yerno de Darío, que se había adelantado cabalgando lejos de los demás al frente de un grupo de jinetes en formación de cuña. El propio Alejandro se adelantó a la cabeza de los suyos, y golpeando con su lanza a Mitrídates en la cara dio con él a tierra (1). En esto, el persa Resaces (2) se lanzó contra Alejandro y le golpeó en la cabeza con su curvo alfanje, partiendo el casco, que pudo sin embargo retener el golpe (3). Lanzose Alejandro (4) contra él y le hincó su lanza en el pecho después de atravesarle la coraza. Ya había alzado por detrás su alfanje Espitríates (5) contra Alejandro cuando Clito, hijo de Rópides (6), anticipándosele le rompió alfanje y hombros a Espitrídates». Así narra Arriano (Anábasis de Alejandro, 1, 15, 7-8) el cruce del Gránico por Alejandro. Plutarco recoge el mismo episodio en su Vida de Alejandro, aunque con diferencias de detalle.

Batalla de Issos, mosaico perteneciente a la Casa del Fauno, en Pompeya

Batalla de Issos, mosaico perteneciente a la Casa del Fauno, en Pompeya

Tiro sitiada y capturada por Alejandro

La Batalla de Gaugamela – (Museo Arqueológico Nacional de España) Relieve labrado en marfil en el siglo XVIII por un autor anónimo. Representa el combate librado en 331 a.C. entre Alejandro Magno y Darío III de Persia, y está inspirado en una pintura de Charles Le Brun (1619-1690) sobre el mismo tema.

Batalla de Gaugamela

Detalle del Relieve de la Batalla de Gaugamela – Alejandro Magno a lomos de Bucéfalo

Detalle del Relieve de la Batalla de Gaugamela – Huida de Darío III

Detalle del Relieve de la Batalla de Gaugamela – Águila que sobrevoló la cabeza de Alejandro hacia al ejército persa, hecho que fue interpretado por los macedonios como un presagio de victoria

Batalla de Gaugamela – Charles Le Brun

Una vez conquistadas Susa y Persépolis, Alejandro se proclamó emperador ocupando el puesto de los Aqueménidas. Encaminó sus tropas hacia el este, lanzando nuevas campañas de conquista: derrotó y dio muerte a Bessos y sometió Partia, Aria, Drangiana, Aracosia, Bactriana y Sogdiana.

Ya adueñado de Asia central y del actual Afganistán, se lanzó a conquistar la India en el 327 A.C.), con un proyecto en mente de dominar todo el mundo conocido. Pero el sueño de Alejandro no pudo llevarse a cabo debido al amotinamiento de sus tropas, que agotadas por tan larga sucesión de conquistas y batallas se negaron a proseguir con las conquistas hacia el este, hacia un mundo desconocido, extraño. Llevaban ya ocho años de campañas, ya estaban cansados de conquistar y conquistar, querían pararse para poder disfrutar de lo obtenido en sus victorias.

Tropas de Alejandro Magno luchando en la India – Tom Lovell

Alejandro Magno rechaza un casco lleno de agua en medio del desierto. Con ello no está sino legitimando, mediante el ejemplo, su preeminente posición de dirigente – Tom Lovell.

Conquistas de Alejandro III de Macedonia

Conquistas de Alejandro III de Macedonia

Con la conquista del Imperio Persa, Alejandro descubrió el grado de civilización de los orientales, a los que antes había tenido por bárbaros. Concibió entonces la idea de unificar a los griegos con los persas en un único imperio en el que convivieran bajo una cultura llamada Koiné. Para ello organizó en Susa la «Boda de Oriente con Occidente» (matrimonio simultáneo de miles de macedonios con mujeres persas) y él mismo se casó con la hija de Darío III, Roxana de Bactriana, Estateira y Parysatis

Alejandro Magno y Roxana – Pietro Rotari (1756)

Sin embargo, Alejandro no pudo llevar a cabo su deseo de forjar un único imperio, porque a sus treinta y tres años, en el 323 A.C. falleció -según algunos, Alejandro fue víctima de la malaria, pero hay otros que dicen que fue envenenado-. Su muerte generó un problema de sucesión, y sus generales, conocidos como diádocos, protagonizaron una serie de guerras por el poder y el control del Imperio que Alejandro había dejado. Pero antes de todo, lo que hicieron fue asesinar a la familia del difunto Alejandro: a su madre, a su mujer y a su pequeño hijo. Inicialmente, cerca de nueve diádocos competieron por el control de diferentes partes del Imperio en las llamadas Guerras de los Diádocos. En el año 310 A.C., después de más de 10 años de luchas, sólo quedaron cinco, que se repartieron el vasto Imperio: Casandro en Macedonia, Lisímaco en Tracia, Antígono I Monóftalmos en el Cercano Oriente, Anatolia y partes del sur de Grecia, Seleuco I Nicátor en Mesopotamia y Persia, y Ptolomeo I Sóter en Egipto.

Moneda con el rostro de Casandro de Macedonia

Lisímaco (360 a.C-281 a.C), sucesor de Alejandro en Tracia y Asia Menor – Johnny Shumate

Moneda de Antígono I Monóftalmos

Seleuco I Nicátor, diádoco de Alejandro Magno y fundador del Imperio Seleúcida

Busto de Ptolomeo I Sóter, rey de Egipto (305 – 282 a.C. ), y el fundador de la Dinastía Ptolemaica

Reinos diadocos hacia el año 310 A.C.

Los conflictos entre ellos continuaron, Antígono y su hijo Demetrio invadieron los territorios de Lisímaco y Casandro y tomaron el control de la parte europea del Imperio, pero fueron derrotados en Anatolia por Seleuco y expulsados de Asia. Hacia el año 270 A.C., sólo quedaban tres dinastías sucesoras de Alejandro: la dinastía Antigónida en los Balcanes; la dinastía Seléucida en Asia, y los Ptolomeos en Egipto.

Reinos diadocos hacia el año 270 A.C.

Aunque ninguno de los diádocos ni sus sucesores los epígonos fueron capaces de uinficar y restaurar el Imperio de Alejandro, la cultura helenística floreció y se desarrolló en gran medida. Los diádocos promovieron la interacción de los griegos con los pueblos locales de cada reino dando lugar a una fusión de la cultura oriental con la occidental. Muchos griegos se establecieron en el Cercano Oriente y Egipto, y el griego se convirtió en la lingua franca del Mediterráneo oriental. La ciudad de Alejandría en Egipto, con su majestuosa Biblioteca, se convirtió en el centro mundial del aprendizaje, de la cultura y de la sabiduría. Este período de expansión de la cultura griega es lo que se conoce como Era Helenística.

En el siglo II A.C., los nuevos imperios de Roma en Occidente, y los partos en oriente comenzaron a inmiscuirse en el mundo helenístico. Los reinos diádocos no se unieron contra estas amenazas, y uno a uno fueron cayendo. Los romanos conquistaron primero Macedonia y Grecia (214 – 146 A.C.), después tomaron lo que quedaba del Reino Seléucida, y por último, se hicieron con Egipto en el año 30 A.C. después de la guerra que mantuvo Octavio contra Antonio y Cleopatra, últimos reyes Ptolemaicos.

Reinos diadocos hacia el año 130 A.C.

Ya vemos que el imperio de Alejandro se fragmentó en cuatro nuevos reinos, el sueño del emperador macedonio se vio dañado por esta división. Además, su intento de imponer la cultura helenística, este intento de crear una unidad cultural basada en la griega, no triunfó. En seguida cada reino desarrolló su propia cultura, muy levemente influida por la cultura helenística.

Con la muerte de Alejandro (323 A.C.) comenzó el Periodo Helenístico, un periodo en el que la mentalidad helena decayó suponiendo una etapa de declive de la civilización griega. Según algunos historiadores esta etapa finalizó con la destrucción de Corinto a manos de los romanos y por tanto la anexión de todo Grecia a la República de en el 148 A.C. Sin embargo, otros consideran que acabó en el año 30 A.C. cuando Octavio conquistó Alejandría y e incorporó a las tierras de Roma el último reino helenístico que conservaba rasgos de la cultura griega, el de los Ptolomeos.

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